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Esa primera película que les mandó a hacerse el amor (a sí mismos).

Avatar de eluyeni Iniciado por eluyeni
Sí, amig@s. Lo que han leído. Es una pregunta dura. Es una pregunta húmeda. Es una pregunta muy indiscreta, aunque como dijo no sé exactamente quién, quizá lo sea la respuesta, y no la pregunta. Pero ya que en su día me interesé por otras emanaciones corporales suyas menos aceptadas socialmente quizás, aunque también gratificantes, ¿por qué no por seguir tirando del hilo? Porque el cine es magia, el cine es bonito, el cine es guay. Y el cine causa sensaciones diversas. Y cuando a tempranas edades la tormenta endocrina se desata en nuestro cuerpo, uno descubre que, gracias a las benditas imágenes del séptimo arte, todo es posible. Corría (ejem) el año 86, y el visionado furtivo (lo que viene siendo espanzurrado como una salamandra, fisgando entre las rendijas de las puertas mal cerradas del salón) de aquella película con la que lacónicamente me espetaron: "A la cama, esto no lo puedes ver". Claro, el placer de lo prohibido. Demasiado tentador. Esas imágenes que se te clavan en la retina, con los globos oculares pugnando por salir de las cuencas. Un nuevo mundo se me descubría, y no era precisamente el de Terrence Malick. Y el árbol de la vida era más bien un ciruelo. Había películas que facilitaban ciertas tareas. Concretamente las del solo de flauta dulce. De la sonata de zambomba peluda. Pero yo no lo sabía a ciencia cierta hasta entonces, claro. Me lo habían contado. Concretamente mi amiguito Marcos (un saludo donde quiera que estés), que procedió de modo similar, cuando ese maravilloso VHS fue alquilado unos días antes por su familia. Pero no era lo mismo. Porque ahora ahí estaba yo, y no él. Como un gatete que se queda petrificado ante el tintineo de un cascabel. Mirando fijamente, sigiloso. Pero no soy tan silencioso ni taimado como el pequeño felino. Ese inoportuno ruido provocado probablemente por mis tripas. Ese oír levantarse de sus asientos, alertados, a esos privilegiados espectadores (mis progenitores) que me privaban de una cómoda visión de tales placeres. Ese salir zumbando y encerrarme en el excusado. Parece que no he sido descubierto in fraganti, pero he escuchado como las puertas de vidrio esmerilado del salón (ahora sí) se han cerrado a cal y canto. Se acabó el chou clandestino. Aunque ya es tarde, demasiado tarde... La película debió acabar, pero yo sigo ahí, atrincherado en el cuarto de baño, completamente ajeno, impactado (e impactándome a mi mismo). No soy consciente de que alguien se ha plantado en la misma puerta. Y ahora me sobresalta, aporreándola cual oficial de la Gestapo a medianoche en la morada de la familia Schmidt. - Hijo, ¿te pasa algo? Llevas media hora en el baño. ¿Te has caído por el water? ¿Llamamos a los bomberos? - Errhhh (cagontó, encima cachondeo),,, No, no, ahora salgo. Es que... me estoy lavando los dientes. Por cierto, la película era (como no) una de Pajares. Concretamente 'Brujas Mágicas'. Jamás olvidaré ese parrús de Adriana Vega. Gracias eternas, maestro Ozores. En el cielo tendrás tu propio principado, sin duda. Y si no, te lo mereces. Supongo que muchos de ustedes tendrán historias similares. Incluso probablemente con alguno de esos films de los que no se comentan en el blog. Ahora pueden confesarse, si quieren. Y si no, pues que más da. Ea. Que me quiten lo tocao. Salu2 ;)

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