Las novelas de John Grisham en el cine.
!- Categoría: Películas de suspense
Y me voy a centrar (dentro de lo posible) en lo que reza la pregunta: los libros del escritor que se han adaptado al cine. Pues resulta que este abogado baptista metido a “bestsellerista” profesional (el escritor más vendido de la historia en USA), también ha hecho guiones para la tele, ha estado en la producción de sus propios productos (para la gran o pequeña pantalla). Y también pegó sus tiritos en el mundo de la política, desde el bando demócrata.
Luego si no me confunden malignos hados, tenemos finalmente el ramillete que sigue:
‘The Firm’ (‘La Tapadera’) (1993), de Sidney Pollack. Basado en su obra homónima. Y desde este año hay una serie televisiva de la Sony que continua las andanzas del abogado.
‘The Pelican Brief’ (‘El Informe Pelícano’) (1993), de Alan J. Pakula. El libro (el primero de la historia en USA en vender 2 millones de ejemplares) pues también se llama igual.
‘The Client’ (‘El cliente’) (1994), de Joel Schumacher. Sobre el libro del mismo nombre. Atención porque me he enterado ahora de que también se hizo una serie con 20 episodios para la tele.
‘A Time to Kill’ (‘Tiempo de matar’) (1996), de Joel Schumacher. Curiosamente, tardó más tiempo (probablemente por el tema) en llegar la adaptación de este su primer libro, ‘A time to kill’, que escribio en plan hobby inspirado en sus vivencias profesionales como abogado en Mississipi.
‘The Chamber’ (‘Cámara sellada’) (1996), de James Foley. La novela se entitula igual, y está editada como ‘Cámara de gas’ en cristiano.
‘The Rainmaker’ (‘Legítima defensa’) (1997), de Francis Ford Coppola. El libro se llama igual. Al parecer, al escritor es la adaptación que más le ha gustado de todas, pese a los numerosos cambios que hizo Coppola.
‘The Gingerbread Man’ (‘Conflicto de intereses’) (1998), de Robert Altman. Resulta que este manuscrito desechado por el escritor, acabó como material para el cine. Altman (que se las trajo tiesas también con la productora, el metraje y otras cosas) hizo los cambios que quiso en el guión, que no gustaron al escritor en absoluto. Finalmente el guionista que aparece acreditado es Al Hayes, un pseudónimo.
‘Runaway Jury’ (‘El jurado’) (2003), de Gary Fleder. Basada en ‘The Runaway Jury’ (en español, ‘El jurado’).
‘Christmas with the Kranks’ (‘Una navidad de locos’) (2004), de Joe Roth. El libro en que se basa se llama ‘Skipping Christmas’, y para la liarlo más en España se publicó titulado como ‘Una Navidad diferente’. Y por lo que se ve, sale actuando en un papelito, como un tal ‘Mickey’ (en ascuas me tiene este título, por todo un poco).
Los 90 sin duda fueron suyos: hasta 7 producciones adaptando sus novelas, y digamos que de las importantes (por medios y equipo). La mayoría de los films, exitosos también en taquilla. Con el nuevo milenio, ha bajado el caudal de “películas Grisham”. Probablemente, porque el escritor ha variado la temática habitual de sus libros (el mundo del Derecho), pues no ha frenado su ritmo productivo en absoluto (casi a libro por año). O quizá es que no sean tan buenos. Yo no he leído nada suyo, así que no me puedo pronunciar. Y como siempre, se agradecerá si alguien gusta de comentar algo sobre los libros: recomendaciones, indicaciones de consumo, si son tan cinematográficos como se dice, si les han gustado más o menos que los films, si ha habido fidelidad a las historias del papel, si piensan que simplemente ha sido uno de tantos escritores “de moda” para Hollywood durante unos años, etc. Y a ver si entre todos logramos decantar la “esencia “grishamiana” de tamaño éxito.
Unos pocos ya sabrán cómo va esto, y al resto les prevengo de la amenaza sobre mis planes futuros por estos parajes: iré dando extenso (sí, extensisisíiiiiimo) testimonio de mis impresiones sobre esta nueva cosa, con el pedantic mode que le dicen algunos en velocidad de crucero. Siempre con el afán del marinero loco, con la verdad en el horizonte como guía (y bueno, porque me sale de los eggs un poco también). Como son varias películas (he tirado de dedos, y me salen 10), me tomaré mi tiempo. Pero albergo la sana esperanza de tener cerrado el negociado para finales de este mes.
Pese a lo anterior, espero que aquí me participen más seres humanos, leguleyos incluidos (y especialmente bienvenidos: dicen que todas estas cintas giran cada una en torno a “parcelas” muy concretas del Derecho). Porque creo que son películas de las que ha visto casi todo el mundo, e incluso algunas varias veces. Yo mismo algunos los tengo más que “calados”: que si una vez en el cine, otra alquilada, una tercera con un@ que no la había visto, otra de aquella vez que la daban por la tele y la cacé un rato, etc. Pero otros no tanto, y probablemente les venga bien revisión. E incluso tengo por ahí algo ignoto, así que espero que este nuevo “cineclub pajillero” del chache me sea (egoísta de mierda) medianamente provechoso. Y como siempre, procuro partir de cero, con la mirada ilusionada de un niño que destroza el envoltorio de un regalo (mentira; y además, cursi).
Salu2 ;)
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‘The Firm’ (‘La Tapadera’) (1993), de Sidney Pollack. Basado en su obra homónima. Y desde este año hay una serie televisiva de la Sony que continua las andanzas del abogado.
‘The Pelican Brief’ (‘El Informe Pelícano’) (1993), de Alan J. Pakula. El libro (el primero de la historia en USA en vender 2 millones de ejemplares) pues también se llama igual.
‘The Client’ (‘El cliente’) (1994), de Joel Schumacher. Sobre el libro del mismo nombre. Atención porque me he enterado ahora de que también se hizo una serie con 20 episodios para la tele.
‘A Time to Kill’ (‘Tiempo de matar’) (1996), de Joel Schumacher. Curiosamente, tardó más tiempo (probablemente por el tema) en llegar la adaptación de este su primer libro, ‘A time to kill’, que escribio en plan hobby inspirado en sus vivencias profesionales como abogado en Mississipi.
Justamente estas cuatro que mencionas son las que he visto, quizá las cuatro más reconocidas que se han llevado a la pantalla.
‘La Tapadera’: Para lo que dura es entretenimiento puro y duro. Creo que nunca he sentido tanto la muerte de un director como la de Pollack.
‘El Informe Pelícano’: Quizá la que más pesada se me haga a ratos, pero que también es muy destacable dentro de su género.
‘El Cliente’: Porque sí, porque Schumacher tuvo tiempos mejores y aquí lo demuestra. Aunque aquí ya tira un poco del drama, me parece también muy entretenida.
‘Tiempo de matar’: Me reitero con lo de Schumacher. Aunque tenga sus partes del tan trillado thriller convencional, es un drama moral de alto standing. Alguna lagrimilla solté, lo confieso. Muy recomendable.
Un saludo.
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Yo creo que esas cuatro que dice son las que ha visto casi todo el mundo. Y ninguna de ellas me parece mala. Pero ya digo que me libero de prejuicios, y soltaré mi chapa a su debido momento, visionado mediante.
Salu2 ;)
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Me he leído un par de libros de este hombre (ni recuerdo ya cuáles eran) y me parecieron un coñazo tremendo.
Respecto a las películas, las he visto todas salvo ‘Conflicto de intereses’, ‘Cámara sellada’, ‘La granja’ y ‘Una navidad de locos’ (las dos primeras de las citadas me suena haber visto algún trozo por la tele).
La que más me gusta es ‘Legítima defensa’, una estupenda y entretenidísima película en la que Coppola se cree de verdad lo que está contando. La más infravalorada del italoamericano.
‘La tapadera’ me parece horrible, un claro caso de dispendio descomunal de todo un repartazo y la prueba clara de que ya no quedaba nada del Pollack de ‘Yakuza’ o ‘Los tres días del condor’. Ni siquiera me gusta la BSO de Grusin.
‘El cliente’, ‘Tiempo de matar’, ‘El informe pelícano’ y ‘El jurado’ no están mal, se dejan ver, aunque tampoco son gran cosa.
Saludos.
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Sobre los libros, algo he oído a alguien más, y no me extrañaría tampoco demasiado lo que dice usted de que sean aburridos. El caso es que al tío le he visto en una entrevista reconocer a las claras que es un escritor “aficionado”, y que él no pretende hacer literatura trascendente, sino simplemente lo que hace: bestsellers entretenidos. No sé si las ventas tendrán algo que ver o no, porque casos de churros literarios y aburridísimos que se venden solos, ya sabemos que abundan siempre.
A mí me quedan un par de ver nada más. Yo difiero bastante de su mala opinión sobre ‘La tapadera’, pero vamos a ver esta vez (que no sé si será la cuarta o quinta) cómo me cae en el cuerpo. Voy a intentar seguir una férrea disciplina cronológica, así que en esta semana le plantificaré por aquí mi veredicto final.
Salu2 ;)
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Siempre la he visto doblada, y fue una de esas películas que estuvo afectada por la huelga de dobladores del 93 (como ‘El fugitivo’, ‘Parque Jurásico’ y ‘Máximo Riesgo’). No sé si eso tendrá algo que ver pero me el recuerdo que tengo es el de una película muy floja. Y los ritmos jazzísticos de Dave Grusin no me van nada, la verdad.
Estaré pendiente de sus veredictos, como siempre.
Saludos.
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Bob, si tienes ocasión, la próxima vez que revises ‘The firm’, hazlo en v.o.s., la chapuza que hicieron en el doblaje se deja notar claramente. Eso sí, no esperes milagros, jeje.
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Nunca he leído a Grisham. Sus libros siempre me han tenido pinta de ser densos, y además que de este autor si puedes decir aquello de ¨mejor me espero a que saquen la peli¨ xD.
Las películas las he visto casi todas gracias a que entre la 1 y Tele 5 se encargaban hace tiempo de pasarlas una vez al año casi. Pero no he vuelto a ver recientemente ninguna de ellas.
La tapadera apenas la recuerdo, de pequeño cuando la pillaba nunca sabía si era esa o Algunos hombres buenos. Tenía que esperar a que aparecieran Hackman o Nicholson xD.
De El informe Pelicano tampoco tengo mucho recuerdo. Creo que se recuerda más por el contrato que estableció Washington de que no rodaría escenas tórridas con actrices blancas, y que fue bastante pólemico.
El cliente la vi varias veces, la pasaban mucho, y quizás sea la que más me gustó de sus adaptaciones al cine. Enorme Sarandon, y también el chaval, Renfro, que iba para estrella, había hecho Sleepers también por la época, y murió hace un par de años. Recuerdo especialmente la escena del gordo en el coche.
Tiempo de matar es entretenida también. Bastante bien McConaughey. Pero es increíble que se vaya a fijar en Sandra Bullock estando casado con Ashley Judd, creo recordar.
Cámara sellada nunca me gustó, demasiado coñazo, y Hackman muy pasado, aunque le basta para comerse al O´Donell.
Legítima defensa no me parece mala, pero si muy desproporcionada. Demasiado larga. Y Damon y Danes son demasiado sosos como para que mantengas el interés todo el rato. La película gana por su secundarios. En su momento parecía floja para ser de Coppola. Si la analizamos hoy, parece hasta buena xD.
El jurado me pareció entretenida, pero no la he vuelto a ver desde que salió. El giro final no sorprende a nadie, pero ya solo por el reparto vale la pena. Y está otra vez Hackman, que parece que tiene por contrato aparecer en las adaptaciones de Grisham xD.
Conflicto de intereses no la he visto, pero tiene repartazo. La de Cuarón tampoco.
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Yo también he tenido esa sensación cuando manoseaba los libros en las tiendas, y creo que debí pensar lo mismito.
Curiosamente, tiene usted más recuerdos de las que yo no tanto, y a la inversa. Y hay algunas a las que las tengo ganas (‘Legítima defensa’ y ‘El jurado’) porque hace bastante que no las veo, y en su día no me entusiasmaron que digamos (especialmente la segunda).
Salu2 ;)
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Ah, lo olvidaba: ojo con esa de ‘La granja’, que he metido el cuezo y no es de Cuarón, sino de Arau.
Salu2 ;)
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Vaya, han disminuido bastante mis ganas de verla xD.
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Coppola ya había hecho auténticos ñordos antes de ‘Legítima Defensa’: ‘Corazonada’, ‘Jardines de piedra’, ‘Jack’,... y porque soy fan de Francis Ford y estoy de buenas, que si no no tendría ningún problema en despellejar ‘Peggy Sue se casó’. Vamos, que en el momento de su estreno, ‘The rainmaker’ ya se podía considerar una película bastante decente dentro de la filmografía de Coppola. Y vale que Damon no es un actor especialmente expresivo y brillante (ni lo será jamás), pero como letrado inocente e ingenuo recién salido de la cáscara, da mucho el pego.
-- editado por última vez a las 19:35
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Si, las que dices son muy flojas, Peggy Sue incluída xD.
En los 90 Coppola aún conservaba su prestigio, y se esperaba lo mejor de él. Por eso en la época quizás no se valoró muy objetivamente Legítima defensa. Si la hiciera hoy en dia dirían que se estaría recuperando xD.
Damon no lo hace mal, pero creo que las películas especialmente largas necesitan de intérpretes carismáticos, porque si no pueden cansar. Y su compañera tampoco ayuda mucho.
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brillante
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‘The rainmaker’ me parece la mejor película basada en una novela (ejem) del ínclito John GHrisham. Además de ser la mejor de las últimas dirigidas Coppola.
De ‘The client’ guardo buen recuerdo, con la Sarandon y el gran Tommy Lee Jones muy metidos en sus roles, aunque hace tiempo que no la reviso.
‘The firm’ y ‘The pelican brief’ cumplen su objetivo de entretener y mantienen el interés, aunque la primera es bastante irregular.
He visto todas excepto ‘A painted house’ y ‘Christmas with the Kranks’, que no me interesan mucho. Seguiré atento sus conclusiones.
P.D.: eluyeni, ‘Apainted house’ está dirigida por Alfonso Arau, autor de ‘Como agua para chocolate’ o ‘Un paseo por las nubes’, nada que ver, como director, con Cuarón.
-- editado por última vez a las 13:36
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Gracias por la corrección con lo de ‘A painted house’: ha sido un lapsus mental, y efectivamente nada tiene que ver el uno con el otro. La verdad es que hasta el otro día desconocía nada de este libro o película, y he mezclado directores.
Salu2 ;)
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...desconocía “todo”. Me tiene frito mi autocorrector mental.
Salu2 ;)
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18-03-2012 17:29 logtime
Como avisé, pues ladrillaco va, en el que además puede haber spoilers. Para evitarse sufrimientos innecesarios por uno u otro motivo, déle si gusta un vistazo rápido al texto en negrita.
‘The Firm’ (‘La Tapadera’) (1993), de Sidney Pollack.
Iniciamos recorrido por las cintas grishamianas con ‘La tapadera’ (‘The firm’). Un detalle a comentar a los que se vayan a aproximar de nuevas a la inofensiva y entretenida cinta de Pollack: el doblaje de esta película no es precisamente bueno. Los que no gusten de los subtítulos comprobarán que no están los dobladores habituales de sus actores favoritos. Pero es que además, no es precisamente un buen trabajo. Así que aunque lo suyo es verla en versión original siempre, en este caso no puedo sino desaconsejar el visionado de esta película doblada. En serio, es otra cosa. Y aunque sea anecdótico, y casi un mal al que nos hemos acostumbrado, el título traducido no sólo es incorrecto (y encima ya había una película anterior con ese nombre), sino que, en cierta manera, revela la parte sustanciosa de la historia. Que si bien no es que fuera alto secreto militar y que pronto (demasiado pronto) el espectador capta el motivo al que responde (aunque le lleve una hora o así al abogado caerse definitivamente del guindo), pues hombre, no habría costado nada esforzarse un poco en buscar otro título más acertado y menos “descriptivo” (‘El bufete’ le habría ido de perlas, y hasta 2010 estaba “virgen”).
Sobre el argumento de ‘The Firm’ no me extenderé. Primero, porque creo que es de todos conocido. Segundo, porque también es vox populi que la trama es bastante simple, tramposona y, si me apuran, previsible. Lo cual no es óbice para que la película sea disfrutable en su justa medida, e incluso es posible que se la meta doblada al personal en un primer vistazo.. Y paso a explicar este aparente contrasentido. Como Pollack sabía de esto un rato, aunque dudemos de su hacer en la misma, que la puesta en escena no resulte sublime, ni arrojada, ni arriesgada, ni nada por el estilo (a ratos la película no dista mucho de un telefilm), pues tira de oficio y logra que algunos no acusemos los más de 150’. A mí nunca se me hizo pesada. Consciente de lo que se trae entre manos, el ritmo es vivaracho siempre. Aunque las “argucias” del guión (de David Rabe, Robert Towne, David Rayfiel), las incongruencias y los tópicos se van acumulando, al ir “pisando el acelerador” y con un montaje enérgico, pues no aburre, se “disculpa” todo un poco, y logra su cometido (en parte). No hace mucho en BDC se podía leer una entrada ensalzando la fenomenal banda sonora de Dave Grusin aquí y no puedo estar más de acuerdo: es fabulosa (siempre que no le repatee el jazz). Y omnipresente ya desde el arranque, marcando el tempo de la historia. Gran parte de “la culpa” de que esta película en el imaginario popular sea más de lo que realmente es, se debe al brillante trabajo de Grusin. Vistiendo de lujo perfectamente los momentos de la película: de escenas cotidianas a trepidantes persecuciones. De secuencias introspectivas a otras más funcionales. Realmente soberbia, lo mejor de la película (y nominada a los Oscar, como también lo fue Holly Hunter).
Como aliciente extra, los intérpretes. Un desfile impresionante de buenos actores (nada más y nada menos que Hal Holbrook, David Strathairn, Holly Hunter, Gary Busey, Ed Harris, Paul Sorvino, Tobin Bell). Unos más acertados que otros, muy en parte por los personajes que les tocan. Y creo que es justo reconocer que hay dos actores sobre los que detenerse un poco. Primero, el hasta hace poco casi siempre cuestionado Tom Cruise, que interpreta a ese abogado “idílico” e idealista que es Mitch McDeere. Cruise no lo hace mal. De hecho, creo que su actuación es más que solvente y esforzada. Se tira el pobre media película con la cara desencajada, escondiéndose o corriendo. Aunque su brillante (e improbablemente humilde) abogado es menos chulito de lo que suelen ser sus personajes (por ejemplo, el otro letrado de ‘Algunos hombres buenos’), inevitablemente no podemos dejar de ver a Tom Cruise y los personajes que suele encarnar. Es decir, sabemos que será globalmente un personaje “positivo” al que no le va a pasar nada grave. Sus “zonas grises” morales (la relación con su familia, su ambición, la infidelidad, etc.) son dadas tan de pasada y rápidamente superadas como avanza vertiginosamente la trama que apenas aportan matices a su típico personaje “Cruise against The World”. Pero en esos momentos, creo que está a la altura. Por ejemplo, en las confesiones que hace a su señora (una Jeanne Tripplehorn muy guapa, pero insoportable a ratos también) es creíble, así como cuando tiene que tragarse el miedo, o estar fingiendo o engañando, etc.
El otro es un coloso: Gene Hackman es un tipo al que echaremos de menos siempre. Su personaje es chorrísima, pero el tío lo viste de una forma sensacional, y se adueña de la película desde el mismo momento en que sale. Con el carisma estratosférico de siempre. Escenas como la su Avery arreglándose antes de salir a pillar cacho en uno de los viajes de trabajo a las Islas Caimán son un lujo: es que te lo crees tal cual, le ves en la tesitura, es el personaje que quiere transmitir. Que aunque “azotado” por los devenires de un guión endeble, y con demasiadas tonalidades para que nos podamos creer todas (es simpático pero da miedo también; es un juergas, pero a la vez un caballero; es inteligente, pero también sorprende su ingenuidad), tiene a Hackman dando el callo hasta el final. Ya sea para hacernos creer que de verdad que se ha enamorado perdidamente de la mujer de Cruise o para irse (de modo lamentable) a la cama a asumir derrotado su destino.Los “pecados” mayores de ‘The Firm’: la trama hace aguas por bastantes vías. Además, el tono demasiado ligero (por ejemplo, la muerte de Gary Busey parece casi de cachondeo) sin duda sacará de la película completamente a los espectadores más exigentes. No tendrán al mejor Pollack (tampoco al peor), ni un buen thriller “judicial”, ni mucho menos una película “de mafias”, sino un popurrí blandito de todas esas cosas. No he leído el libro, pero dudo bastante que sea tan “amable” o cómico como aparece la historia en la película. Además, escenas como la de “la seducción en la playa”, o las de ese federal a cargo de un cumplidor Ed Harris (que por el guión es medio bobo y no da una a derechas: hasta le canta alegremente a un fugitivo información confidencial; para que tengamos la escenita final, claro), la “opereta” en el hotel con los capos mafiosos, muchas concesiones y trucos de guión, “trágalas”, etc. pues logran traspasar la línea del ridículo en algunas ocasiones. Sin llegar a revolcarse del todo, en mi opinión. Es una película de momentos sueltos. De escenas en que los secundarios se sobreponen a la poca firmeza de la intriga. De la música de Grusin. En fin, una película de domingo en el sofá después de comer que no hará mal alguno. Si le gusta poco o nada, le permitirá emular a José Mota, mecido por el agradable piano en poco tiempo. Si le agrada más o menos, se tienen más de dos horas de ligereza entretenida para hacer la digestión. Si quiere, abriendo de vez en cuando un ojo entre cabezada y cabezada, para deshibernarse pletórico, entre regüelditos y estiramientos varios, y asistir al rush final del sufrido McDeere por destaparse del peligroso puchero en que se sumergió.
Salu2 ;)
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21-03-12 2:54 logtime
Segunda adaptación de una obra de Grisham, que nuevamente no tuvo demasiada suerte entre la crítica, pero sí aceptación entre el público. La producción es más que solvente, y el producto vistoso, aunque a ratos demasiado esclavo de la comercialidad que debía ofrecer.
‘The Pelican Brief’ (‘El informe pelícano’) (1993), de Alan J. Pakula
Como les contaba arriba, poco iba a tardar Hollywood en interesarse por el rotundo éxito de ventas del libro de Grisham en 1.992. Y tampoco se reparó en gastos para el proyecto. Un director con bagaje y experiencia suficientes, un equipo de primera y unos intérpretes de relumbrón. Pakula ya a esas altura tenía thrillers como ‘Klute’, ‘El último testigo’, ‘Todos los hombres del presidente’ (todos superiores al film que nos ocupa). Del último título hay varios puntos en común y hasta menciones al Watergate en la propia película: una corrupción que apunta a lo más alto y un honesto periodista, acompañado aquí de una estudiante de Derecho, para destaparla. El guión lo elaboró el propio Pakula. La partitura (eficiente y funcional para un thriller) fue de James Horner. La impecable fotografía corre a cargo de Stephen Goldblatt.
La trama es la típica intriga con ribetes judiciales acostumbrada en las novelas de Grisham. Es curioso comprobar cómo nos suena perfectamente el tema por su actualidad también por estos latitudes: la continua controversia por la renovación del Tribunal Supremo. Mangonear su composición desde la arena política para que posibles decisiones importantes sometidas a su fallo tengan el signo deseado según la conveniencia de los intereses. La corrupción de siempre, vamos: Montesquieu ha muerto. Así que nos encontramos con que los jueces del Supremo están siendo eliminados uno a uno, y pronto toca renovación del órgano colegiado. Hay demasiados intereses en juego, e incluso cierta implicación directa de la Casa Blanca.
Julia Roberts (que en el film tiene unos improbables 25 años) en aquel momento se disponía a ser la novia de América, y no tiene problema con su personaje, que interpreta convincentemente. De hecho, el propio escritor reconoció que tuvo en mente a la actriz para el personaje de Shaw cuando escribía la novela. Es una estudiante de Derecho (Darby Shaw) ennoviada con Thomas Callahan (Sam Shepard), otro juez que le da clases en la universidad. Al empezar a caer colegas suyos, Callahan entra en la lista de “posibles” para entrar en el prestigioso órgano judicial. Shaw como divertimento elabora una teoría (el informe del título) sobre quién podría estar detrás de las muertes. Callahan lo encuentra interesante, y lo hace llegar a un amigo suyo en el FBI. El informe va pasando de mano hasta llegar a altas instancias, donde se empiezan a tomar muy en serio sus conclusiones, así como las implicaciones peligrosas que tendría su salida a la luz. La Roberts, protagonista absoluta, se pega un auténtico “desfile” a la carrera. La vemos con su fabuloso pelo suelto, con peluca, con gorra y hasta con coletitas. Denzel Washington compone también sin problemas su típico personaje que de tan bueno, correcto y justo que es, dan ganas casi de asesinarlo. En este caso, es Gray Grantham, un intrépido periodista (estuvo conviviendo con reporteros del Post para componer el personaje) que será el único apoyo de Shaw cuando su amante sea también eliminado y tenga que huir de gente que quiere matarla. Muy comentado fue el hecho de que Washington se negase a que existiera una relación amorosa con el personaje de Roberts (desconozco si esto sucede en el libro).
Además de las dos megaestrellas, es destacable la cantidad de caras conocidas que tiene el reparto, lo que ameniza el visionado de la película. El entrañable Robert Culp es un presidente de los USA con amistades peligrosas, más preocupado por su popularidad, su reelección y las monerías que hace su perro que otra cosa. Y además, porque no le den la barrila con temas “espinosos”, de los que casi prefiere no saber nada. Hasta en cierto momento de la película pregunta al director de la CIA (James B. Siiking, encasillado desde ‘Hill Street Blues’ en ciertos papeles): “¿Está implicado de algún modo en estas muertes la CIA, o cualquier agencia, grupo o lo que sea de los USA?”. Su mano derecha en otro momento le sugiere que no pregunte sobre lo que están haciendo con respecto al informe. John Lithgow tiene un pequeño papel como Smith Keen, el director del periódico para el que trabaja Washington. En los pocos ratos que sale, está perfecto, y transmite veracidad con su personaje cínico y aburrido de los “caprichos” de los periodistas que dirige. Stanley Tucci es el “killer” Khamel, que con un sigilo casi fantasmagórico va eliminando la “comanda” que le van encargando en un hotel, por medio de un sobre con la información por debajo de la puerta. Es curioso como a pesar de ser un sicario, resulta simpático. Tony Goldwyn, en su típico personaje de “malo con traje” (ya sea un ejecutivo, o un abogado, o un yuppie, o, como en este caso, el asesor del presidente). John Heard es otro de esos grandes actores secundarios que no han tenido la suerte que creo merecían. En esta película, Heard se permite hasta reírse de su sobrepeso en una escena (la de su propia ejecución) donde transmite una naturalidad increíble.El dichoso informe se convierte así prácticamente en una especie de McGuffin, aunque hacia el final sabremos en detalle sus teorías y a quién apuntaba como culpable (viniéndose quizá un poco abajo la película antes de tiempo). La intriga es llevadera, y no es confusa, pues está bien explicada. Pakula sabe que en 141’ no puede liar al espectador con demasiadas complicaciones, ni con conversaciones demasiado “crípticas”, y los diálogos están bastante bien en claridad y en brevedad. Salpica adecuadamente además con escenas de acción y suspense para complicar la vida a los conocedores del turbio secreto que hay que ocultar, por lo que a partir de la hora o así, la película se convierte en un trepidante “corre que te pillo”, que quizá nos deja las escenas más memorables del film: Shaw huyendo de un contumaz asesino calvete por Nueva Orleans; la reunión con el asesino Khamel en un lugar público; la persecución el aparcamiento.
Un entretenimiento aceptable, quizá demasiado largo, que cumple pero que no deja huella. Correcta sin más. Aunque si lo que se estrena hoy llegase a esos niveles, probablemente nos podríamos dar con un canto en los dientes.
Salu2 ;)
-- editado por última vez a las 02:54
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22-03-12 2:16 logtime
Lo más curioso del caso es que esta película no la recordaba tan poca cosa. Y encima, leyendo a otros usuarios, pues me las prometía más o menos felices, al coincidir con ellos en la apreciación de que ésta era de las más disfrutables de las “adaptaciones Grisham”. Para algo valen los revisionados: para poner las cosas en su sitio.
‘The Client’ (‘El cliente’) (1994), de Joel Schumacher
Con los objetivos comerciales cumplidos en los dos films precedentes, era algo casi cantado el seguir la explotación del filón de los bestsellers del escritor. Cuentan que el guión de Akiva Goldsman y Robert Getchell es sumamente respetuoso con todo lo que hay en la novela. No dudo de ello, pero sabemos que literatura y cine son medios completamente distintos. Ahora, si tuviera que guiarme por el estímulo de esta película para acometer la lectura del libro, desde luego les aseguro que tal cosa no ocurrirá nunca.
Joel Schumacher comenzó a mediados de los 70 a dirigir. Tuvo un corto tránsito por la televisión antes de pasar a dirigir un largo (algo por lo que muchos otros directores matarían). Repasando su filmografía de menos de una treintena de títulos, apenas me salen media docena a salvar de la quema (siendo sin duda alguna ‘Un día de furia’ su mejor película). Muchos se aferran a ese escaso bagaje para proclamar que no es tan malo. En mi humilde opinión, desde hace mucho no ha vuelto a rodar nada que merezca la pena. Incluso parece que va a peor, o que se le ha olvidado de qué va esto de hacer películas. No hace ni dos meses que tuve la infeliz idea de darle una nueva oportunidad (realmente más estimulado por la temática del film que por otra cosa). Pero con su ‘Bajo amenaza’, su último trabajo, no ha hecho sino confirmar que parece bastante acabado para volver a ofrecer algo si quiera decente. Mirando en IMDb, no aparecen proyectos para él en agenda, y lo cierto es que no me extraña. Pero vayamos a lo que es este ‘El Cliente’.
En el caso que nos ocupa, Schumacher dirige de un modo bastante ramplón e impersonal este rollete. Palabra que he visto telefilms bastante más currados y con más ganas de agradar o sorprender (dentro de sus limitaciones) que esta ‘El cliente’. Quitando el principio y un par de cosas, el resto es para el olvido. No hace falta más que ver secuencias como una penosa persecución escaleras abajo, el escaso control que tiene sobre los actores (Tommy Lee Jones completamente a sus anchas), la incapacidad de crear una mínima intriga o tensión (escena del descubrimiento del cadáver) o cómo alarga de modo innecesrio el final de la película. Final que por cierto, es prácticamente clavado al de ‘El Informe Pelícano’, y casi casi lo sería al de ‘La Tapadera’, sino fuera porque en ésta Cruise al final “echa los restos” y con una maniobra tan increíble como anunciada antes, se libra del consabido programa de protección de testigos (que visto lo visto, debe ser una “marca de la casa” de las novelas de Grisham). En fin, nada para el recuerdo. Ni siquiera la música de Howard Shore (un compositor notable) es destacable, y no vale para ambientar un film simplemente aburrido y sin chicha. El mayor hándicap que tiene esta película es que la intriga es inexistente, además de partir de una premisa ya de por sí bastante boba (quiero pensar que en el libro estará desarrollada de otra manera). Ya es difícil pensar que un suicida cuente a un crío que se encuentra por azar el hecho relevante que dispara la trama (el lugar donde se oculta un cadáver fruto de un asesinato). Y no hay mucha más evolución en este sentido. Ni giros ni sorpresas, ni nada parecido. Es todo realmente simple, y se ve a la legua como acabará todo. Incluso diríamos que en ciertos momentos tira más por el drama, y ni siquiera en este aspecto está logrado. Resultado: tenemos una cosa tan limitada como previsible y poco entretenida, que incluso invita a suspender el visionado en varias ocasiones. Si esperan el consabido juicio en que se luzcan los letrados, el juez, los testigos y todo eso, ya se pueden ir despidiendo. Porque tiene lugar muy pronto, dura poco, y en realidad no vale para nada (se suspende la vista, lo que aprovecha el crío para huir).Si nos fijamos en el reparto, debería haber lugar para la esperanza. Y en cierto modo es así, porque en medio de la mediocridad generalizada destaca una buena actriz: Susan Sarandon. Su abogada “Reggie” Love es lo mejor de la película, y si no fuera por ella, poco habría que ver. Pero al estar siempre supeditada a una historia muy escueta que gira en torno al niño, pues sus esfuerzos se pierden irremediablemente en la nada. Interpreta bien su personaje con un pasado duro, y es creíble en sus esfuerzos por ganarse la simpatía del niño que le recuerda a ella en cierta forma. Siempre he dicho que se me hacen muy cuesta arriba las películas con niños. Y ésta no es una excepción. Brad Renfro es con Sarandon el protagonista. Fue fichado por Schumacher con 12 años quien lo “apadrinó” en el mundillo (volvería a trabajar con el director en la insulsa ‘Twelve’), y mantuvo amistad con él. Incluso el director declaró que se veía reflejado en él de joven. Teniendo en cuenta que Schumacher coqueteó con las drogas en los 70, no puede entonces extrañarnos en exceso que Renfro falleciera en 2.008 por una sobredosis. En cualquier caso, su chavalín Mark Sway acaba cayendo gordo, y por mucho que ponga caras de cabreo, grite, ponga morritos o le robe los cigarros a su madre, no te crees casi nunca que sea un “golfillo” fruto de una familia pobre y desestructurada que vive malamente en una caravana. Tommy Lee Jones, que pese a ser un actor con gancho y de los que suelen gustar, en esta ocasión está patético. Cierto es que su personaje es más bien cretinoide, pero su interpretación no ayuda ni da otra impresión distinta de que fue allí a echarse unas risas y a llevarse el cheque. El resto de actores apenas tienen mucho que hacer más que de comparsa con breves papelitos. Mary Louise Parker es una de esas actrices con poca suerte. No es que esté mal, pero su papel es el habitual en los que estila su carrera (mujer de aspecto frágil y atribulada con problemas serios). En este caso, pues podríamos decir que cumple en su rol de madre preocupada por sus hijos, y ya está. Por allí pululan también J. T. Walsh, Ossie Davis, Will Patton (uno de los actores más malos que se pueda echar uno a los ojos) y unos jovencísimos William H. Macy y Anthony LaPaglia, éste último el “malo” de la función, como el típico sobrino del mafiosete de turno. Aunque sobreactúa casi todo el tiempo, por lo menos se detecta que le pone algo de sangre, y te echas unas risas con sus pintas lamentables. Porque el resto de actores parece que están de paso. Como colmo del absurdo, tenemos al personaje que interpreta Anthony Edwards, que palabra que se acaba la historia y no sabemos realmente qué es con respecto a Susan Sarandon. ¿Su novio? ¿Su amante? ¿Su ayudante del despacho? ¿El vecino que pasaba por ahí? En fin, como apenas sale tres veces y suelta un par de frases, pues tampoco importa mucho, pero es otro ejemplo de lo descuidada y desganada que es esta película.
En definitiva, ‘El cliente’ es muy sosa, floja y olvidable. Todo lo más, carne de multicine televisivo de fin de semana.
Salu2 ;)
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Buf! Yo tenía buenos recuerdos, aunque hace bastantes años que la vi por “última vez”. Es muy interesante lo de revisar una película años después, las hostias que te das de vez en cuando al hacerlo, o alguna que otra grata sorpresa. Con el film que nos ocupa, pues como que le creo, y paso de perder el tiempo.
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Bien, si le soy sincero para mí ha sido un desengaño descomunal. Yo también la había visto hace muchísimo, y tenía la sensación de que ocurrían más cosas, o que tenía más intriga… Como es posible que cualquier día la pasen por la tele, no tiene más que comprobarlo, si gusta.
Salu2 ;)
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27-03-2012 2:17 logtime
Película excesiva a todas luces, resulta francamente entretenida a ratos si uno se tapa la nariz ante el hedor del mensaje latente. Alternando buenos momentos con otros francamente bochornosos, no se le puede negar que es una montaña rusa de 149’: muy vista, muy tirando de tripas, pero funciona.
Ah, y como además sale Sandrita, por una ley no escrita, no es mala película, qué va: hasta quizá la vea bonita.‘Tiempo de matar’ (‘A Time to Kill’) (1996), de Joel Schumacher.
Con el (incomprensible) buen resultado alcanzado con la mediocre ‘El Cliente’, el nuevo encargo de la Warner recayó otra vez en Joel Schumacher. Como les comenté arriba, éste fue el debut del abogado en el mundo novelesco. Desconociendo la obra, no me cuesta mucho imaginar que Grisham tiró de órdago a la grande para lanzarse a las arenas literarias, y no sólo de algunos sucesos reales que le inspiraron. Porque esta ‘Tiempo de matar’ es una oda al exceso de cabo a rabo. Mezcla en una batidora sin mesura de ningún tipo (y esto, curiosamente, hará “simpático” el visionado) temas tan delicados como el racismo, la violación, el asesinato, la ley del Talión, la confrontación ley-justicia, etc.. Todo ambientado en un afixiante y caluroso pueblo de Mississippi, Canton. El cóctel que le sale a Schumacher es demasiado explosivo, y acaba siendo víctima de los ingredientes tan fuertes que maneja sin demasiado tino muchas veces. ‘Así las gastamos en el Sur’, se podría haber titulado este film.
El caso es que hay que reconocer que el arranque de la película es francamente poderoso, y esos 10’ primeros minutos probablemente se cuenten entre lo mejor que ha rodado Schumacher nunca. La violación que dispara la secuencia de los violentos acontecimientos se nos presenta de un modo bastante impactante, a la vez que breve y elegante, y ya perfila el aparente meollo inicial de la historia: el conflicto racista entre los más desfavorecidos de la zona, ya sean blancos (los típicos rednecks sudistas) o afroamericanos (los “Tío Tom” de la zona). En paralelo, vemos contrastada la vida cómoda, alegre y luminosa de la burguesía local, concretamente de los abogados del pueblo. La cosa promete, y parece por un momento que vamos a tener algo “grande” con este director. La sensación se mantiene incluso minutos más tarde, y es que por una vez en la vida, parece que Schumacher deja “respirar” más las escenas. La estupenda fotografía(cargando los cálidos para ambientar el clima ) nos ofrece imágenes nítidas y logradas, a la par que atractivas. La historia parece algo trillada, pero no deja de ser interesante, y apela al “morbo” del espectador se quiera o no.
Mas todo es un espejismo, porque ‘Tiempo de Matar’ es una película que se le va de las manos a Schumacher tan pronto como no te lo esperas. En parte por lo “pirotécnico” del guión (que es de Akiva Goldsman) y en parte por esa manía del director con sus subrayados, o de buscar en cada escena de la trama algo espectacular. No obstante, tiene alguna carta en la manga, y es que esta historia te lanza sin descanso nuevas salvas “de fogueo”, con giros y con nuevos personajes para tenerte entretenido. Como con esas reuniones “clandestinas” del jurado, que no llevan a ninguna parte. Como ese psiquiatra borracho que ha de testificar, y tiene una historia detrás que tampoco va a ningún lado. Como la relación entre la secretaria del abogado y el viejo juez borracho. Como otras muchas cosas. Son pinceladas, la mayoría intrascendentes. Pero es un sin parar que no diluye, sino que incluso divierte (al menos, a mí).Y es que uno de los ganchos que lógicamente captó la atención del espectador fue sin duda el nutrido reparto de estrellas: Matthew McConaughey, Samuel L. Jackson, Sandra Bullock, Oliver Platt, los Sutherland (padre e hijo), Kevin Spacey, Ashley Judd, Chris Cooper, Charles S. Dutton, Brenda Fricker…. En fin, como es lógico algunos tienen pequeños papeles, pero es notable cómo la película concede a cada actor su momento de gloria (el largo metraje lo permite), de forma que da una sensación “democrática”, de que todos tienen su momento para lucirse. Un desparrame más de Schumacher en este sentido, pues los personajes entran y salen de la historia continuamente, y no da tiempo a aburrirse. El abogado “héroe” de la función (en estas “cosas Grisham” siempre tiene que haber uno al menos) es Jake Brigance, interpretado con esfuerzo pero muy poco resultado por Matthew McConaughey (de aquí en adelante, el Macónajiu), aunque su abogado presuntuoso y algo juergas le venía como anillo al dedo. Samuel L. Jackson es el padre justiciero Carl Lee, papel que cumple tranquilamente, pues la cólera ha de ser lo que le alimente, y este señor casi está especializado en ese registro. Por allí aparece Sandy, para echarle un cabo (y algo más si se dejara) al héroe, y bueno, su personaje y su intepretación son… Sale guapísima, véanla. El resto de personajes pupulando por la historia la verdad es que dan vidilla a la película.
Tendremos juicios caóticos, convertidos en un auténtico circo. Tendremos enfrentamientos multitudinarios disparatados en las mismas puertas del juzgado entre afroamericanos y miembros del KKK (en serio, que van hasta con la capucha puesta). Tendremos una también corrupción local. Tendremos cruces ardiendo. Tendremos… En fin, demasiadas cosas como para perdérselas.En el tramo final de la cinta, (ojo, spoilers) Schumacher se viene arriba en su propia salsa épica de baratillo, y no se baja de la SteadyCam bajo ningún motivo, con un afán efectista que queda algo ridículo (tenemos travellings dentro de la sala cada dos por tres). Macónajiu suelta su recapitulación final del caso, tan burda como efectiva. La “justicia” triunfa y nuestro motherfucka favorito queda libre. Para trufarlo todo, se nos cierra con un epílogo: en la inevitable fiesta familiar en casa del exculpado, el abogado bueno se presenta, porque ha llevado a su hijita para que conozca a pobre niña violada. Mientras se dan la mano ambos, Jackson mira a Brigance (y por ende, a nosotros) con una sonrisa entre satisfecha y cínico-maléfica. Se cierra en negro, y empiezan los créditos, con un goldspell a toda pastilla. El espectador de cabeza medianamente amueblada, flipa, y se queda con cierta cara de bobo: se la han metido doblada, pero no tiene excesivo escozor. Extraño. (Fin spoilers)
‘Tiempo de matar’ fue un auténtico éxito por sus tierras desde el estreno. Y eso que fue marcada con la “R”, y que compitió esa semana con un auténtico “pepino” (recaudatorio; sus virtudes, otro día las discutimos) como ‘Independence Day’. Acabó recabando por las taquillas de todo el mundo el triple de su presupuesto, y la truculencia de todo el invento, e incluso el discursito final del Macónajiu fueron del agrado del personal: el dúo Grisham-Schumacher había dado en la diana again.
Salu2 ;)
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28-03-12 22:40 logtime
Sin llegar a parecerme el bodrio que nos contaba Abuín hace tiempo, sí que es una película bastante sosa y olvidable. Y es que estas cosas del condenado que espera en el corredor de la muerte, y el abogado que reabre el caso para intentar salvarle, las hemos visto probablemente ya una docena de veces.
‘Cámara sellada’ (‘The Chamber’) (1996), de James Foley
La ‘Cámara sellada’ (‘The Chamber’ en inglés) a la que hace relación el título no es otra que la cámara de gas. Aunque también podríamos pensar en esos ocultos secretos de familia que permanecen en lo más recóndito del arcón de la memoria, para conveniencia de los “olvidadizos”. También en los sentimientos más rastreros que habitan en los rincones sucios del corazón. O quizá en las dependencias que albergan ciertos archivos secretos (y oficiales a la vez) de información, de los que dependen tanto la verdad como la vida de un hombre. En fin, el problema de esta cámara es que está tan sellada y es tan hermética, que apenas se respira historia. Como viene siendo (y sospecho será) costumbre en este especial, les hablo desde el desconocimiento absoluto del material literario de partida. El caso es que el guión de William Goldman y Chris Reese camina por lindes trilladísimas, y ofrece angostísimo espacio para el esparcimiento del espectador. Parece ser que se hicieron bastantes cambios que no gustaron al primero, y hubo que echar mano del segundo, lo que quizá explique que la cinta aparezca como demasiado “fracturada” en su narración. Grisham incluso ha declarado que ésta es la peor de las adaptaciones hechas sobre su material. La dirección de James Foley (uno de esos directores algo insulsos, pero cumplidores) no sabemos muy bien si hubiera mejorado la del inicialmente designado, Ron Howard (que acabó en tareas de producción). Lo cierto es que visto lo visto, no tenemos aquí ni una historia especialmente atractiva, ni grandes escenas, ni un ritmo excesivamente bien logrado. Incluso a ratos, una sombra telefilmesca planea sobre el aburrido espectador. Quizá sólo Hackman podría compensar el tiempo invertido (113’) al que se quiera acercar a ‘Cámara sellada’. En su día tanto el rotundo fracaso de taquilla como el vapuleo o la indiferencia generalizada de la crítica dejaron las cosas bien claras.
La película comienza con un horrible atentado con bomba. Un abogado judío y sus dos hijos son las víctimas. Los hijos mueren, y el padre queda mutilado. Se detiene a un miembro del KKK, Sam Cayhall (Gene Hackman). 30 años más tarde, el nieto del condenado, Adam Hall (Chris O’Donnell), un joven e inexperto abogado en materias de derecho penal y criminalista, por motivos que no se nos alcanzan demasiado bien a comprender (quizá en parte por desvelar algo sobre el suicidio de su padre siendo el niño) decide encargarse de su defensa. En menos de un mes, se ejecutará la sentencia. Aunque no llegó a conocer al reo, siempre ha flotado sobre la familia el aura maligna del despreciable Sam. En cierta forma, supondrá sacar recuerdos dolorosos y oscuros secretos, tanto los suyos como los de los familiares y afectados por el crimen. Así que viaja hasta la prisión, a entrevistarse con su abuelo y ofrecerle su defensa. Pronto surgirán interrogantes y sombras que harán que Sam tenga que remover el caso de arriba a abajo.
Como una marca de la casa más, si las obras de King generalmente discurren por Maine y alrededores, Grisham elige los estados sureños de USA, perfecto caldo de cultivo para los temas de sus historias. Otra vez Mississippi, uno de los estados que mantienen con más ahínco la pena capital. Chris O’Donnell creo que casi todos convendremos que es, siendo muy generosos, un actor sumamente liviano. Si fuera para presentarlo a una madre como futuro yerno, seguro que bien, pues su aspecto de chaval majete y sano no se lo quita nadie. Pero en esto de actuar, es limitadísimo, y pocas veces está a la altura, cuando no directamente molesta. Para su desgracia tiene que compartir escenas continuamente con un monstruo como Hackman, en una especie de tour de force que contraste el bien y el mal. Como suele suceder en estos casos, al espectador le suele interesar más “el malo”. Pero si tenemos tal contraste de fuerzas interpretativas, el resultado es que ya directamente se olvida uno del ingenuo abogado, y se concentra en el oscuro personaje, lleno de matices por obra y gracia de Hackman, que lo borda una vez más, sacando de donde apenas hay. Ya sabemos su capacidad para ser simpático o despreciable según el papel que le toque. En este caso, compone ciertamente un personaje ciertamente negativo y malvado, que incluso da miedo en algunas ocasiones. No obstante, es capaz de ofrecernos briznas de humanidad (aun con sus enfermizas ideas, tiene ciertos códigos que no casan con los acontecimientos del crimen) y cierta honestidad (respeta al carcelero negro, con el que tiene una curiosa relación), que descolocan continuamente al abogado (y al espectador), y hacen surgir la duda: ¿y si no fue él quien realmente colocó la bomba asesina por la que le van a gasear? La película juega con algunos flashbacks para que quede claro que el personaje de Hackman no es un santo. Pero también que sólo es un peón de los verdaderos culpables, como siempre mucho más arriba en la pirámide, operando desde las sombras, y enroscados como una hiedra en el poder.
El film es básicamente eso. Una intriga bastante endeble, con el espectador a merced de las archivistas ocurrencias del guión. Aparecen pruebas perdidas o escondidas, y testigos silenciados a conveniencia de las necesidades de la trama. Un debate de pasada sobre la pena de muerte, algo de drama familiar, y muy poquito más. Entre los dos actores principales, que monopolizan casi todo el metraje aparecen otros, como Lela Rochon, Raymond J. Barry y Faye Dunaway, ésta como la tía del abogado y la hija del monstruo. Su personaje es de los que tiró la llave de los recuerdos al río (quizá con la escena más impactante de la película) para emprender una nueva y mejor vida, lejos de cualquier relación con su padre. Pero los recuerdos se despertarán al llegar su sobrino metomentodo. Para mi sorpresa, parece ser que fue nominada a los Razzies de ese año como peor actriz secundaria. Bien es cierto que no es precisamente su mejor papel, pero es encomiable lo bien que luce la señora en su cincuentena bien entrada. Además, como su papel es algo histérico (mujer rica y despreocupada dada a la bebida) pues tampoco tiene mucho más que hacer que lo que vemos en pantalla: poner caras desencajadas, salir con un vaso en la mano y echar alguna lágrima. Hacia el final tiene una escena que debe ser una emotiva despedida de su padre, en la que aunque aguanta el tipo, Hackman se la merienda en un periquete.
Dicho final (Spoiler) desde luego es bastante amargo, y no es probablemente lo que uno se esperaría, según iban discurriendo los acontecimientos. Probablemente sea la mejor parte de la película, porque es la que nos deja los momentos mejor rodados (todo el “previo” a la ejecución está logrado). Incluso Foley juega con el espectador con amagos, para que piense que, como suele ser costumbre, sobre la campana los esfuerzos legales del protagonista van a salir victoriosos. Pero no ocurre así, y por primera vez en lo que llevamos de “ciclo”, parece que el idealismo de los leguleyos Grisham no se sale completamente con la suya. Es más, la andanada a la corrupción política que maneja la justicia a su antojo, queda otra vez bien soltada. Como dicen los personajes del film en la última escena, puede que ahora “los fantasmas desaparezcan”. Hasta la próxima aparición, claro. (Fin spoiler)
Salu2 ;)
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brillante
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29-03-2012 16:00 logtime
Cuentan que ‘The Rainmaker’ (1995) sí que es una gran novela, que no tiene una prosa de altura, pero por lo visto sí mucha emoción y una lectura absorbente. Lo que sí les puedo decir es que es la mejor de las películas del lote que llevo vistas hasta ahora.
‘The Rainmaker’ (‘Legítima defensa’) (1997), de Francis Ford Coppola
El rainmaker del título original hace referencia a cierto momento en el que el tronchante Deck Shiffet (sensacional De Vito) comenta a su colega Baylor (excelente Matt Damon) que el caso sobre el que están puede acabar siendo como el chamán indio que atrae las lluvias. Que puede hacer “llover” una indemnización millonaria, y por extensión, pues un buen cheque, más publicidad y casos para el bufete. El “pelotazo” con el que sueña cualquier picapleitos, y que le proporcione acceso al selecto club de sus compañeros de minutas estratosféricas, nutridos equipos legales, influencias y trajes caros. Porque como se comenta al principio del film, Memphis está infestada de abogados (de eso supongo que sabrá mejor que nadie el propio Grisham). Muchas veces se ha dicho acertadamente sobre ‘The Rainmaker’ (prescindo ya del título español) que viene a ser una especie de curso introductorio al Derecho. Y así es. Seguiremos los devenires del esforzado abogado novato Rudy Baylor (Damon), que no tiene mejor idea que empezar su carrera (el derecho civil es la “asignatura” de la película) aceptando trabajar con un peculiar régimen para un no menos peculiar bufete, el que dirige el misterioso Bruiser Stone (un divertido, fantasmagórico y carismático Mickey Rourke). Como mentor Baylor tendrá al divertido, avispado y cínico Deck Shifflet (De Vito), que ni siquiera tiene licencia para ejercer pero sabe de qué va la realidad del mundillo (“¿qué te enseñaron en la facultad”?, le pregunta a su socio varias veces). Al mismo tiempo, es la historia recurrente de Grisham en sus novelas: la de David contra Goliath, la del individuo contra el sistema, la de los pobres contra los poderosos, la del bien contra el mal, la de la justicia y su reflejo en la legalidad, la de la verdad contra la mentira. Para el protagonista, será un intensísimo pero corto viaje destino a una amarga contradicción. Como si fuera un one-hit wonder, su carrera que ama se desvanecerá tras esa “lluvia”, una vez vistas las deprimentes y sucias bambalinas del teatrillo judicial en el que se discurre la vida real, la de las personas de carne y hueso.
Título de los “de encargo” para Coppola, con Michael Douglas en la producción, parece ser que el metraje inicial superaba las 5 horas. Como el proyecto no era suyo, pues lógicamente hubo que meter tijera hasta dejarlos en unos aprovechadísimos 135’. El mismo Coppola se encargó del guión, que no tiene fisuras y que avanza con la maestría habitual de la que hace gala a la hora de contar historias. La excelente narración, que jamás se pierde, y que recurre al uso dosificado de la voz en off (la novela parece ser que esta contada casi toda en tiempo presente por el protagonista), nos mueve por un “circo judicial” de hasta cuatro pistas, sobre el que se balancea cual equilibrista el voluntarioso e idealista Baylor: conseguir su licencia de abogado, defender y proteger a una indefensa chica (perfecta Claire Danes) de la mala bestia de su marido maltratador, elaborar un extraño testamento para la adorable anciana (Teresa Wright, en su último trabajo) con la que convive de alquilado; y el drama judicial clásico, con su juez, parte defensora, testigos, y toda la pesca.
Un guión delicioso. La magnífica fotografía de John Toll. La música estupenda de Elmer Bernstein. Un diseño de producción impecable. Un reparto de lujo más que bien escogido, con actores en estado gracia: tanto Damon como De Vito brillan con luz propia. Pero también está muy bien Voight como el abogado malo, Rourke como un abogado mafiosete, Danes como la chica, los jueces (Dean Stockwell y Danny Glover), Virgina Madsen, Teresa Wright, Roy Scheider,... En fin, un auténtico festival de actorazos. Quizá pueda pecar de un toque cómico o desenfadado excesivo, teniendo en cuenta lo mísero de las cuestiones de fondo que se tratan. A veces incluso con momentos demasiado bufos (la mayoría a cargo de De Vito). Hay tragedia, injusticia, ruindad, mentira, avaricia, sí, pero introducidas con una naturalidad y ligereza no exentas de humor, desdramatizando mucho. Me parece una buena apuesta el evitar truculencias o trucos efectistas de los que suelen hacer gala películas similares. Por supuesto, tendremos el juicio de rigor, y veremos que Coppola no rehuye de los tópicos y de ciertos trucos de las películas de este palo, pues es consciente del terreno que pisa y de lo que espera el espectador. Así que aparecerán testigos sorpresa, documentos ocultos, pruebas no presentadas, recusaciones, protestos, risas del público de la sala, “orden en la sala”, etc. Toda “la pesca” habitual, vamos. Pero Coppola sabe dotarlas de un ritmo excelente, y presentarlas de un modo magistral, con ciertos toques novedosos. Casi logra que parezca que es la primera película de juicios que vemos, o por lo menos despertar el interés por algo visto ya demasiadas veces.
Como curiosidades, en el montaje final de salas quedaron algunas escenas completamente improvisadas, o que aparece (entre otros) Danny Glover sin acreditar, y no precisamente en un papel pequeño (su juez Kipler es el del caso “estrella” de la película). O que Coppola no puede disimular que ama el cine (asistimos a una sesión de ‘El amante’ de Annaud, y cierra la película con una frase de ‘La dama de Shangai’).
‘The Rainmaker’ es un estupenda cinta, de las que se ven del tirón, de las que entran solas, de las que despiertan simpatía por prácticamente todos los personajes que salen, de las que tienen varios frentes argumentales y una galería de personajes a seguir y disfrutar. El lado más descarnado del mundo de la abogacía con una carga de humor considerable. La humanidad y la perfecta definición de los personajes se gana al espectador en menos de dos minutos. Curiosamente, no tuvo buena vida comercial, y pasó prácticamente desapercibida. Apenas recuperó la inversión, y la crítica mayormente vio en ella sólo a un Coppola menor, lo que puso sordina a lo que en definitiva es: una gran película.
Salu2 ;)
-- editado por última vez a las 16:00
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No puedo estar más de acuerdo. La llevo defendiendo desde mucho antes de que Francis Ford volviera para martirizarnos con sus dos últimas películas. El último gran Coppola.
Enorme análisis, Sr eluyeni, no solo en extensión, sino en calidad. Me alegro de que la revisión haya sido de su agradado.
Saludos.
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Gracias. A mí también me alegra, Mackey, porque aunque sí tenía claro que me gustó, no la vi tan buena como me ha parecido ahora. La verdad es que prefiero estos “encargos” a los aburrimientos que le está dando por hacer de un tiempo a esta parte.
Salu2 ;)
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Nada del otro mundo. Sus últimas películas son mejores.
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31-03-2012 1:06 logtime
Película de la que apenas recordaba nada, me ha dejado al recuperarla una mejor sensación que la otra vez que la vi. Siendo estimable en algunos aspectos, sí que resulta en general algo decepcionante, especialmente por lo que se podía esperar o pedir de ella.
‘The Gingerbread Man’ (‘Conflicto de intereses’) (1998), de Robert Altman.
La Polygram, que tenía desde hace tiempo los derechos sobre el manuscrito de Grisham, barajó primero como director a John Dahl, casi especializado en el cine negro “moderno” americano de los primeros 90. Habría estado curioso ver qué nos podría haber ofrecido Dahl, pero la realidad es que al final el proyecto fue a manos de Robert Altman. Éste había dirigido su última película (‘Kansas City’) un par de años antes, pasando el tiempo entre medias en asuntos televisivos. Si bien hay un consenso generalizado entre la crítica de calificar este ‘Conflicto de intereses’ como un interés más bien alimenticio por parte del director, Altman manifestó que lo que le movió a aceptar la película fue que nunca había dirigido antes un thriller. No sé qué son entonces ‘El juego de Hollywood’ (1992) o ‘Images’ (1972), pero bueno. Por dinero o por lo que fuera, Altman, un tipo con carácter y acostumbrado a tomar firmemente las riendas de las cosas que hacía a su modo, sin importarle lo convencional o lo comercial, pronto tuvo problemas con el guión de Grisham. Con cambios tanto en la trama como en las frases y lenguaje de los personajes (añadiéndoles registros más directos, e incluso vulgares) llegó hasta a estimular a los intérpretes a tirar de improvisación siempre que pensaran que pudiesen mejorar algo del texto. Esto no gustó nada al escritor baptista, y aunque se supone que el guión básicamente era suyo, sólo aparece acreditado como “autor de la historia original”. Y como guionista figura un tal Al Hayes, probablemente un pseudónimo de Altman, o quizá una conveniencia para que ni apareciera Altman ni el escritor como firmantes del libreto. Las cosas no mejoraron cuando en unos pases previos a la exhibición del montaje entregado por Altman no se tuvieron buenas opiniones, y los ejecutivos de la productora decidieron recortarla. Altman montó en cólera, y exigió que no apareciera su nombre en los créditos. Como en las pruebas la versión creada por los listos de la productora las opiniones fueron más desastrosas aún, se acabó volviendo al montaje original de Altman.
Se dice que lo que mal empieza, mal acaba. En este caso es cierto (además, el final del film es de lo peor de todo), especialmente porque nos encontramos con un título que adolece de una seria “crisis de identidad”. Vemos la mano de Altman en algunos detalles: esos zooms y planos panorámicos, la vivacidad de los diálogos, un estilo bastante seco y directo, pocas florituras con la cámara, etc. No obstante, no se le acaba de ver cómodo o totalmente libre. Por otro lado, percibimos ramalazos típicos de las historias de Grisham también a ratos, aunque sólo en la superficie. Porque está película no logra ser ni una cosa ni otra, quedándose más en el camino de un relato clásico de cine negro. Pues la historia del abogado Rick Magruder (Kenneth Branagh voluntarioso, aunque a veces histriónico, y con un acento imposible e inexistente) que ve tambalearse su exitosa y cómoda vida por un cuelgue esporádico con la femme fatale de turno (una misteriosa y sensual Embeth Davidtz) lo hemos visto tropecientas veces. Al espectador le suena la alarma muy rápido y le huele a gato encerrado ya conocido cuando logra arrancar (tarda algo) la más o menos previsible intriga. No sabremos si era por el texto original, o por las numerosas reescrituras y cambios, pero algunas cosas de la historia chirrían un poco, y otras son tremendamente obvias.
Entre las apuestas que tampoco le funcionan del todo a Altman se encuentra el modo en que intenta crear una atmósfera sombría, opresiva, electrizada. Aunque la historia discurre en Savannah, Georgia (otro estado sureño más en el “mapa Grisham”) la presencia de un huracán que va recorriendo la zona (y que acompaña simbólicamente toda la historia, desatando su furia en los minutos finales) nos deja secuencias donde el gris es predominante, con una fotografía de Changwei Gu y una iluminación que en algunas escenas nocturnas hace que añoremos algo que nos alumbre un poco, para ver qué leches está pasando. Si bien en algunas ocasiones el recurso funciona, y logra hasta cierta ambientación onírica o de película de terror (como en la fuga del psiquiátrico o en la llegada del huracán) en otras deja una sensación de desaliño o confusión que no beneficia a la película (véase el clímax en el barco). A esa oscuridad predominante que tiñe la película (y que se va acentuando según se le van complicando las cosas al protagonista) le acompaña una banda sonora de Mark Isham extraña, a ratos interesante e inquietante, a ratos machacona y prescindible (generalmente suele crear partituras algo repetitivas). Sirva como ejemplo el mismo arranque del film, donde desde unos planos aéreos se nos va situando en la zona (la vuelta desde Florida a Georgia por coche del abogado) pero creando cierto desasosiego y sensación de acecho.
En cuanto al reparto, tenemos unas cuantas caras conocidas, algunas de ellas algo desaprovechadas. Daryl Hannah, en un muy secundario papel como la socia de Magruder. Robert Downey Jr. como el investigador privado Clyde Pell, haciendo prácticamente de sí mismo, pues le pone las notas de humor y golferío a la película, pero también da la impresión de que se toma el asunto a cachondeo más que otra cosa. Tom Berenger es el ex-marido de la chica, tirando de ese registro suyo tan explotado de hombre rudo. Robert Duvall como Dixon Doss, el misterioso e inquietante fanático religioso desequilibrado por el que el abogado se mete en la boca del lobo, nos deja un momento en el Altman demuestra lo poco que le interesan las escenas “de juicios” (aportando también el momento más divertido de la película), ventilándola en un periquete con sobriedad y pasando olímpicamente del “manual” empleado mil veces para este tipo de secuencias. Completando el elenco, sale Famke Janssen, perfecta como Leenne Magruder, la bella e histérica ex-esposa del personaje de Brannagh.
Amoralidad. Ambición. Tentación. Irresponsabilidad. Engaño. Todo ello se va masticando hasta llegar a una resolución algo confusa, en el que la acción está realizada de modo ciertamente brusco y chusco. Pero también nos ofrece el gusto de ver a un letrado de los de Grisham teniendo que probar de su propia medicina. Todo porque se cruzó una mala mujer en su camino (y porque ser un bragueta caliente, también).
‘The Gingerbread Man’ (nuevamente, rídicula traducción del título la realizada) fue un fracaso comercial de los más estrepitosos de todos los que llevamos en las películas Grisham. A la gente mayormente le pareció un producto poco vistoso, flojo y aburrido, y aunque parte de la crítica la recibió algo mejor, fue casi mención común destacar un hecho realmente cierto: lo mejor que podía dar Altman al cine, ya lo había ofrecido hace años.
Salu2 ;)
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31-03-2012 15:02 logtime
Inofensivo telefilm al que le ponemos tranquilamente su pegatina de “drama rural”. Tómenlo como un bonus track (sorpresa/amenaza: estoy considerando otro, para hacer el 10 + 1) el vistazo a este título, que me pareció interesante por dos motivos. El primero, por tratarse de una historia de Grisham lejos de los asuntos jurídicos. El segundo, que cuenta con un equipo con gente más o menos conocida que me interesaba calibrar en circunstancias “extrañas”. Ah, y porque sale Scott Glenn, uno de mis actores-piedra favoritos.
‘A painted house’ (2003), de Alfonso Arau.
En la dirección está Alfonso Arau (nada de Cuarón, es un error lo de arriba), actor metido a realizador. No sabemos muy bien los motivos que le hicieron aceptar este proyecto, aunque viendo su dilatado y recurrente paso por la TV, pues tampoco nos extraña demasiado. A lo mejor el hecho de tener que trabajar con mexicanos (en la película se oye hablar español, aunque los lugareños lo llaman “mexicano”) ayudó, vaya usted a saber. El teleplay para la cosa esta es de Patrick Sheane Duncan, que tenía trabajos previos en películas como ‘En honor a la verdad’, ‘Profesor Holland’ y ‘A la hora señalada’. El libro he de confesar que lo he conseguido “vía maligna”, y lo he ojeado un poco a salto de mata (apenas tiene 200 páginas, con capítulos muy cortos). Tiene una prosa más que sencillita, pues no viene a ser más que una especie de diario de recuerdos infantiles. Así que por lo que he visto (me he fijado en algunos diálogos) parece respetuoso con todo lo que sale.
¿Y de qué trata ‘A painted house’? ¿Y por qué tiene ese título? Bien, pues es un drama rural que sigue la vida de la esforzada familia Chandler de Arkansas (la película se filmó íntegramente en Lepanto, Arkansas), y sus esfuerzos por sacar adelante su granja y su explotación de cultivo de algodón. Sí, es algo que les retrotraerá mucho a tiempos de ‘La casa de la pradera’, o a cintas del tipo ‘En un lugar del corazón’ o así. Estamos a principios de los 50, así que prepárense para ver campo, y nada más que campo. Petos vaqueros. Gorros y sombreros, mayormente de paja. Camionetas. “Prêt-à-porter” campesino: camisas abotonadas hasta el cuello, cintos con hebillas king size, vestiditos gaseosos estampados. Guitarras y hogueras. La tienda del pueblo. Pa y Ma. Los Chandler y los Spruill. Reírse un poco de los estirados yankees que les visitan. En fin, todas esas movidas. Avisados quedan. Para animar un poco el tema, habrá un par de homicidios (ya saben que por aquellas latitudes, cuando se enfurruñan pueden pasar estas cosas) de los que será testigo el niño de la película (en esto se parece un poco a ‘El cliente’), pero tampoco crean que va a importar demasiado: su abuelo ‘Pappy’ Chandler le dirá que mejor pasar del tema, y llevarse los secretos a la tumba, que hay mucha faena en el campo (no es literal esto, pero el mensaje es tal cual: acojonante).
Sobre el reparto, pues unos ligeros apuntes, porque la cosa no es precisamente para tirar cohetes. El pequeño Luke que intepreta Logan Lerman, pues nada, ya saben lo que suele pasarme con los pequeños actores: que no me suelo creer nada, y ésta vez no es una excepción. Robert Sean Leonard no actúa: se pone delante de la cámara, y a lo que salga. Lamentabilísimo. Lo de Scott Glenn es acojonante. Su Eli ‘Pappy’ Chandler es para mear y no echar gota. Vale que podamos entender que es un hombre de campo, parco en palabras, y dedicado únicamente a su trabajo y su familia. Pero es que el prenda no mueve apenas un músculo de la cara, y las frases que suelta en la película apenas llenarían un par de folios. Incluso hay un momento despedida del nieto, en el que vemos la incapacidad de este actor para sonreír o mostrar algo de humanidad. Es una esfinge el tío, qué cosa. Geoffrey Lewis anda por allí, como el “patriarca” de la familia jornalera Spruill, pero como si no. Quizá, como ocurre muchas veces con las cosas aburridas, sea el “malo” de la función, el bruto y pendenciero Hank Spruill, interpretado por Pablo Schreiber el único destacable. No porque actúe bien (da hasta algo de risa los caretos y su personaje de tarugo violento) sino porque cuando sale en escena se presiente que va a ocurrir algo que nos saque un poco del monótono rollo agrario, más visto que el tebeo.
¿Quieren un título para echarse la siesta del cordero? Éste ‘A Painted House’ va niquelado. Me gustaría saber si la han pasado ya por la televisión. En la información que tengo yo, parece ser que no, aunque sí por el cable azteca. Ya es raro, porque la veo idónea para tenerla puesta mientras friegas los platos del domingo, o para coger un sueñecico mecidos por la música de Ray Folguera, viendo a esos infelices doblar el lomo de sol a sol recogiendo sacas de algodón, enfréntandose a lluvias torrenciales o tornados, a partos sin médico, a la llegada de la primera televisión al pueblo, al despertar sexual del pequeño de los Chandler,... En fin, poco más les puedo contar de esto. Ah, bueno sí: minispoiler: la casa de los cojones al final se queda sin pintar del todo, y el misterio de quién la pintaba nos deja el momento pasteloso indecente de la película.fin minispoiler.
Salu2 ;)
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Corrección: el músico es Ruy Folguera. Gracias a Tijuanita por el aviso ;)
Salu2 ;)
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Buenas Eluyeni. Vaya cacho análisis que te estás marcando. John Grisham es un tío que desde chico me ha interesado. Puebla las estanterías de mi casa y de la casa de mis tíos de la playa. Y cuando de pequeño me leía las contraportadas me llamaban mucho la atención. Pero bueno, aunque cuando pueda (esto cómo los especiales del blog, puede que nunca) quiero empezar a leer sus novelas, todavía no me he leido ninguna. Tengo en mi mesilla de noche uno suyo que hace meses que no retomo, lo llevo por la mitad. Es muy interesante y muy bien escrito, pero algo pesado como se comenta por aquí. El libro en cuestión es ‘La Citación’ (The Summons, 2002). Y una a la que siempre he tenido ganas es a ‘El Socio’ (The Partner, 1997). Ninguna de estas dos tiene película creo.
En cuanto a la adaptaciones cinematográficas. Tengo ganas de ver cómo vas a poner a la de ‘El Jurado’ (2003). La siguiente es tu lista. A mí me gustó cuando la vi. El reparto no está nada mal (de nuevo el gran Hackman) y me pareció entretenida. Puede ser de esas que pierden con un segundo visionado.
Creo que es la única que he visto. La otra que intenté ver fue la de ‘El informe Pelícano’. Pero el problema es que la vi con la novia, y ya se sabe lo que pasa, no le presté mucha atención. Lo poco que recuerdo es que parecía algo densa y no de dejó un especial interés en verla de nuevo en serio.
Me apunto la de Coppola, tiene muy buena pinta. A parte es de Damon, que a mí personalmente me encanta, supuesta cara de palo inexpresiva incluida. Además si aquí hace una buena interpretación pues mira que bien.
Saludos!!
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Bueno, pues gracias, me alegro de que le guste este especial Grisham. La verdad es que tengo algunos amigos muy fans de sus libros, y alguno de los que me cita me parece recordar que me dijeron que era raro que no hubieran sacado película, porque eran los mejores.
Lamento comunicarle que vi exactamente ayer la de ‘El Jurado’, y mi opinión no ha variado mucho. Es más, pienso darle caña, porque me ha parecido de las peores. Pero si eso ya mañana…
La del pelícano, no está mal del todo, pero es demasiado convencional. Por supuesto, véase la de Coppola. De la lista, sólo me queda por ver la de una ‘Navidad de locos’, pero me jugaría un pie a que ‘Legítima defensa’ es la mejor cinta de todas las analizadas aquí.
Salu2 ;)
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01-04-2012 3:05 logtime
Dicen que para gustos, los colores. Si a Miss Maldivia le parecía un entretenimiento estimable y merecedor de un 7, a mí la revisión no ha logrado sino reafirmarme en que ‘El jurado’ es una mamarrachada vistosa que desperdicia un reparto impresionante. A los pocos minutos la seguía ya con cierta indiferencia y distanciamiento, y sólo me ha entrenido a ratos aislados.
‘Runaway Jury’ (‘El jurado’) (2003), de Gary Fleder
Los de la Regency tenían en su zurrón la idea de adaptar ‘The Runaway Jury’ desde que salió (1996) y fue otro éxito de ventas. Para adaptar el bestseller se contó con un batallón de guionistas: Brian Koppelman, Matthew Chapman, David Levien, Rick Cleveland. ‘El jurado’ en su historia tiene una idea interesante, y es que esta vez no va a ser el centro de la intriga la resolución de un caso (aunque no duda en cargar las tintas sobre su veredicto particular) sino en el cómo se va a dilucidar el mismo por la decisión de un jurado. Por tanto, aquí cobrarán importancia sus integrantes, y no tanto los abogados, testigos o el juez. La película se llama ‘El jurado’, y sobre él pivotará la trama realmente. El problema es que me parece que toda la historia se va rapidísimo de varas, y resulta tan excesiva como increíble, además de partir de un supuesto que no resiste un mínimo análisis (y para eso no falta ser jurista). Creerse que se puede demandar por responsabilidad subsidiaria a una empresa armera porque un lunático organice una matanza en la oficina con uno de sus productos, pues hombre, no parece muy normal. Cosas peores se habrán visto, así que vale, transijamos en esto. Pero es que resulta además que en el libro la empresa demandada era una tabacalera, la ciudad de fondo no era Nueva Orleans, sino Biloxi (Mississippi), y la trama era bastante más negra y criminal. No sé si es que les dio miedo (justificado) medirse o recordar en algo a ‘El dilema’ de Mann, o es que se consideró que era más actual o jugoso el tema de las armas en la sociedad americana. Por lo que les he leído por ahí a algunos lectores, la película se parece bien poco al lo novelado, ya en calidad, ya en el desarrollo argumental y los temas latentes. Yo no he leído el libro, pero casi apostaría que tan chorra como la película no puede ser.
Gary Fleder (responsable de las estupendas ‘Cosas que hacer en Denver cuando estás muerto’ e ‘Infiltrado’) desde el principio dijo que quería desmarcarse del drama judicial y acercarse más al thriller. Tratar de la manipulación del jurado. Lo cierto es que como casi siempre nos da una factura bastante buena, y en este sentido poco se le puede reprochar. La fotografía de Robert Elswit saca partido del archivisto barrio francés de Nueva Orleans, o de las escenas más grisáceas y densas en el cuarto del jurado. El montaje de William Steinkamp (también trabajó en ‘La tapadera’ y ‘Tiempo de matar’ o de ‘Memorias de África’ o ‘Tootsie’ entre otras muchas) pisa en esta ocasión el acelerador, y da bastante dinamismo, dando la impresión de que lo que está ocurriendo es más emocionante de lo que realmente es. A veces se le va la mano (como en cierta parte del juicio, en el que acaba metiendo demasiados cortes), pero en general es bastante bueno, y muy responsable de que la película pueda ser entretenida para muchos. La música de Christopher Young no es que sea especialmente memorable, pero por lo menos no aturulla ni molesta. Es curioso, porque durante el visionado de esta chorradilla que es ‘El jurado’ tuve varias veces el recuerdo a esa otra tontería que es la serie ‘24’ (improperios a mí), en la que en base a un montaje frenético y machacón de gente hablando al teléfono, mirando pantallucos, agitando papeles, poniendo cara de nerviosos, gritando paridas, etc. llenaban horas y horas de emisión con lo mismo, sin más historia por delante que un par de improbables y manidas bobadas, y el resto puro humo. Aquí también hay mucho de eso, y de verdad que además hay perlas que pienso mandar también a mi olvidado nicho de las tontunas informáticas. Está todo tan pasado de rosca que más que una intriga judicial parece el ‘Misión Imposible’ de los juicios. Joder, es que no me creo nada. Está todo desfasadísimo. Sé que esas cosas de cribar y seleccionar a los jurados se hace, pero esto es todo descabellado: tapaderas, cámaras espía, escuchas, vigilancias, centros operativos,... Pfffttt, muy “flipero” me parece a mí todo.
Si hemos dicho muchas veces que uno de los temas favoritos de Grisham es medir la fuerza del individuo y su fe en la justicia como concepto divino contra la maquinaria poderosa del Estado o de malvadas corporaciones, en este caso tenemos que para poner en la picota la Segunda Enmienda (la que permitía, por ejemplo, al Dixon Doss de ‘The Gingerbread Man’ volarle los sesos tranquilamente al abogado que invadía su finca) pues añade un aliciente extra, y es poner bajo el foco la sacrosanta institución americana del jurado. 12 hombres o mujeres sin piedad, que pueden tener idea o no. Tres partes intentarán manipularlo o condicionarlo: la demandante, la defensa y el ‘insider’ que es el personaje de Cusack. En mi opinión, si bien en principio se juega bien con no saberse exactamente cuáles son las motivaciones de muchos de los personajes, una vez que se conocen, en parte ya deja de interesar bastante la película. Es más, desaprovecha llevar esa ambigüedad de la pareja protagonista un poco más allá. Habría resultado más interesante convertir al dúo subastajurados en unos timadores o delincuentes especializados, y no en unos justicieros buenistas y desinteresados.
El plantel de actores más que atractivo nos hacía frotarnos las manos: John Cusack, Gene Hackman, Rachel Weisz y Dustin Hoffman. Ahí es nada. Además, otros a veces solventes, como Jeremy Piven, Cliff Curtis, Dylan McDermott, etc. La verdad es que hay de todo un poco, aunque en general la corrección es la tónica generalizada. John Cusack intenta aprovechar al máximo esa etiqueta que se tiene tan bien ganada (y que tan poco ha hecho por su carrera) de ser un tío majete, que cae bien a casi todo el mundo. En este caso, nada más y nada menos que convencer y liar al jurado a su antojo. ¿Por qué? Porque es John Cusack y es un tío guay, y muy observador. O al menos eso pensamos al principio, ya que poco a poco sacará su “vena oscura”. O por lo menos, lo intentan, porque yo sinceramente le he visto algo desganado y poco convincente. No es de sus mejores actuaciones, la verdad. Rachel Weisz es Marlee, que fue elegida por su físico, y para dar simpatía, misterio y si hacía falta energía física a su personaje. Se nos revela como una improbable karateca cuando en unas escenas previas sale de los nervios sólo por estar con Hackman en un tranvía. Creo que el personaje no tiene excesivo interés, y que sólo al final entenderemos un poco que pinta en la historia. En cualquier caso, la química que tiene con Cusack me parece inexistente. Jeremy Piven está de florero, con un personaje superfluo a más no poder. Solo pone cara de “aquí pasa algo”, da un chivatazo de algo, y se acabó, desaparece de la película. Peor aún es lo de nuestra entrañable Jennifer Beals de ‘Flashdance’, que pasaba por allí, entre el resto de miembros del jurado. Efectivamente los personajes comentan lo rica que está, y se finí. Porque no hace nada más ni apenas se la ve. Creo que no tiene ni frases. Cliff Curtis interpreta a un ex-militar que rivaliza con Cusack por “liderar” el cotarro del jurado; su personaje es de los más interesantes y creíbles de la película. Dylan McDermott aparece al principio de la película, aunque su nombre no aparezca en los créditos.
Y llegamos, por fin, a los dos pesos pesados: Hackman y Hoffman. Pese a conocerse desde antes de ser actores y ser viejos amigos, era la primera vez que coincidían en una película. La ya famosa escena del lavabo (sólo comparten otra con diálogo) los pone frente a frente para nuestro deleite. La verdad es que Hackman le da un serio repaso a Hoffman, si no en argumentos (Fitch es bastante presuntuoso, y a veces, grosero) sí desde luego en convicción, en fuerza de interpretación, y en lograr la empatía con el público. Lo remata además con unos “Me importa una mierda” y “Vaya traje” riéndose de Hoffman que lo deja al pobre en la miseria más absoluta. El tío cae bien aunque sea un cafre, es increíble lo de este hombre. Lo cierto es que creo que su rol está además más cuidado. De hecho, el personaje de Hoffman (Wendell Rohr) se reescribió para darle más escenas y frases de las que tenía en el libro. Incluso diría que precisamente esas escenas cantan bastante, y se ve que están metidas “de clavo” para dar rienda suelta a sus excesos y tics más habituales (Hoffman sobreactuando me resulta de lo más cargante). No cabe duda de que su abogado “bueno” de la parte demandante fascina bastante menos que ese tiburón hiperactivo y rabioso que cree que “los juicios son demasiado importantes para dejarlos en manos de un jurado”.Comparando esta película con otras similares como ‘Doce hombres sin piedad’, ‘12’, ‘Sospechoso’, ‘Coacción a un jurado’, etc. no puedo sino pensar lo desmadrada y simple a la vez que es ‘El jurado’. Que es una película incluso previsible con todas sus trampas. Que la poca solidez del fondo la disfraza con mucha chorrada rebuscada e inverosímil, con la “táctica del calamar”. Es de esas películas de las que me bajo en marcha a los pocos minutos del tren que me quiere imponer, porque no lo veo bien encarrilado. Puedo entender que a algunos les entretenga porque acepten sus giros argumentales efectistas, porque los intérpretes sean carismáticos o conocidos, porque la película tenga cierto ritmo y una buena factura. A mí personalmente sigue sin gustarme ‘El jurado’, y además me cabrea y me aburre a partes iguales ese presupuesto y colección actores tan buenos al servicio de este dislate de intriga.
Salu2 ;)
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01-04-2012 22:30 logtime
Mis ascuas tornáronse al fin en candentes brasas, que se incrustaron en mi castigado cerebelo durante 90’: ‘Una Navidad de locos’ es una película muy mala, ñoña, boba y sin gracia. Al que grite “sectario antinavideño”, “qué esperaba usted”, “esto no hace daño a nadie” o algo por el estilo, me lo como vivo. Sólo un perturbado o un temerario que los tenga como dos camping gas podría acometer motu proprio este visionado. Así que un respeto, por favor.
‘Una Navidad de locos’ (‘Christmas with The Kranks’) (2004), de Joe Roth
Los retos estúpidos (una constante en mi vida) tienen siempre un peaje de situación e importe desconocidos. Como un retorcido masoquista, intento aferrarme a encontrar el gozo por algún lado, sea el que sea. Pero autosometerse a vejaciones como ver estas ‘Christmas with The Kranks’ ha supuesto sin duda abrir una puerta que ríase usted de los cenobitas. De verdad que tengo que morderme la lengua, contar hasta 100, apelar a mi modo más magnánimo para no empezar a soltar bilis a la hora de hablar de esta absoluta y disoluta pérdida de tiempo, y todo el sonrojo que he pasado. Porque lo que me pide el cuerpo es proclamar a los cuatro vientos que esto no tiene ni puta gracia. Que parecen todos oligofrénicos. Que odio a Tim Allen. Que desearía estrangular con mis manos a Dan Aykroyd, quemar a lo bonzo a Frosty, atropellar con un quitanieves al asqueroso gato,... Que deseé que tuvieran todos una grave intoxicación alimentaria. Que se electrocutasen con las luces navideñas. Que cayerá un misil perdido de unas maniobras sobre el pueblo, y lo borrase del mapa. Pero no, mejor no, eso está feo. Sería maldad, rencor gratuito,... y yo no soy así. Me debo a mí mismo algo. No sé el qué, pero algo.
La película adapta una especie de cuentecillo navideño de Grisham, ‘Skipping Christmas’ (2001), que para variar se situó directamente en el número 1 de la lista de best sellers del New York Times. A nada que miren por ahí un poco opiniones de lectores del libro, verán que son muchos los que dicen que la película es incluso mejor. Un repeluzno me recorre la columna vertebral de arriba a abajo; porque yo sólo he tirado al retrete hora y media de mi vida, pero dudo mucho que se pueda invertir lo mismo en leer las 176 páginas. La Columbia encargó a Columbus (ja) el guión y las riendas del producto. Desde ese mismo momento sabemos que tendremos algo más blando que la mierda de pavo. O quizá no. Porque la premisa de partida podría haber tenido su gracia si no la abandonaran vilmente a los cuarenta minutos. Es decir, que el título (del libro) y las pretensiones que nos pudiéramos hacer sobre la posible comicidad del invento (evitar las navidades y todo lo que conlleva, especialmente el consumismo desaforado y las costumbres ridículas) se van a tomar vientos. Porque en una historia que no se estruja los sesos lo más mínimo se decide darle al reverse apenas comenzada una línea argumental. Así que se pervierte todo, se desmonta el tenderete ligeramente desplegado, y recoge velas, pasando del “skipping Christmas” al “saving and celebrating Christmas” (je) en plan contrarreloj. Para poder presentar cual anuncio del Almendro la mejor de las celebraciones posibles a la hija oenegera que retorna al hogar de imprevisto con un novio peruano del brazo (ji), a pasar las fechas con la familia. Es decir, acaba siendo una exaltación de la Navidad en la que participa toooooda la comunidad, que ayuda voluntariosa y desinteresadamente a que los Krank “vuelvan al redil”, y celebren tan señaladas fechas como Dios manda. Bravo.
Por supuesto, hablar de los clichés, tópicos, convencionalismos, recurrencias, etc. y denunciarlos no tiene ningún sentido, desde el momento en que aceptamos que es una “película navideña”, con sus “reglas”, sus impepinables escenarios, sus situaciones inexcusables, etc. Sería como quejarme porque aparecen imágenes de genitales en una película X (jo). Tampoco puedo satanizar al público target al que se supone que va dirigida (la familia). Todo esto es perfectamente respetable y lo entiende cualquiera. Lo que sí es muy triste y perfectamente denunciable es que el producto sea tan blando, bobo, sin apenas gags que vayan de verdad en serio, más allá del trompazo, el diálogo infantiloide o gracias que provocan el sonrojo ajeno por su puerilidad (y no creo ni que los niños se rían con esto). De verdad que me pregunto quién a estas alturas puede encontrar este tipo de cosas ya no digo graciosas, sino simplemente simpáticas. Y lo digo porque ni siquiera en ese campo está lograda. Se me ocurren a bote pronto media docena de títulos de este corte (incluso alguno con el propio Allen, que ya he perdido la cuenta de las que ha hecho así) con esas bobadas o similares servidas de un modo más digno y honroso con la comedia. Además, recreándose en su propia miseria, esta película alarga las situaciones hasta más allá de lo humanamente soportable, de modo que lo que mínimamente podía provocar media sonrisa, acaba convertido en un facepalm importante, y en una mala leche creciente por la notoria pérdida de tiempo (palabra que es de ésas que la primera tentación de quitarla sobreviene a los 10’, no más).
He leído muchas veces que Tim Allen es un buen comediante, o al menos un tipo profesional y carismático. (Nota mental: debo leer menos y follar más). Yo lo único que puedo destacarles es una escena en que su Luther Krank nos hace product placement de un hickory honey ham más descarado aún que el que se ha visto en una escena bochornosa antes. ¿Qué que es un hickory honey ham? Pues ni puñetera idea, pero debe ser la hostia, porque la niña de los Krank no quiere comer otra cosa, y al parecer abres la lata y ya tienes la Navidad en tu mesa. Cosas veredes, amigos. La señora de Allen en la película (Nora Krank) no es otra que Jamie Lee Curtis, probablemente el único asidero sobre esta abismal tontería. Porque creo que es una buena actriz y siempre me ha caído bien. Empezó como scream queen, y en los últimos años de su ya no exitosa carrera (pasada cierta edad, ya se sabe lo qué ocurre) parece abonada a la comedia. No se le da mal del todo en alguna. Pero de verdad que en esta película está hostiable. Por lo menos sí que le aplaudo a la mujer que tiene el cuajo de salir en bikini en una escena bastante absurda (otra vez la comicidad posible de una situación tirada por la borda), evidenciando que la gravedad es muy puñetera, y que tiempos pasados fueron mejores. Claro que el peaje del que les hablaba siempre está ahí, y tenemos que soportar también la escalofriante imagen de un Tim Allen pasado por rayos UVA y embutido en un fardapolla celeste.
Si tuviera que elegir algo que mínimamente gracioso de esta pelicula, les tendría que citar la escena del bótox (aunque acaba siendo desagradable ver a Allen echar la comida por la boca una y otra vez), o esta conversación telefónica:
Blair Krank: I’m bringing home Enriqué!
Luego resulta que mandan a dos al aeropuerto a recogerlos, y en el cartel aviso de recogida le ponen “N. Reeky”
Luther Krank: What’s a reeké?
Ya ven, humor del bueno, ¿eh?Las últimas líneas de diálogo de los Krank son éstas: “Pasar de la Navidad, qué idea más estúpida” – “Quizá el año que viene”. La cámara alejándose para ver el barrio de postal, con la nieve y la música coñaza de fondo. Aparece Santa Claus volando y nos desea Feliz Navidad. The End (ju). Palabra que resume un poco todo lo que es este invento, y el nivel en el que se maneja. Mi consejo es que se alejen lo más que puedan de esta cinta, salvo que tengan oscuras o insanas intenciones. Yo no puedo censurarles por ello, está claro.
Salu2 ;)
(PD: Grisham no actúa aquí con un papelín de un tal Mickey. Es que es en otro film llamado ‘Mickey’, con guión suyo, donde sale como un “commissioner”. Dita sea)
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eluyeni, me gustaría proponerle un próximo “Las novelas de … en el cine” que daría bastante juego si le apetece ponerse a ello, se trata de las películas basadas en los escritos de Philip K. Dick
Espero que no le moleste que le haga la propuesta, si no quiere, simplemente pase del tema. Saludos. -
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Ouggghtttxccssttt…. Tomo nota, pero la verdad es que tenía previsto ya hasta una “hoja de ruta” de escritores. Y ciertamente, no había considerado a Dick, pero bueno. Se estudiará.
De todas formas, cachondos, pueden ustedes hacer lo mismo, hombre XD Que esto no tiene copyright XD
Salu2 ;)