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Otros Lleins Bons (V): Jean Paul Belmondo es 'Le Magnifique' (1973), de Philippe de Broca.

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O 'Cómo destruir al más famoso agente secreto del mundo', señor@. Título "cristiano" notablemente más descriptivo y prometedor. Que si acaso logra que uno tenga mayor sensación de decepción ante esta mediocre película, que fracasa en su intento de hacer una chufla con cierta qualité de lo que venían, vienen y vendrán siendo los Lleins bons. Ya les comenté hace poco otro referente galo en estas tesituras. Pero si aquél era disfrutable y tenía sus virtudes, éste que diseccionamos hoy apenas da un par de piezas casqueras poco aprovechables ni para embutido.

J.P. Belmondo es quizá la única razón que sostiene este disparate, y aunque el actor siempre me ha parecido uno de los caraduras o galanes mamporreros más entrañables, y que el film es un vehículo a medida para él, he de sentenciar que aquí está también hostiable (guionista y director van en el dudoso top). Sí, muchas sonrisitas marca de la casa. Sí, mucha escena a lo Pepito Piscinas para lucir cuerpazo (tenía entonces 40 envidiables años). Sí, mucho de su espontaneidad y su carisma. Pero con eso no llega, porque aquí la chorrada del guión hace demasiada sombra a todo lo demás. Es un escollo prácticamente insalvable. Y no se me escapa que la intención del asunto es mofarse de ciertas cosas; pero eso puede hacer bien, regular o mal. Adivinen por dónde se maneja (irónicamente) 'Le Magnifique'.

Después de 20 abracadabrantes y lamentables minutos, por fin se revela "la gracia" de la cosa, menos mal. Resulta que todas estas bobadas que hemos estado padeciendo no son sino la visualización chirigotesca de lo que se pasa por el magín del escritor François Merlin, que es también Belmondo, y casi la antítesis del sofisticado "Magnifique". Es un cutre total, un tirado en camiseta imperio que fuma como un carretero, y que está casi en la ruina y además atascado en la escritura de la próxima en la serie de sus historietas pulp. Momentos cotidianos intercalados entre los desvaríos de sus personajes (a los que vemos con el físico de otros de su vida real): vienen el electricista, que no hace nada porque no ha venido el fontanero. Además se le jode la maquina de escribir. Le visita el gorrón de su hijo. Por allí emburria la señora de la limpieza. Se va al editor a llevar lo poco que lleva escrito. Se cruza con la Bisset, que es su vecina. El editor (Vittorio Caprioli), que es un cínico, un cachondo y un pasota, hace como tal y le manda a casa de vacío a escribir. En fin. Fíjense que incluso por boca del novelista Merlin (tiene cojones esto) escuchamos a casi la hora de metraje lo siguiente: "Estoy cayendo en lo burlesco, estoy escribiendo disparates". El asqueado espectador asiente apesadumbrado. Efectivigüonder (qué bien traído): el humor es lamentablemente pueril, disparatado y tontainas como para que no descargue sobre el visionante una tempestad de sonrojo ajeno. Qué memeces de diálogos. Qué astracanada algunas escenas. Qué poca sutilidad a la hora de hacer chanza de nuestros queridos filmes de superespías. Por el amor del cielo, qué poquita gracia tienen nuestros vecinos. Por mi cabeza, como en un CinExin, desfilaban imágenes a lo videoclip de Pepe Botella, de camiones de fruta volcados en La Junquera, de un cuadro de Goya, de aquella tía guarrísima e hiperpilosa del camping de cuando tenía 15 años, del cabezazo de Zidane, de... Madre mía, esto logra que hasta desvaríe más de la cuenta.

Jacqueline Bisset,... Pues qué voy a decirles yo de esta señora (que se merienda a los bollycaos tranquilamente). Pues que bellísima, pero le ocurre un poco como a Belmondo. Pese a disponer de dos papeles en la truñesca historia, pues no resulta interesante ni en el ficcional de los libros (la chica bon Tatiana) ni el de la realidad del escritor (la vecinita socióloga Christine). Eso sí, anda por ahí un buen tiempo semidespelotada, y poniendo sus caricas gatita caliente. Pero que tampoco, vamos.

¿Qué podríamos destacar o comentar como interesante, o pasable, o lo que sea de esto? Pues poca cosa. Claro, el Belmondo y la Bisset, eso sí. Que el que se haya enfrentado alguna vez con el abismo del folio (ya físico o virtual) en blanco quizá pueda simpatizar con algunas de las cuitas y vicisitudes de Merlin ideando sus historietas para "el magnífico" Bob Saint-Claire (si esto tiene alguna doble lectura más allá de la gracia fonética, se me escapa). El que odie el cine jamesbondiforme tal vez pueda ver saciado su negativo sentimiento con esta película. Puede que algún modelito de los que saca Belmondo (como un abrigo de pieles o unas gafas de sol) me hallan resultado coñones. La música no es espantosa. La cosa va a una velocidad que dificulta un poco el levantarte para quitarla. He detectado algún que otro gag copiado luego en otras películas (como 'Top Secret'). Pero que no, oigan, no les puedo engañar: totalmente prescindible y con poca gracia, pese a que remonta algo el vuelo (lanzada ya a tumba abierta) en el tercio final.

Ficha en IMDb
Imágenes del film
Película "en porciones" en el YouTube

Salu2 ;)

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