'After', un lúcido retrato generacional

Alberto Rodríguez no es un director que goce de mis simpatías, precisamente. Sus primeros trabajos, ‘El factor Pilgrim’ y ‘El traje’, no llamaron nada mi interés, y su ‘Siete vírgenes’ me pareció una película muy facilona, sin el menor interés estético o emocional, a pesar de que esa película gozó de gran popularidad durante meses, y fue reconocida con algunos premios, pero me pareció la obra de un director indolente, autocomplaciente sin motivo, mal director de actores, incapaz de sorprender o emocionar con su puesta en escena.
Y de pronto nos llega este ‘After’, cuatro años después, una de las películas españolas más sorprendentes y rotundas de los últimos tiempos, que a pesar de sus defectos, que los tiene y no son pocos ni triviales, posee bastantes virtudes y una incontestable fuerza dramática que la erigen en una rara y poderosa muestra de desesperanza y nihilismo, una historia capaz de atrapar al espectador más desmotivado y de proporcionarle dos horas de imágenes descarnadas pero elegantes.


Ayer, todavía en la oscuridad del cine, mientras veía pasar los títulos de crédito de 7 vírgenes, me dieron ganas de ponerme de pie, alzar mis brazos al cielo, o en este caso al techo, y gritar ¡Por fin! ¡Por fin! Aunque en el último momento, por pudor, me contuve.