
Mucho se ha hablado sobre la última pelÃcula de David Lynch pero me parece que son muy pocos los que han hablado habiéndola visto, y menos aún, casi nadie, los que han dicho algo sin haberla entendido.
Porque se supone que ‘Inland Empire’ no hay que entenderla. Algo asà como lo que pasó con la apasionante ‘Mulholland Drive’. El motivo es que el propio Lynch deslizó a los medios de comunicación que no sabÃa lo que estaba rodando. Esto puede tomarse en serio o, como yo, en broma. Exacto, no creo que Lynch filmase esta pelÃcula sin tener idea de conjunto e, incluso, sin saber el propósito de cada secuencia que rodaba. Pero está claro que es mucho más sencillo decir que no la pelÃcula no va de nada y dejar reposar el trasero en el sofá, cómodamente, pensando en lo que se tiene que hacer al dÃa siguiente, mientras pasan los minutos. Lynch no sabÃa lo que hacÃa, asà que, ¿para qué esforzarme yo?
Bueno, es una actitud tan respetable como otra cualquiera. Pero creo que no es la adecuada. Por mi parte, me tomé el visionado de ‘Inland Empire’ como un ejercicio de destreza mental, como si se tratase de un gran acertijo cinematográfico, donde el director me quiere contar algo pero no lo va a hacer de un modo convencional, donde lo que se ve y se oye no es necesariamente lo que ocurre en la historia, sino sólo un instrumento más para componer una obra artÃstica diferente, cautivadora. Asà me lo tomé. Sin embargo, en mi papel, Lynch no me dio lo que esperaba. Supongo que, a veces, soy muy exigente.