
El pasado viernes 13 de junio llegó a nuestras pantallas ‘El Incidente’, la nueva y esperada película de M. Night Shyamalan. Shyamalan podría necesitar presentación hace unos años, pero no ahora. No al menos entre los que van al cine para algo más que convertirse en un mero consumidor de palomitas y refresco. Tampoco entre los que entienden que el cine no se acaba en el blanco y negro, ni en el cine europeo, ni en el asiático. Y menos aún entre los que van a una sala de cine para que les sorprendan. Especialmente este grupo era el que, creo, más ganas tenía de ver ‘El Incidente’. Al menos, yo me incluyo ahí y estaba deseando ver este film.
Tan discutidas como admiradas, las obras de Shyamalan (dos de ellas, magistrales) acostumbran a venir precedidas de trailers impactantes que luego provocan la ira en un grupo de espectadores, que se sienten timados (como si alguien les hubiese obligado a ir al cine). Precisamente, el trailer de su último film me había parecido tan bueno que, acto seguido, me preocupó; me dio la impresión de que tantas expectativas difícilmente iban a poder ser satisfechas. Shyamalan nos había sorprendido, inquietado y emocionado, hasta ahora; nos había hecho reflexionar y reír. Esperábamos un soplo de aire fresco (algo de soplo hay, efectivamente), en un año donde los estrenos no nos están entusiasmando demasiado (más bien al revés). Y, sin embargo, la vuelta de unos de los realizadores más facinantes de la última década es, en general, decepcionante. Sí, inquieta, sí, entretiene; pero uno espera más de un cineasta de su calibre. Nada, que 2008 no es el año de los aficionados al séptimo arte. ¿Será para los del fútbol?


La novela de Alfredo Bryce Echenique ‘Un mundo para Julius’ cuenta la historia de un niño de clase alta y huérfano de padre, cuya vida transcurre entre la servidumbre, la superficialidad de su entorno y el sincero cariño que le ofrece su madre, Susan. La vida de Julius cambia cuando su madre se vuelve a casar. 




