'La joven del agua', la cumbre del cine fantástico

Que el cine fantástico es una de las formas de representación más difíciles de dominar para cualquier artista es algo patente en el hecho, incuestionable, de las pocas obras (cinematográficas o literarias) abiertamente fantásticas (como ésta) que consiguen alcanzar una altura estética y, más aún, que sobreviven al paso del tiempo, pero estamos saturados de muchísimas historias fantásticas que no tienen pinta de perdurar. Doy por hecho que el lector de éstas líneas sabe diferenciar entre ficción científica y fantasía, y que aprecia ambas formas, aunque son radicalmente opuestas.
Una de las características más importantes de la fantasía es la necesidad de que el autor haga sentir al espectador que por muy fantasiosos que sean los elementos de su historia, puede creer ciegamente en ellos. De hecho, es un acto de fé. Quizá por eso sólo los más grandes artistas han sabido domeñar la fantasía y hacerla suya. Pero es que, ¿hay un acto de fe más grande que modelar una obra de arte? Pues bien, uno de esos grandes artistas es el norteamericano, de origen hindú, M. Night Shyamalan. Aquí alcanza el techo de los maestros con la que de lejos es su obra mejor formalizada, la más hermosa, libre, compleja película que ha escrito y dirigido.


Después de que hayáis pasado la noche pendientes de
Como ya va siendo tradición, el colectivo 

Tras el fracaso comercial y las numerosas malas críticas (público incluido) que ha recibido 