'12 trampas', del puro entretenimiento al desvergonzado plagio

Renny Harlin no necesita presentación para muchos de vosotros. Aunque ahora su nombre parece bastante olvidado —y no me parece que injustamente—, en la década de los 90 estuvo muy presente, sobre todo en el cine de acción. Ligado a películas tan buenas como ‘La jungla 2: alerta roja’ (‘Die Hard 2’, 1990) —aún hoy su mejor película—, tan fallidas como ‘Memoria letal’ (‘The Long Kiss Goodnight’, 1996) —en su momento el guión más caro de la historia del cine—, tan entretenidas como ‘Deep Blue Sea’, o tan vergonzosas como un montón de títulos que prefiero no nombrar. Hace poco nos llegó ‘Cleaner’, una especie de resurrección del posible talento que Harlin pueda esconder, un retorno a cierta sobriedad ausente de un tipo de cine marcado sobre todo por el mareo, la taquicardia y la vacuidad. Por contra, la primera hora de ‘12 trampas’ (‘12 Rounds’, 2008) es un regreso sin prejuicios al buen cine de acción de los 80, devolviéndole parte de su esplendor.
El tramo final es una reunión de tópicos mal enlazados en la que Harlin despliega todos sus tics —los malos, claro—, estropeando todo lo narrado hasta ese momento. Aunque lo más llamativo, lo más vergonzoso es presenciar como este director se ha prestado a filmar lo que es un plagio descarado de ‘Jungla de cristal: la venganza’ (‘Die Hard: With a Vengeance’, 1995), una de las últimas muestras del buen hacer de John McTiernan, éste sí un excepcional director de cine de acción.




