‘Libertad para morir’ (Death Warrant, 1989) es Van Damme haciendo cine negro tradicional, una épica carcelaria, lo que viene a ser añadir sufrimiento en todos y cada uno de los antagonistas: no vayan a dudar que sus traseros serán pateados, pero que además el sudor, tan caro a esos primeros planos cargados de intensidad en el género, se va a cargar de un encuentro físico con la verdad. En anteriores aventuras, descubrimos a Van Damme a hostias con la vida, pues ahora reescribe el Falso Culpable a puñetazos, un juicio de hostias en el que el villano es el Hombre de Arena, llamado Sandman por alguna cosa.
‘Libertad para Morir’ es ver al guionista David S. Goyer entregando su más fiel, su mejor obra, mientras los que ahora loan su trabajo, de cartón y piedra y sin la mitad de honestidad, porque la cosa va de controlar los arquetipos y no ser pretencioso, escribiendo esas nolanadas padre, entregar un libreto sencillo, en el que al final al villano le parten la cara por abusar de vileza y por meter en la cárcel al tipo equivocado, pero es que además, con estas películas, descubre uno que equivocado se refiere también no ya al error evidente de encarcelar a un inocente sino de encarcelar al héroe, listo para hacer de su inocencia un bastión de manotazos y pasos de ballet frustrados por el cuerpo de otro secuaz, porque Goyer escribiría esta misma película, en la que también hay un científico loco y un villano-estólido y un viaje del protagonista hacia su lado oscuro, con pretensiones y caricaturescos diálogos y aquí era capaz de tomar esquemas naturales y darles una variación, un juego mucho más divertido.
‘Libertad para morir’ es ver a Deran Sarafian entregar lo más parecido que ha dado el mundo de Hollywood, ese lugar con frecuencia inhóspito y con una tendencia atroz a sobreponerse a los cambios con mayor aparatosidad y con una tendencia todavía más abusiva y enfermiza a autorizar fusiones, convencer a cualquier hombre con furia visual para neutralizar sus propuestas y hacer de las escenas de acción una fiesta vulgar de montaje y composición y aquí todo lo que se usa se hace con lo que de verdad importa, la convicción.



Hoy en día encontramos poquísimos personajes femeninos interesantes. ¿Es culpa del cine o es un reflejo de nuestra sociedad?