
Qué grande es la sensación al salir del cine, de haber disfrutado completamente de la película. Con ganas de caminar, en la noche, de charlar, de comentar escenas… que poco me pasa últimamente, pero como compensa cuando pasa.
Cabeza de perro es una de esas películas. Esas que no te dejan margen a ponerle peros, a buscarle defectos, o a intentar en la oscuridad descifrar la hora que marca el reloj.
Un fantástico cuento (o un cuento fantástico) que engancha de principio a fin, mostrando las aventuras de Samuel, un chico de 18 años que debido a una extraña enfermedad neurológica, ha vivido siempre sobreprotegido por su familia, y que por unas serie de casualidades se encuentra solo en Madrid, intentando sobrevivir al día a día.
Este personaje tan especial, como ya habíamos comentado, lo interpreta Juan José Ballesta, confirmando así por fin, no sólo que puede hacer papeles distintos, si no que puede adueñarse de ellos, y encima aportarle la misma dosis de naturalidad que ha demostrado en sus anteriores trabajos.

