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Después de muchos meses de interminables ajustes en la producción y en la post-producción, nos llega la que se supone es la puesta al día del mito del Hombre Lobo. Parecía que no iba a estrenarse nunca, y aquí la tenemos. Aunque a tenor de lo visto, no hubiera sido ninguna desgracia que nunca hubiera llegado a las pantallas. El género fantástico, una vez más, sufre de una aportación perpetrada por un director absolutamente incompetente, que pretende desplegar un gran amor por el cine en este homenaje/remake, pero que lo único que deja claro es su interés por el negocio y su nulo conocimiento del medio.
Basada, o eso dicen, en el clásico de 1941 interpretado por Lon Chaney Jr. y dirigido por George Waggner (un filme bastante anquilosado, encorsetado, que ha envejecido muy mal, pero que muchos veneran como la película fundacional del mito), o más bien en el guión de Curt Siodmak, la estrategia consistía en rehacer aquella película, modernizándola y dándole un aire nuevo, pero lo único que han conseguido es demostrar una incapacidad manifiesta, en un conjunto que, desde el mismo comienzo, se instala en la más aplastante mediocridad, y en muchos momentos roza el ridículo más espantoso.



