
En la versión española de Cahiers, que adquiero regularmente, aunque no siempre me interesan sus contenidos con la misma intensidad, están discutiendo en los últimos números, en la sección Itinerarios, sobre las encrucijadas de la crítica de cine moderna. Más concretamente, sobre las diferencias entre crítica y análisis, y en la última edición, sobre el fructífero camino que pueden lograr ambas disciplinas si se complementan entre sí. Algo con lo que, a grandes rasgos, estoy de acuerdo.
Escribo críticas de cine en este blog (y antes lo hice en otros sitios), y también escribo análisis. Pero además de eso soy lector de muchas críticas y de pocos análisis. Y leyendo críticas muchas veces acabo hasta los mismísimos de encontrarme continuamente con los lugares comunes habituales, con las mismas perogrulladas, clichés, ideas chorras, prejuicios someros, pobres estructuras de pensamiento, argumentos irrelevantes. No me extraña que muchos detesten a los críticos de cine: muchos de ellos se merecen justamente eso. El grueso de la profesión escribe las mismas bobadas.


