Mis secuencias mágicas de cine: Anton Chigurh y el poder del miedo

Suelo comentar con frecuencia una obviedad, pero que encierra mucha mala leche detrás. ¿A quién pertenece realmente al autoría de una película? ¿Al director o un actor que en absoluto estado de gracia llena con su presencia todos los poros de los fotogramas en los que aparece elevando la calidad de la película?
Hace aproximadamente un año, en la ceremonia de los Oscar del 2008, la Academia coronó a los Hermanos Coen sobre la base de un personaje memorable como es Anton Chigurh, que tuvo el añadido de poner a todo el mundo de acuerdo con la interpretación realizada por Javier Bardem... La preparación del personaje fue una oda a los detalles: los andares, la forma de contar las cosas y el acento para hablar, el manido corte de pelo… Sin embargo, lo que vengo a hablar en estas entradas es de secuencias determinadas, y en ‘No es país para viejos‘, la que se lleva la palma es la conversación en la gasolinera con el asesino, de un dependiente cuyo error es ser demasiado observador y agradable con sus clientes.
