
Los fantasmas no están ligados a ningún lugar, sino a las personas, a los vivos-Boonmee
Antes de enfrentarme a mi segunda experiencia con el joven director tailandés Apichatpong Weerasethakul, constato que la consecución de la Palma de Oro de Cannes con ésta ‘Uncle Boonmee recuerda sus vidas pasadas’ no ha hecho más que acentuar las hostilidades entre ciertos sectores de la crítica. A un lado, críticos como Carlos Boyero, Alberto Luchini o nuestro Juan Luis Caviaro. La odian sin ambages, representa para ellos el mal, todo lo que de pedante, vacío y fatuo tiene el cine considerado como “de autor”. Al otro, una revista como Cahiers du cinèma, Jordi Costa o Quim Casas. Fantástica, innovadora, un hito en la historia del séptimo arte, un volver a empezar semejante al de los Lumière. ¿Quién se equivoca? No lo sé, pero me muero por verla.
Ya adelanto que, sin posicionarme claramente en ninguno de los dos bandos irreconciliables, me ha gustado, y bastante, el personalísimo universo fílmico del director tailandés. No creo que haya inventado nada, pero tampoco veo necesario convertirlo en piñata por haber cometido el pecado de ganar el certamen cinematográfico más prestigioso del mundo. Si consigo interesar a alguien con este artículo e incitarle a ver una forma distinta de hacer cine —aunque al final no le guste—, y hablar de algo distinto a la Santísima Trinidad de este blog (sí, Nolan, Shyamalan y Cameron, habéis acertado) habré triunfado. Sin más, paso a explicar mis razones. Con SPOILERS.








