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		<title>Blogdecine</title>
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		<description>
Blog de cine, los trailers y críticas de películas de todos los estrenos. Información sobre futuros rodajes y todo sobre las estrellas.		</description>
		<pubDate>Wed, 25 Nov 2009 04:50:48 +0000</pubDate>

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      <title><![CDATA[Coppola y el cine electrónico]]></title>
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      <pubDate>Mon, 08 Jun 2009 16:38:34 +0000</pubDate>

      <author>Adrián Massanet</author>
      <description><![CDATA[
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      <p><img id="image26369" src="http://img.blogdecine.com/2009/06/coppola_500.JPG" class="centro" alt="coppola.JPG" /></p>

	<p><blockquote><br />

Mi película no trata sobre Vietnam. Mi película es Vietnam</blockquote></p>

	<p>-Francis Ford Coppola.</p>

	<p>En la ceremonia de los premios Oscar del año 1979 (televisada como todas, y de la que ofrecemos aquí arriba una imagen) Coppola, acompañado de una atónita <strong>Ali MacGraw</strong> (con un peinado que, ciertamente, la vuelve casi irreconocible), lanzaba una perorata sobre el futuro del cine, la cual puede visionarse casi íntegra en los estupendos contenidos adicionales de la edición en Dvd de <strong>&#8216;Corazonada&#8217;</strong>. El cineasta, con su habitual vehemencia, hablaba en la entrega de un premio sobre de qué manera el cine electrónico <strong>iba a cambiar el panorama para siempre</strong>.</p>

	<p>Un año después, en ese mismo lugar, &#8216;Apocalypse Now&#8217; iba a verse ninguneada de manera deleznable por los académicos. Nadie ha conseguido jamás ser premiado tres veces consecutivas en los Oscar, y Coppola no iba a ser una excepción. De sus ocho nominaciones, sólo consiguió dos, mejor sonido y mejor fotografía. Ambos no sólo justos, sino impecables. Pero con sus otras seis, tendría que haber conseguido, al menos para mí, <strong>los de mejor película, director, actor de reparto, montaje y guión adaptado</strong>. Y no incluyo dirección artística porque se lo dieron a mi venerada <strong>&#8216;All That Jazz</strong>.</p>

	<p><!--more--></p>

	<p>Que sobre esta obra imperecedera se imponiese la ciertamente interesante, pero muy menor, <strong>&#8216;Kramer contra Kramer&#8217;</strong> (dirigida por el siempre impersonal <strong>Robert Benton</strong> y por los incomensurables, siempre también, <strong>Dustin Hoffman</strong> y <strong>Meryl Streep</strong>), da una idea del disparate del reparto de estos premios insulsos de aquel año. Ha habido años con jugadas similares, pero pocos tan sangrantes y absurdos. La película de Benton, a mi juicio, <strong>debería haberse llevado sólo los correspondientes a intérpretes</strong>. Y con esto hubiera bastado para premiar lo mejor de ella.</p>

	<p>Pero de todas formas esta pataleta tampoco tiene mucha enjundia, porque estos premios hace mucho tiempo que, al menos para los que pasamos un poco de las reglas de Hollywood, dejaron de tener demasiada importancia. Sobre todo para confirmar qué es lo mejor del año. No por eso &#8216;Apocalypse&#8217; pierde un ápice de su valor, pero hay cosas que claman al cielo. En cualquier caso, lo más importante es que Coppola vio que las enormes deudas que se había obligado a contraer a la hora de salvar la producción de su película sobre Vietnam, estaban ahora cubiertas, y más que eso, gracias al éxito de la película. <strong>Había recuperado su libertad</strong>.</p>

	<p><img id="image26370" src="http://img.blogdecine.com/2009/06/coppola2_500.JPG" class="centro" alt="coppola2.JPG" /></p>

	<p>El más que notable éxito de público de Apocalypse se vio refrendado en Cannes, donde, aún sin terminar su montaje, se llevó la Palma de Oro (la segunda de su carrera) ex-aqueo con <strong>&#8216;El tambor de hojalata&#8217;</strong>, la magnífica película de <strong>Volker Schlöndorff</strong>. Ahí tuvo lugar la famosa cita que reproducimos, parcialmente y sólo en su segmento más famoso, en la parte superior de ésta entrada. <strong>Y ahí exhibe Coppola su manera de afrontar el arte, la misma que desde blogdecine estamos intentando dejar patente con este análisis</strong>. Es imposible discernir dónde acaba su vida y dónde empieza su arte. Si &#8216;Apocalypse Now&#8217; fue un cataclismo en el rodaje, en la postproducción y en la retina de los espectadores, también fue un cataclismo su vida.</p>

	<p>Atravesó uno de los peores baches en su relación con su esposa, de la que estuvo a punto de separarse, y, enardecido por su triunfo, tomó la decisión de trasladar sus oficinas a L.A., manteniendo eso sí el local fundacional de Zoetrope. El cineasta había jugado cuádruple o nada contra la banca, a sacar siete sietes seguidos en los dados, y había ganado. Se creía imparable, invencible, invulnerable. En una década había firmado cuatro películas. <strong>Cuatro obras maestras incontestables</strong>. Había ganado dos Palmas de Oro, y cinco Oscar personales (el díptico del Padrino acumulaba nueve). Cerrados los setenta, se abría una nueva etapa.</p>

	<p>Y si con &#8216;Apocalypse Now&#8217; había alcanzado, quizá, lo máximo que puede alcanzarse con celuloide, con scope y con negativo, con &#8216;Corazonada&#8217; quería algo completamente diferente. Para él el cine del futuro era electrónico, en la mayoría de sus componentes, y estaba dispuesto a poner todo de su parte para hacerlo realidad. Compra con todo el dinero que tiene los míticos Hollywood General Studios, dispuesto a competir con las grandes compañías puerta con puerta. Pone a sus mejores amigos, grandísimos profesionales, en nómina. Y llama a algunos de sus directores favoritos (Herzog, Wenders, Syberberg, Godard) para que puedan estar a su lado en el nacimiento de una nueva era. <strong>Su ambición, su entusiasmo y su pasión no conocen límites</strong>.</p>

	<p>Filma la película, toda ella, en interiores, en oposición a los vastos espacios naturales de Filipinas. De nuevo con Storaro a los mandos de la luz. De nuevo con Tavoularis diseñando una ciudad icónica. Se hace construir el Silver Fish, una caravana desde la que puede comunicarse con todos sus colaboradores, y diseñar el plano según se va componiendo, y editar todo lo rodado en la misma jornada. Coppola es el primero en usar un video assist (en realidad varios). Sus actores cuentan hasta con tres meses de ensayos. Todos los viernes hay una macrofiesta en el estudio a la que asisten sus amigos cineastas.</p>

	<p>¿Podía imaginar el director que con esta película, con este capricho estético, se hundiría en la bancarrota más brutal, y que debido a ella se pasaría <strong>una década esclavizado por los grandes estudios</strong>?</p>

<h2>Estudio F.F. Coppola en Blogdecine</h2>

	<ul>
		<li><a href="http://www.blogdecine.com/default/francis-ford-coppola-el-artista-maldito">Francis Ford Coppola, el artista maldito</a></li>
		<li><a href="http://www.blogdecine.com/directores/francis-ford-coppola-loco-por-el-cine">Francis Ford Coppola, loco por el cine </a></li>
		<li><a href="http://www.blogdecine.com/directores/francis-ford-coppola-un-hombre-de-familia">Francis Ford Coppola, un hombre de familia</a></li>
		<li><a href="http://www.blogdecine.com/directores/el-padrino-cinco-hijos-y-un-padre">&#8216;El padrino&#8217;, cinco hijos y un padre </a></li>
		<li><a href="http://www.blogdecine.com/default/el-padrino-el-destino-de-michael">&#8216;El padrino&#8217;, el destino de Michael</a></li>
		<li><a href="http://www.blogdecine.com/default/el-padrino-manchandose-el-traje-de-sangre">&#8216;El padrino&#8217;, manchándose el traje de sangre </a></li>
		<li><a href="http://www.blogdecine.com/default/el-padrino-paraisos-perdidos">&#8216;El padrino&#8217;, paraísos perdidos </a></li>
		<li><a href="http://www.blogdecine.com/default/el-padrino">&#8216;El padrino&#8217;, obra maestra </a></li>
		<li><a href="http://www.blogdecine.com/default/francis-ford-coppola-una-nueva-vida">Francis Ford Coppola, una nueva vida </a></li>
		<li><a href="http://www.blogdecine.com/default/la-conversacion-el-sonido-de-la-soledad">&#8216;La conversación&#8217;, el sonido de la soledad</a></li>
		<li><a href="http://www.blogdecine.com/default/francis-ford-coppola-regresa-michael-corleone">Francis Ford Coppola, regresa Michael Corleone </a></li>
		<li><a href="http://www.blogdecine.com/default/el-padrino-parte-ii-el-origen-de-los-corleone">&#8216;El padrino, parte II&#8217;, el origen de los Corleone </a></li>
		<li><a href="http://www.blogdecine.com/default/el-padrino-parte-ii-la-herencia-de-michael">&#8216;El padrino, parte II&#8217;, la herencia de Michael</a></li>
		<li><a href="http://www.blogdecine.com/criticas/el-padrino-parte-ii-el-hermano-de-michael">&#8216;El padrino, parte II&#8217;, el hermano de Michael</a></li>
		<li><a href="http://www.blogdecine.com/criticas/el-padrino-parte-ii-la-decision-de-vito">&#8216;El padrino, parte II&#8217;, la decisión de Vito </a></li>
		<li><a href="http://www.blogdecine.com/default/el-padrino-parte-ii-perdiendo-a-la-familia">&#8216;El padrino, parte II&#8217;, perdiendo a la familia</a></li>
		<li><a href="http://www.blogdecine.com/default/coppola-en-el-corazon-de-las-tinieblas">Coppola en el corazón de las tinieblas </a></li>
		<li><a href="http://www.blogdecine.com/default/apocalypse-now-sonando-con-la-jungla">&#8216;Apocalypse Now&#8217;, soñando con la jungla </a></li>
		<li><a href="http://www.blogdecine.com/default/apocalypse-now-terminar-al-coronel">&#8216;Apocalypse Now&#8217;, terminar al coronel </a></li>
		<li><a href="http://www.blogdecine.com/default/apocalypse-now-por-el-camino-de-baldosas-amarillas">&#8216;Apocalypse Now&#8217;, por el camino de baldosas amarillas </a></li>
		<li><a href="http://www.blogdecine.com/criticas/apocalypse-now-cabalgando-helicopteros">&#8216;Apocalypse Now&#8217;, cabalgando helicópteros</a></li>
		<li><a href="http://www.blogdecine.com/default/apocalypse-now-nunca-salir-de-la-lancha">&#8216;Apocalypse Now&#8217;, nunca salir de la lancha</a></li>
	</ul>
	<ul>
		<li><a href="http://www.blogdecine.com/default/apocalypse-now-el-puente-de-do-lung">&#8216;Apocalypse Now&#8217;, el puente de Do-Lung</a></li>
	</ul>
	<ul>
		<li><a href="http://www.blogdecine.com/default/apocalypse-now-la-plantacion-francesa">
&#8216;Apocalypse Now&#8217;, la plantación francesa </a></li>
	</ul>
	<ul>
		<li><a href="http://www.blogdecine.com/default/apocalypse-now-el-campamento-de-kurtz">
&#8216;Apocalypse Now&#8217;, el campamento de Kurtz</a></li>
	</ul>
	<ul>
		<li><a href="http://www.blogdecine.com/default/apocalypse-now-el-fin-de-toda-razon">
&#8216;Apocalypse Now&#8217;, el fin de toda razón</a></li>
	</ul>      ]]></description>
      </item>
                    <item>
      <title><![CDATA['Apocalypse Now', el fin de toda razón]]></title>
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      <pubDate>Sat, 06 Jun 2009 13:42:35 +0000</pubDate>

      <author>Adrián Massanet</author>
      <description><![CDATA[
<img src="http://secure-uk.imrworldwide.com/cgi-bin/m?ci=es-rssweblogs&amp;cg=0&amp;si=http://www.blogdecine.com/index.xml" alt=""/> 
      <p><img id="image26342" src="http://img.blogdecine.com/2009/06/apocalypse11_500.JPG" class="centro" alt="apocalypse11.JPG" /></p>

	<p><blockquote>El horror&#8230;el horror</blockquote></p>

	<p>-Kurtz</p>

	<p>Los últimos minutos de esta película son de lo más existencialista, moralmente aterrador, formalmente al límite que un espectador puede encontrar en toda la historia del cine norteamericano. Willard, ahora cautivo de Kurtz, es el testigo privilegiado (y nosotros con él, pues siempre el punto de vista es el suyo) de un dantesco episodio del que va a ser el protagonista, muy a su pesar. Pero primero seguimos al Fotógrafo de Prensa, <strong>Dennis Hopper</strong>, que camina por un sendero por el que se cruza con soldados/guerreros de Kurtz, muchos de los cuales cargan con cadáveres mutilados, probable resultado de alguna escaramuza. Uno de los prisioneros enjaulados es Willard, a quien el fotógrafo lleva un poco de agua, y le pregunta: ¿cómo es que un buen hombre como usted quiere matar a un genio?</p>

	<p>Realmente el personaje de Hopper es esencial para hacer que el relato se precipite hacia su final con naturalidad. Es un personaje-bisagra, que le da pistas a Willard (a nosotros). Y las frases que pronuncia, aún bañadas de <span class="caps">LSD</span> y enfebrecidas, son certeras a poco que uno se fije: &#8220;ese hombre tiene la mente lúcida pero el alma loca&#8221;. Lo que está haciendo es anticipar su papel a Willard, anunciarle que le pasa el testigo y que va a ser él el único que quede con vida y que pueda contar la verdad. De modo que el fotógrafo es una especia de Coppola colocado y lisérgico, <strong>que dirige a su personaje a donde quiere</strong>. Este alter-ego susurra a Willard, le guía, como un director de cine.</p>

	<p><!--more--></p>

	<p>Pero aunque el destino de Willard parezca escrito de antemano, <strong>este personaje tendrá que pasar duras pruebas antes del final</strong>. Si quiere tener el derecho de matar a Kurtz y, o bien sucederle, o bien contar la verdad, primero tiene que conocer el horror. ¿De qué otro modo podría desempeñar cualquiera de las dos opciones? Y el horror de frente, sin paliativos. Cuando Chef (<strong>Frederic Forrester</strong>) se percata de que ha llegado el momento de pedir el ataque aéreo, tiene lugar uno de esos momentos en los que me baso para afirmar el enorme talento que posee Coppola filmando cine de horror. Una obsesiva percusión, que parece latir desde las mismas entrañas de la imagen, adereza el caminar de Kurtz, que se acerca de noche a un Willard aniquilado pero aún con vida. Es posible que al ver llegar a su reflejo, Willard crea que le ha llegado la hora. Pero algo mucho peor va a experimentar.</p>

	<p><img id="image26343" src="http://img.blogdecine.com/2009/06/apocalypse21_500.JPG" class="centro" alt="apocalypse21.JPG" /></p>

	<p>Imposible no enlazar esa cabeza cercenada de Chef sobre las piernas de Willard con aquel pez envuelto en el chaleco anti-balas que anunciaba la muerte de Luca Brasi en <strong>&#8216;El Padrino&#8217;</strong>. Resulta tentador interpretar este gesto bestial como un mensaje en el que Kurtz avisa a su prisionero de que va a tener que ganárselo sin la ayuda de otros, y sin bombas. Willard, que tiene un ataque de ansiedad, exclama muy significativamente, entre sollozos: &#8220;¡Dios!, ¡Oh, Dios!&#8221;. por eso la siguiente escena, que fue cortada para cines pero que puede verse en el Redux, es tan fundamental y fluye con tanta fuerza en el relato. Willard despierta en la oscuridad y un rayo de luz proveniente de algún agujero en el techo de su nueva celda. Despertando poco a poco, se da cuenta de que varios niños (uno de ellos, ¡el propio Kurtz, identificado así como un niño espiritual!) le observan.</p>

	<p>Esta escena no puede entenderse sino como una resurrección en toda regla, una purificación de Willard, provocada por haber vivido el mayor horror imaginable. Se le abren las puertas de la celda (¿del cielo?), y es Kurtz (¿Dios? ¿el Diablo&#8217; ¿Oz?) quien las abre, para a continuación leerle un artículo del Time Magazine (?). No cabe imaginar una actitud más incongruente en este momento del relato. <strong>Pero ya no estamos bajo los códigos de un relato convencional, sino en otro mundo, estética y conceptualmente</strong>. Willard queda libre, aunque bajo vigilancia, y no le permiten marcharse. ¿Podría esto interpretarse, a su vez, como un hipotético Cielo? Willard va a conocer y experimentar cosas inenarrables, en un entorno que podría considerarse, si el hombre no hubiera puesto sus zarpas en él, de auténtico paraíso.</p>

	<p>Willard se encuentra en todo momento, salvo en su escena final, cuando ya está recuperado, en un estado de trance, entre la vida y la muerte. Así lo ha querido Kurtz para que su mente se vea libre de prejuicios y lo observe todo sin el filtro de una conciencia preestablecida. En este renacer, el espectador siente una catarsis difícil de describir. <strong>Cuando se está al borde de la muerte, pero se continúa con vida, todo adquiere más valor</strong>. </p>

	<p>En el discurso final de Kurtz a Willard, asistimos a la constatación del horror del mundo, en una crítica feroz, sombría y descarnada al Hombre, como la figura trágica y cruel que es. Kurtz explica aquella experiencia que tanto intrigaba a Willard, cuando leyó en el dossier que había vuelto de una misión en Vietnam y todo había empezado a torcerse. <strong>Ya no queda nada, sólo los rostros de ambos</strong>. El fondo son tinieblas. Son un hablante y un receptor envueltos en la escuridad, pero iluminados por ellas. &#8220;El horror tiene rostro y debes hacerte amigo de él. El horror y el terror moral son amigos, porque si no lo son son enemigos terribles&#8221;, dice el coronel. Esto explica el tema final de la película y todo lo que esta significa. </p>

	<p><img id="image26344" src="http://img.blogdecine.com/2009/06/apocalypse31_500.JPG" class="centro" alt="apocalypse31.JPG" /></p>

	<p>Las personas capaces de provocar el horror no son monstruos, son hombres. Así es el ser humano. Willard se miró en el espejo y vio a Kurtz, le invocó. Coppola también coloca un espejo delante del espectador, y el reflejo no son monstruos, sino ellos mismos, la cruel criatura &#8220;dueña de la cración&#8221; llamada hombre. Kurtz es tan lúcido que es el hombre más roto que imaginar quepa. <strong>Ha visto cuál es la verdad</strong>. Ha visto de lo que somos capaces, y que detrás del dolor sólo queda dolor.</p>

	<p>Vemos a Willard observar su propia mano y moverla. Es como si volviera a sentirla, como si fuera un ser físico de nuevo. Ha llegado el momento y lo sabe. Está restablecido y listo para cumplir su destino. Encadena a una imagen perturbadora de Kurtz recortado sobre el fondo, como una sombra. Cerca de él un caribú baja las escaleras. De esa forma Coppola les hermana. Si el sacrificio al caribú es el sacrificio del cuerpo de Kurtz, no podían hermanarse de un modo más explícito. Los lugareños proceden a un ritual de muerte, sangre y éxtasis. Willard despierta en su lancha: &#8220;por esto me ascenderían a comandante, y yo ya no estaba en su jodido ejército&#8221;. Se lanza al río a por él, zambulléndose, <strong>y emerge del lecho como una criatura surgida del principio de los tiempos</strong>. </p>

	<p>Regresan los <strong>The Doors</strong>. Kurtz se retira a sus &#8220;iluminados&#8221; aposentos. Willard, ahora una sombra invisible para los lugareños, se interna en su templo. Como un guerrero inmemorial, Willard cumple su cometido de forma salvaje y sin juzgar. Como en &#8216;El Padrino&#8217;, la muerte se pone en paralelo con otro momento. Aquí es la muerte a hachazos del caribú. Cuando todo ha acabado se hace el silencio. Pero dura poco. Willard se estruja la cabeza con sus manos, como si su cabeza fuera a estallar. Regresa la música escrita por Coppola. Willard descubre el mensaje escrito por Kurtz: &#8220;lanzad la bomba, exterminadles a todos&#8221;, y se sienta en su escritorio, <strong>ante la misma máquina de escribir de Coppola</strong>.</p>

	<p>Al salir, parece un dios sangriento, y todos se postran ante él. Inenarrable resulta esta imagen, de una fuerza estremecedora. Cuando Willard lanza su arma contra el suelo, el eco de su caída parece surgir del mismo infierno. Ve a Lance y se lo lleva, como un Dios tirano que salva a un elegido. Concluye así esta obra de arte.</p>

	<p><img id="image26345" src="http://img.blogdecine.com/2009/06/apocalypse41_500.JPG" class="centro" alt="apocalypse41.JPG" /></p>

	<p>Mucho se habló en su momento de su final alternativo. Pero en realidad fue concebida sin títulos de crédito al principio y al final, y las imágenes de la destrucción del campamento fueron añadidas porque se consideró que era un material magnífico. Filmado con numerosas cámaras, algunas de ellas infrarrojas, resultan una escena añadida de gran capacidad de sugerencia, quizá la perfecta conclusión a esta película imperecedera. </p>

	<p>Hasta aquí hemos llegado con esta película. Creo que el esfuerzo ha merecido la pena.</p>

	<p><img id="image26346" src="http://img.blogdecine.com/2009/06/apocalypse6_500.JPG" class="centro" alt="apocalypse6.JPG" /></p>

<h2>Estudio F.F. Coppola en Blogdecine</h2>

	<ul>
		<li><a href="http://www.blogdecine.com/default/francis-ford-coppola-el-artista-maldito">Francis Ford Coppola, el artista maldito</a></li>
		<li><a href="http://www.blogdecine.com/directores/francis-ford-coppola-loco-por-el-cine">Francis Ford Coppola, loco por el cine </a></li>
		<li><a href="http://www.blogdecine.com/directores/francis-ford-coppola-un-hombre-de-familia">Francis Ford Coppola, un hombre de familia</a></li>
		<li><a href="http://www.blogdecine.com/directores/el-padrino-cinco-hijos-y-un-padre">&#8216;El padrino&#8217;, cinco hijos y un padre </a></li>
		<li><a href="http://www.blogdecine.com/default/el-padrino-el-destino-de-michael">&#8216;El padrino&#8217;, el destino de Michael</a></li>
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	</ul>
	<ul>
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	</ul>
	<ul>
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&#8216;Apocalypse Now&#8217;, la plantación francesa </a></li>
	</ul>
	<ul>
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&#8216;Apocalypse Now&#8217;, el campamento de Kurtz</a></li>
	</ul>      ]]></description>
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                    <item>
      <title><![CDATA['Apocalypse Now', el campamento de Kurtz]]></title>
      <link>http://www.blogdecine.com/criticas/apocalypse-now-el-campamento-de-kurtz</link>
      <guid>http://www.blogdecine.com/criticas/apocalypse-now-el-campamento-de-kurtz</guid>
      <pubDate>Thu, 04 Jun 2009 05:23:32 +0000</pubDate>

      <author>Adrián Massanet</author>
      <description><![CDATA[
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      <p><img id="image26258" src="http://img.blogdecine.com/2009/06/apocalypse1_500.JPG" class="centro" alt="apocalypse1.JPG" /></p>

	<p><blockquote>Verá, con el coronel no se habla. Se le escucha. Ha expandido mi mente. Es un poeta guerrero al estilo clásico</p>

	<p>(Hey, mac. You don&#8217;t talk to the colonel. Well, you listen to him. The man&#8217;s enlarged my mind. He&#8217;s a poet warrior in the classic sense)</p>

	<p>- Fotógrafo de prensa</blockquote></p>

	<p>Una espesísima niebla, como el aliento de un dragón, no permite a los ocupantes de la patrullera ver más allá de su mano. Phillips quiere detenerse, y se inicia una discusión con Willard. Su frágil relación parece a punto de romperse. Al levantarse la niebla pueden ver un reguero de cadáveres por ambas orillas. De pronto se inicia una lluvia de flechas y todos se preparan para combatir. El único que se da cuenta de que son flechas de juguete es Willard. Lance, que está completamente ido desde hace muchos días, <strong>juega con ellas y simula haber sido alcanzado</strong>. Sin embargo, cosa extraña, la única arma mortífera, una lanza, atraviesa a Phillips, quien antes de morir intenta arrastrar a la muerte a Willard.</p>

	<p>Esta extraña secuencia es el último bloque de transición antes de la llegada al campamento de Kurtz. Y los atacantes, como sospecha Willard, eran los propios hombres de Kurtz. El jefe Phillips tenía que morir para que la llegada al campamento se produjese tal como Kurtz quería. No es una muerte al azar, aunque lo parezca. A partir de ahí quedan los últimos momentos del viaje, con Willard echando al río las páginas de su dossier, Lance efectuando extraños movimientos marciales. Justo en el momento en que llegamos, <strong>Coppola tiene la genial y perturbadora idea de superponer el último plano del barco en trayecto con una estatua de piedra de múltiples rostros</strong>. Por fin han llegado.</p>

	<p><!--more--></p>

	<p>Es muy importante constatar que en el primer momento no vemos el campamento, sino a Willard mirando el campamento. Es decir, no es el objeto lo que importa, sino el punto de vista de quien lo observa. Y aquí el punto de vista es el de Willard, desde el principio. La música es sórdida, con un persistente latido en forma de notas obsesivas, como las que oíamos a menudo en &#8216;El Padrino&#8217;. Como fantasmas, una horda de indígenas pintados de blanco, <strong>terminan por engullir a la patrullera sin tocarla</strong>. Es como un rito. Miles de indígenas, al servicio de Kurtz, les observan. El paisaje es dantesco. Unas esclaeras surgen del río y se internan en una jungla impregnada de una niebla amarilla y roja, enfermiza. Al fondo se ven varios templos paganos.</p>

	<p>El aire puede cortarse con cuchillo. Y una voz surge de entre los guerreros de Kurtz, intentando tranquilizarles: &#8220;todo está bien, ha sido aprobado&#8221;. Ellos no se pueden creer que alguien hable su idioma. Chef no se fía. Por cierto que en lugar de casco lleva puesta una enorme hoja recogida de alguna parte, definitivamente las normas del ejército no pueden aplicarse ahí. El extraño personaje les recomienda encender la sirena. Y de pronto todos se asustan y salen corriendo, permitiéndoles desembarcar con mayor tranquilidad. El tipo en cuestión porta media docena de cámaras, y dice ser americano y fotógrafo de prensa. <strong>Y da la sensación de estar completamente chalado.</strong></p>

	<p><img id="image26259" src="http://img.blogdecine.com/2009/06/apocalypse2_500.JPG" class="centro" alt="apocalypse2.JPG" /></p>

	<p>No es otro actor, por supuesto, que <strong>Dennis Hopper</strong>, diez años después de saltar a la fama con la fundacional <strong>&#8216;Easy Rider&#8217;</strong>. Proclive ya, como él mismo ha declarado, al consumo de drogas, se pasó las semanas que participó en el rodaje completamente fuera de sí. <strong>No imagino a otro actor capaz de hacer creíble un personaje tan excesivo</strong>, auténtico puente hacia la extrema locura (¿o lucidez?) de Kurtz. Él sirve de maestro de ceremonias. Hopper, en su condición de eterno rebelde americno, puede hacerlo con naturalidad. Podemos ver pintada en una pared de piedra la inscripción <span class="caps">APOCALYPSE</span> <span class="caps">NOW</span>. También cadáveres descuartizados. ¿Cómo filmar el horror? Coppola lo hace de frente. </p>

	<p>Willard está dispuesto a llegar hasta el final, y le pide a Chef que espere en el barco y si no vuelve que pida el ataque aéreo. Quizá Willard ya ha aceptado que no puede lograr la misión&#8230;al menos solo. No llega lejos, en cuanto se adentra en el campamento los hombres de Kurtz le agarran y le reducen. En un alarde, el operador de la cámara da los mismos giros sobre sí mismo que Willard, sin perderle nunca de vista ni de foco, haciéndonos testigos de cómo le aterrorizan y le embadurnan de barro. <strong>Un movimiento que requiere una gran pericia y energía</strong>. Willard por fin va a ver a Kurtz.</p>

	<p>Cuando Coppola se vio en la difícil tesitura de encontrar al actor idóneo para Kurtz, en el primero en quien pensó fue Brando, a quien él había rescatado siete años antes con el papel de Vito Corleone. Pero en primera instancia el legendario actor se negó. El cineasta se vio obligado a barajar toda suerte de posiblidades, hasta llamar a Pacino o Redford, actores que en un principio iban a encarnar a Willard y también se negaron. Desesperado por no conseguir a los actores que necesitaba, <strong>Coppola tiró sus Oscar por la ventana</strong>. Cuenta su hija Sofía que ella y sus dos hermanos los pegaron después, pues estaban hechos pedazos.</p>

	<p>Finalmente Brando aceptó, pero fue una pesadilla. Llegó al rodaje con veinte kilos más de peso que la última vez que se vio con Coppola, y no se había leído ni el libro ni el guión, tal como prometió. Eso sí, recibió el millón de dólares por adelantado, como estipulaba su contrato. Personalmente creo que Brando acabó aportando muchas cosas a la película, y hoy se recuerda con gran admiración su trabajo, pero se comportó como un arrogante y un niño mimado, más aún por hacerlo con un director que, literalmente, le había salvado la carrera confiando en él para <strong>&#8216;El Padrino&#8217;</strong>. Pero este rodaje estaba marcado por la dificultad, y Brando fue <strong>el elemento culminante de una locura de rodaje que impregna cada secuencia de la película</strong>.</p>

	<p><img id="image26260" src="http://img.blogdecine.com/2009/06/apocalypse3_500.JPG" class="centro" alt="apocalypse3.JPG" /></p>

	<p>Cuando Willard entra en los aposentos de Kurtz, y dice eso de que &#8220;allí olía a muerte lenta, a pesadillas y a malaria&#8221;, realmente nosotros, pobres espectadores que quisiéramos soñar conque esos infiernos no pueden existir más que en el cine (pero, ay, existen), percibimos exactamente lo que dice. La enrarecida y angustiosa atmósfera del lugar, con una tenue luz amarillenta, y con profundas y sinuosas sombras, son, más que un lugar, un estado de ánimo. Es el último peldaño de una escalera descendente hacia la locura <strong>que comenzaba con Willard abusando de las drogas y el alcohol y observando su alma reflejada en el espejo</strong>. Por fin ha llegado a donde debía, y no muestra miedo ni duda, sino un profundo interés por el misterioso y aterrador hombre tumbado frente a él. </p>

	<p>Y la forma de mostrar a Kurtz no puede resultar más poética en su formalización. Primero surge su voz de entre la penumbra (¿acaso no es su voz lo primero que conoció Willard de él?) y luego se incorpora ligeramente. Ambos hablan como si fueran viejos colegas veteranos. Luego llega el meollo de la cuestión: ¿por qué le han enviado? ¿qué excusa han puesto? Y poco a poco vamos viendo un poco más del rostro de Kurtz, que procede a refrescarse la cabeza (como si su mente estuviera en llamas) y cuyo cráneo rasurado recibe toda la luz. Finalmente, cuando acusa a Willard de no ser más que un recadero, <strong>su rostro queda en primer plano totalmente iluminado con una dura luz amarilla</strong>. Brando mira a cámara (a Willard, a nosotros, pues nos acusa también a nosotros, señala nuestra hipocresía).</p>

	<p>Se ha cerrado el círculo, por tanto. La incógnita está en averiguar qué va a ocurrir ahora. Kurtz no mata inmediatamente a Willard. Tiene algún propósito. Lo descubriremos en el último capítulo de un análisis que llega a su fin.</p>

	<p><img id="image26261" src="http://img.blogdecine.com/2009/06/apocalypse4_500.JPG" class="centro" alt="apocalypse4.JPG" /></p>

<h2>Estudio F.F. Coppola en Blogdecine</h2>

	<ul>
		<li><a href="http://www.blogdecine.com/default/francis-ford-coppola-el-artista-maldito">Francis Ford Coppola, el artista maldito</a></li>
		<li><a href="http://www.blogdecine.com/directores/francis-ford-coppola-loco-por-el-cine">Francis Ford Coppola, loco por el cine </a></li>
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	</ul>
	<ul>
		<li><a href="http://www.blogdecine.com/default/apocalypse-now-el-puente-de-do-lung">&#8216;Apocalypse Now&#8217;, el puente de Do-Lung</a></li>
	</ul>

	<ul>
		<li><a href="http://www.blogdecine.com/default/apocalypse-now-la-plantacion-francesa">
&#8216;Apocalypse Now&#8217;, la plantación francesa </a></li>
	</ul>      ]]></description>
      </item>
                    <item>
      <title><![CDATA['Apocalypse Now', la plantación francesa]]></title>
      <link>http://www.blogdecine.com/criticas/apocalypse-now-la-plantacion-francesa</link>
      <guid>http://www.blogdecine.com/criticas/apocalypse-now-la-plantacion-francesa</guid>
      <pubDate>Tue, 26 May 2009 16:53:26 +0000</pubDate>

      <author>Adrián Massanet</author>
      <description><![CDATA[
<img src="http://secure-uk.imrworldwide.com/cgi-bin/m?ci=es-rssweblogs&amp;cg=0&amp;si=http://www.blogdecine.com/index.xml" alt=""/> 
      <p><img id="image26057" src="http://img.blogdecine.com/2009/05/apocalypse1_500.JPG" class="centro" alt="apocalypse1.JPG" /></p>

	<p><blockquote><br />

Primero, perdimos en la Segunda Guerra Mundial. No digo que ustedes ganaran, pero nosotros perdimos. En Dien Bien Phu, perdimos. En Algeria, perdimos. ¡En Indochina, perdimos! ¡Pero aquí no perdemos! Este trozo de tierra, lo conservaremos. Nunca lo perderemos. ¡Nunca!</blockquote></p>

	<p>(At first, we lose in Second World War. I don&#8217;t say that you americans win, but we lose. In Dien Bien Phu, we lose. In Algeria, we lose. In Indochina, we lose! But here we don&#8217;t lose! This piece of earth, we keep it. We will never lose it. Never!)</p>

	<p>-Hubert de Marais</p>

	<p>Después del capítulo del puente de Do-Lung, que facilmente puede interpretarse como un puente a otro mundo, el quinteto pierde al primero de sus componentes, el entrañable y pelmazo Limpio (<strong>Lawrence Fishburne</strong>), en una secuencia típicamente coppoliana, pues a una situación extraña (uno lee la infame noticia del asesinato de <strong>Sharon Tate</strong> por la secta de <strong>Charles Manson</strong>, otro abre un bote de humo púrpura y el barco se ve, literalmente, atrapado en una nube. En ese mismo momento, <strong>como si invocaran a un enemigo invisible, reciben una mortífera lluvia de bengalas</strong>, una de las cuales impacta en Limpio.</p>

	<p><!--more--></p>

	<p>Varias cosas interesantes preceden al desembarco en la plantación francesa. Primero, que Willard no recibe una carta de ningún familiar, como el resto, sino nuevas órdenes que tienen que ver con el teniente Richard Colby (un joven <strong>Scott Glenn</strong>), quien había partido antes que él en una misión idéntica, pero que al parecer se quedó con Kurtz. Segundo, que el cachorro que Lance se quedó desaparece y nunca más lo encuentra. Tercero que la cinta de la madre de Limpio, que había empezado a escuchar en un reproductor, sigue escuchándose tras el ataque. De hecho el director, de manera despiadada, <strong>pone ese audio en primer término, y devalúa el resto de sonidos</strong>. Un escalofrío nos recorre por todo el cuerpo.</p>

	<p>Es como si a lo más joven o lo más inocente, el precioso cachorro y el más crío del grupo, no le estuviese permitido bajar a esas profundidades del horror. El grupo queda deshecho y abatido. En una poderosísima imagen, el barco pasa por debajo de los restos de un caza derribado. Parece un augurio no sólo del fracaso estadounidense en esa guerra, sino de una muerte inminente para todos. Pero cuando una espesa y blanquísima niebla (uno de los momentos más logrados por <strong>Vitorio Storaro</strong>) hace su aparición, <strong>entonces ven algo que les deja boquiabiertos</strong>. Primero unas ruinas, por cuya puerta pasa primero, muy significativamente, el propio Willard.</p>

	<p>Y luego se ven rodeados por un grupo de soldados franceses que emergen de la niebla como fantasmas. Ésta es, sin duda, la más fascinante e importante de todas las secuencias inéditas del Redux, y que no se comprende cómo quedó fuera del montaje para cines de 1979. De pronto, los miembros de la patrullera se encuentran en una plantación francesa en Camboya, quizá la última. ¿Sueñan o es cierto lo que ven sus ojos? <strong>Un tipo de imponente presencia aparece entre los soldados franceses</strong>: es Hubert de Marais (interpretado con fuerza indescriptible por <strong>Christian Marquand</strong>), quien les da la bienvenida, aunque quizá Willard pensara haber encontrado ya el campamento de Kurtz, a la plantación que ha sido de su familia desde hace setenta años.</p>

	<p><img id="image26058" src="http://img.blogdecine.com/2009/05/apocalypse2_500.JPG" class="centro" alt="apocalypse2.JPG" /></p>

	<p>Elegante encadenado en blanco (aprovechando la niebla) al sentido funeral de Limpio, con un gran <strong>Albert Hall</strong> (Phillips), cuya importante aportación a la película no siempre se recuerda. Entre lágrimas por la muerte del que consideraba algo así como un hermano pequeño, le entrega una bandera norteamericana hecha jirones (nada que añadir) a Willard. Este, en un falso plano subjetivo, se da cuenta de la muchacha (una preciosa <strong>Aurore Clément</strong>, que interpreta a Roxanne Serrault) que observa el entierro desde un balcón de la casa.</p>

	<p>Gracias al plano de apertura de la importante cena que todos van a compartir, observamos bien que la intención de Coppola y de Tavaoularis es la de transportarnos a una auténtica casa colonial francesa de principios de siglo. El tiempo se ha detenido allí, y no deja de llamar la atención que justo antes de llegar a Kurtz (que representa, como metáfora en sí mismo, el futuro de la humanidad), Willard y sus compañeros den con otra burbuja que se ha quedado atrapada en el pasado. Tras un breve diálogo cómico en una mesa secundaria donde cenan Phillips, Lance y Chef, pasamos a la mesa principal. Es importantísimo darse cuenta de que <strong>los niños franceses intentaban recitar a Baudelaire, el poeta más importante del simbolismo francés</strong>. Pero también puede inducir a error, la extraña y magistral secuencia que vamos a analizar no tiene nada de simbólista, como muchos erróneamente pueden pensar.</p>

	<p>Tampoco surrealista, aunque por supuesto algo de simbolismo y de surrealismo sí tiene. Pero sobre todo se trata de una parábola que funciona gracias a una lógica absolutamente poética que nada tiene que ver con una búsqueda de significado, sino más bien con la ausencia de significado, lo que la convierte en una secuencia plena de vida y de verdad, dos palabras para las que el 99% de los directores cinematográficas no están preparados, así como para el 99% de los espectadores. <strong>Estoy convencido de que muchos encontrarán esta larga secuencia como irritante y sin sentido</strong>, y la rechazarán de plano. Y de hecho lo es, pero porque debajo de ella subyace una desengañada visión del mundo que no puede ser explícita y que tiene del simbolismo lo místico, y del surrealismo lo irracional.</p>

	<p>No creo haber leído en ninguna parte que durante la cena asistimos a una puesta de Sol, por supuesto en off, de la que somos conscientes porque Willard, rodeado de extraños y en permanente estado de alerta e incredulidad, es el personaje más bañado por la anaranjada luz solar de todos los presentes. De hecho, a menudo tiene que taparse los ojos porque esta luz le ciega. Que cada cual saque sus conclusiones, aunque no faltarán los que quieran darle un significado en clave, para algo que una idea eminentemente poética, y que condiciona al actor de manera muy inteligente. Aparece Roxanne, que parece sentirse interesada por Willard (y él parece fascinado por la belleza de la muchacha), y pronto surge la pregunta de Willard: &#8220;¿Cuándo piensan volver?&#8221;, obteniendo por respuesta la explicación reproducida parcialmente al inicio de este capítulo.</p>

	<p>En este diálogo a varias bandas se profundiza, nada más y nada menos, <strong>acerca del devenir de las guerras, de su explicación e hipocresía, a lo largo del siglo XX</strong>. Ahí es nada. No existe parangón en otro diálogo, o por lo menos yo no alcanzo a recordarlo, que con tanta lucidez nos hable de la lucha de poder entre Europa y Estados Unidos, y entre ellos y Asia. Lo que aparentemente no es más que una encendida conversación política, en realidad es una desesperada claudicación del ser humano como simple marioneta de los poderosos. Todo ello impregnado de la mirada que a cámara (como si mirase a Willard, pero mirándonos también a nosotros) dedica Roxanne. Está claro que entre ambos (que establecen el eje de miradas a cámara del resto de intérpretes) hay una química especial.</p>

	<p><img id="image26059" src="http://img.blogdecine.com/2009/05/apocalypse3_500.JPG" class="centro" alt="apocalypse3.JPG" /></p>

	<p>Es increíble la cantidad de cosas que le dice, y la energía con que se las dice, Hubert a Willard, que apenas abre la boca. Aunque hay detalles muy interesantes, como esa forma en que Willard observa reflejada en un cuchillo la cicatriz de su rostro (¿porque le observa Roxanne?) o el súbito colapso del organista. No anda muy lejos de la locura Hubert, <strong>la misma que engendró a Kilgore o Kurtz, o al propio Willard</strong>. Uno por uno los asistentes a la cena se van levantando, hasta quedar sólo Hubert, Roxanne y Willard. El Sol (no es una luz natural, sino unos pedazo de focos que imitan la luz del Sol) sigue bajando y la atmósfera se oscurece. Hubert le advierte que luchan por la mayor Nada de la historia. Y al levantarse el Sol por fin desaparece, y a quienes hayan visto el efecto que hace la luz del Sol al desaparecer les parecerá creo yo, que está hecho a la perfección.</p>

	<p>Quedan solos por fin Roxanne y Willard. Parecían destinados a ello. Él está divorciado, ella perdió a su marido. El personaje de Roxanne es de lo mas enigmático de la carrera de Coppola. Parece ensimismada, una especie de fantasma en constante tránsito por ambos mundos. Fuman de una pipa, probablemente algo alucinógeno. Willard está petrificado, incluso cuando ella se desnuda. No les vemos hacer el amor, <strong>a través de la blanquísima mosquitera él toca su rostro, parece un espectro</strong>. De la blanca mosquitera, como en un sueño, regresamos con un bellísimo fundido a la niebla blanca y al río. ¿Ha ocurrido todo esto realmente?</p>

	<p>Cuenta el montador, el gran <strong>Walter Murch</strong>, que cuando Coppola le llamó para hacer el Redux sintió pánico, pues la experiencia de montar esta película, durante dos años, fue durísima. Pero que a la hora de hacer este inserto, le ayudó la niebla, tal cual. Con ella empezamos y con ella acabamos este bloque, este capítulo. Y de la niebla del barco pasamos a la niebla de las ruinas francesas, y de ellas, a la blanca mosquitera, y de nuevo a la niebla. <strong>Todo un alarde de maestría en la sala de montaje</strong>. No se percibe ni un ápice de falsedad.</p>

<h2>Estudio F.F. Coppola en Blogdecine</h2>

	<ul>
		<li><a href="http://www.blogdecine.com/default/francis-ford-coppola-el-artista-maldito">Francis Ford Coppola, el artista maldito</a></li>
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                    <item>
      <title><![CDATA['Apocalypse Now', el puente de Do-Lung]]></title>
      <link>http://www.blogdecine.com/criticas/apocalypse-now-el-puente-de-do-lung</link>
      <guid>http://www.blogdecine.com/criticas/apocalypse-now-el-puente-de-do-lung</guid>
      <pubDate>Wed, 20 May 2009 20:21:53 +0000</pubDate>

      <author>Adrián Massanet</author>
      <description><![CDATA[
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      <p><img id="image25984" src="http://img.blogdecine.com/2009/05/techo-de-paja_500.JPG" class="centro" alt="techo-de-paja.JPG" /></p>

	<p><blockquote><br />
El puente de Do-Lung era el último puesto militar del río. Más allá sólo estaba Kurtz&#8230;<br />
(Do Lung bridge was the last army outpost on the Nung River. Beyond it, there was only Kurtz)</p>

	<p>-Willard</blockquote></p>

	<p>Los integrantes de la lancha, como críos, discuten sobre revistas pornográficas y sobre las chicas que han visto en el show. A continuación, otra lancha se cruza con ellos y, haciendo el bobo, les incendian el techo de plástico de la lancha, de modo que se ven obligados a reparar los desperfectos con paja. Poco a poco, van perdiendo todo rastro de una existencia civilizada. Y lo que les queda. Y nuevamente, la jungla parece responder a sus deseos. En la siguiente parada, entre la lluvia, descubren un campamento destrozado por el temporal, y en él a las chicas del show.</p>

	<p>Por supuesto, aquellos decorados estaban dispuestos para otra secuencia, pero un tremendo temporal los destrozó por completo de la noche a la mañana. Sin dejarse vencer por el desánimo, Coppola inventó una secuencia delirante, en la que unas colocadas playmates acceden a acostarse con los ocupantes de la patrullera a cambio de un par de bidones de gasolina que les permita continuar camino. No hay nada especialmente erótico en este intercambio. Es más bien un momento cómico que nada añade, aunque proporciona una buena relajación antes de la trascendental escena del puente. Incluida en el Redux, <strong>es lo menos reseñable del nuevo montaje</strong>.</p>

	<p><!--more--></p>

	<p>Importantísimo, por contra, es el momento en que se topan con el sampan, una especie de barcaza que cruza el río en dirección contraria. Los vietnamitas que viajan en ella tienen un aspecto de inocentes impresionante, pero el jefe Phillips se empeña en registrar la barcaza y le pide a Chef que baje a ella y eche un vistazo. Esto desencadena una carnicería, pues una chica indígena teme que le quiten a su perrito y se pone nerviosa. <strong>Filmada con una maravillosa luz de atardecer</strong>, este trágico evento parece sacado de cualquier crónica de esa guerra espantosa. Pero lo más importante es que ofrece una nueva vertiente psicológica de Willard, quien no duda en rematar, con una sangre fría impresionante, a la vietnamita moribunda.</p>

	<p><img id="image25987" src="http://img.blogdecine.com/2009/05/apocalypse-masacre_500.JPG" class="centro" alt="apocalypse-masacre.JPG" /> </p>

	<p>Porque Willard ya no se va a detener ante nada para llegar a Kurtz, aunque como él mismo dice, no tiene ni la menor idea de lo que hará cuando le encuentre. En el mismo momento en que se ponen a discutir si llevar a la herida a un puesto de socorro, la ejecuta sin compasión. Son todos unos niños en comparación con él. O más bien unos hipócritas. Primero masacran y luego ponen vendas. Para Willard Vietnam está lleno de mentirosos, y les odia. De ese modo parafrasea lo mismo que dijo Kurtz. De cualquier modo esta trágica secuencia da paso a uno de los bloques más tenebrosos de toda la filmografía de Coppola, aquel que tiene lugar en el puente de Do-Lung, el cual desconozco si existió verdaderamente.</p>

	<p>Ya hemos dicho que este relato funciona a modo de capítulos que se interconectan en una larga cadena, como todo relato clásico de itinerario, de viaje físico y anímico. A una esfera le sigue otra, y otra, y otra, en el largo camino hasta Kurtz, y en cada una de ellas está contenida la anterior esfera. Y en la esfera de Do-Lung en particular obtenemos el anverso al ataque de los helicópteros. Ahora la noche es la que manda, <strong>y aunque en grado de locura va parejo</strong>, la espectacularidad de la puesta en escena desaparece, y otorga mayor protagonismo a una iluminación que por fin se revela en todo su contraste y claroscuro.</p>

	<p>Willard acude allí sólo por información, pero obtiene otra clase de información. Coppola, como en un circo demencial, adereza el ambiente con sonidos bufonescos. Siendo Do-Lung la frontera con Camboya y el último puesto fronterizo del ejército norteamericano, es como si la presencia yanqui se despidiera a lo grande en ese puente que se construye por el día y se destruye por la noche. Lance, que le arrebató el cachorrillo a Chef y no se separa de él, acompaña a Willard. Colocado como está, el dantesco espectáculo le parece maravilloso, <strong>y hasta pisa la cara de Willard cuando le cree muerto</strong> (!!!). Y hace falta tener horchata en las venas para que no se le rompa a uno el corazón viendo al perrito aferrado al pecho de Lance.</p>

	<p>Durante toda la secuencia las fuentes de luz son de dos tipos: fijas y lejanas, generalmente bombillas de colores diversos; o cercanas y con movimiento, como luces de alarma. Luces muy blancas que al moverse dejan el plano en negro completamente. Pensamos que es un fundido o que va a haber un corte, pero volvemos a ver el rostro del actor emergiendo de la oscuridad. Cuando Willard le pregunta al primer soldado en la trinchera por el oficial al mando, tan sólo le responde &#8220;¿no es usted?&#8221;, y cuando le pregunta al segundo, un colgado, éste le responde un simple &#8220;sí&#8221;. No va a sacar nada de allí, porque no hay nada que sacar.</p>

	<p>Agotados estamos como Willard, y quizá como el propio Coppola. No falta mucho para el final del viaje, pero antes habrá otra parada en cierto lugar fantasmagórico donde podrán descansar. Se trata del extraño encuentro en la plantación francesa, una especie de refugio fantasmal en el que Willard vivirá una experiencia peculiar y que relataremos en el siguiente capítulo de este análisis. Esa será la penúltima parada de este viaje que además de ser un estudio sobre la locura y sobre la guerra, es un ensayo sobre el poder destructivo del ser humano. Muchos cuestionan y ponen en entredicho que Coppola, al querer criticar la guerra y la destrucción que conllevan las ideas, se sirve de ella para crear un espectáculo de terror o de acción. </p>

	<p>Pero Coppola sólo quiere expresar la oscuridad del mundo, ya sea a través de la historia de una familia mafiosa o sumergiéndose en la guerra más absurda. Y a su propia ambición responde con sinceridad y coraje, algo de lo que no pueden presumir la gran mayoría de supuestos directores que no sólo no expresan nada, sino que están demasiado preocupados por su cuenta corriente, mientras que Coppola lo perdió todo haciendo esta obra de arte.</p>

	<p><img id="image25990" src="http://img.blogdecine.com/2009/05/do-lung_500.JPG" class="centro" alt="do-lung.JPG" />  </p>

<h2>Estudio F.F. Coppola en Blogdecine</h2>

	<ul>
		<li><a href="http://www.blogdecine.com/default/francis-ford-coppola-el-artista-maldito">Francis Ford Coppola, el artista maldito</a></li>
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	<ul>
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	</ul>      ]]></description>
      </item>
                    <item>
      <title><![CDATA['Apocalypse Now', nunca salir de la lancha]]></title>
      <link>http://www.blogdecine.com/criticas/apocalypse-now-nunca-salir-de-la-lancha</link>
      <guid>http://www.blogdecine.com/criticas/apocalypse-now-nunca-salir-de-la-lancha</guid>
      <pubDate>Sun, 17 May 2009 13:30:11 +0000</pubDate>

      <author>Adrián Massanet</author>
      <description><![CDATA[
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      <p><img id="image25901" src="http://img.blogdecine.com/2009/05/472imgcachepng_500.jpg" class="centro" alt="472imgcachepng.jpg" /></p>

	<p><blockquote><br />
No salir nunca del barco. Es absolutamente cierto. A menos que vayas hasta el final. Kurtz se salió del barco. Se salió de todo el puto sistema. ¿Cómo ocurrió? ¿Qué vio en su primera misión aquí? </p>

	<p>(Never get out of the boat. Absolutey goddam right. Unless you were going all the way. Kurt got off the boat. He split from the whole fuckin&#8217; programme. How did that happen? What did he see here that first tour?)</p>

	<p>- Willard</blockquote></p>

	<p>Esta parte se inicia con otra breve escena suprimida del montaje primigenio para cines, aquella en la que el quinteto protagonista que remonta incansable el curso del río, se esconde entre la maleza baja del coronel Kilgore, que patrulla el río arriba y abajo  buscándoles para recuperar su preciada tabla de surf. Lo más destacable de la misma es la soberbia iluminación de Storaro, <strong>logrando una de las más deslumbrantes noches americanas que se recuerdan</strong>. Este efecto, como muchos quizá ya sepan, consiste en rodar de día, pero aparentar la noche cerrando el diafragma y logrando la subexposición. Además, ese filtro azul mezclado con el verde de la vegetación da una atmósfera inquietante.</p>

	<p>A partir de este momento abandonamos definitivamente los (turbios, difuminados) contornos del género bélico más al uso, y nos vamos adentrando poco a poco en una pesadilla abstracta. Como si fuéramos atravesando un velo tras otro, <strong>acompañando a Willard a la última espiral de la locura</strong>. Que comenzamos a vivir una experiencia sensorial y abstracta lo confirma la siguiente secuencia, en la que a Willard y a Chef les sorprende un tigre que les da un susto de muerte.</p>

	<p><!--more--></p>

	<p>Esta breve secuencia funciona sobre todo a un nivel psicológico. El tigre que sale de la espesura en un principio no es más que una sombra. Willard nota una presencia hostil que les vigila. Y durante largos segundos como latidos de corazón, no sabemos si es un soldado enemigo, o si es, simplemente el propio miedo de ambos soldados materializado en la jungla. Nunca salir del barco, quién sabe lo que te puedes encontrar. Es como si la jungla hiciera realidad los peores temores de Willard, la cercanía de la muerte. Sólo así puede leerse este momento. <strong>Además, sorprende lo poco que se ve al tigre</strong>. Tan sólo un plano de pocos segundos. Y ni siquiera les persigue. ¿Lo han visto realmente?</p>

	<p>Chef se pone como loco. <strong>Frederic Forrest</strong>, el actor que le interpreta, parece fuera de sí. Hay rumores que parecen muy ciertos de que el reparto principal se pasó gran parte del rodaje en el río completamente colocado de las más variadas sustancias alucinógenas. Viendo a Forrest desde luego parece haberse tomado algo muy fuerte. Willard parece más tranquilo, se ha enfrentado a peores temores dentro de su mente. A fin de cuentas, el propio Kurtz bajó del bote&#8230;y nunca regresó. Algo le hechizó en la jungla, o de algo quería huir. La jungla se convierte, por tanto, en el camino sin retorno, no tanto a los orígenes, como al fondo del alma.</p>

	<p>Willard está cada vez más obsesionado con el dossier y con el propio Kurtz. Incluso en su narración afirma que empieza a admirarle. Si el tigre emergió de la jungla, siendo primero una sombra, ¿qué puede emerger ahora de esa jungla, ahora que en ella vive Kurtz? En un precioso plano general, vemos a la patrullera recortada sobre el cielo púrpura, semejante al de <strong>&#8216;Lo que el viento se llevó&#8217;</strong>. <strong>La jungla es negra como boca de lobo</strong>. Este plano le puede parecer preciosista al más despistado, pero no hay duda de su intención narrativa dentro del contexto que estamos analizando.</p>

	<p><img id="image25906" src="http://img.blogdecine.com/2009/05/apocalypse_now_complete_dossier_10_500.jpg" class="centro" alt="apocalypse_now_complete_dossier_10.jpg" /></p>

	<p>Pero han de volver a bajarse de la barca. De la noche, como de un sueño, emerge una pista de espectáculos, construida sobre el río. Allí pueden conseguir suministros, pero también pueden asistir a un espectáculo de Playboy. Nada menos que tres chicas playboy (disfrazadas dos de ellas, con mucha ironía, como una nativa americana y una pistolera), en un baile que no incluye el deseado strip-tease, pero que pone a mil a los centenares de soldados que allí concurren. Es una mala idea provocarles de esa manera, aunque lo hagan intentando animarles. Pronto todo se descontrola, y las chicas y el manager han de salir de allí echando leches. Aunque parece que están acostumbrados.</p>

	<p>Willard, eterno testigo impasible, lo observa todo con desgana. <strong>Nadie filmó nunca una crítica tan brutal y despiadada a la actividad del ejército norteamericano</strong>. Aún hoy levanta ampollas. Como dice Willard, el enemigo no tiene espectáculos, se mueve profundo o deprisa. Willard no es sólo el asesino privilegiado. Es el más lúcido&#8230;después de Kurtz. Sabe que Vietnam no era más que un negocio, un espectáculo, una diversión, una distracción. Está a otro nivel. Mientras estudia el dossier, sus compañeros de barca bromean y juegan. Y averigua que Kurtz también es un lúcido cuando lee sus informes, en los que advierte el deterioro de la moral en Vietnam, con un exceso de tropas evidente, y de poca calidad. </p>

	<p>Es sensacional el modo en que Coppola emplea el sonido cada vez que Willard se pone a estudiar el dossier. El sonido ambiente se diluye, deja de ser relevante, y una suave y misteriosa música producida con instrumentos de viento hace su aparición. Así mismo, cada vez encuadra los ojos de Willard frontalmente con más cercanía. Hasta captar un solo ojo. Su obsesión es ya absoluta. Una música malvada (sólo así puede describirse) se eleva hacia un clímax cuando Willard lee la carta de Kurtz a su hijo. Ya no hay vuelta atrás. Esta será la misión más importante de Willard. Una niebla amarilla se instala en el río, la patrullera viaja deprisa, sus ocupantes observan la destrucción en las orillas.</p>

	<p>Es como viajar al fin del mundo.</p>

<h2>Estudio F.F. Coppola en Blogdecine</h2>

<p><a href="http://www.blogdecine.com/default/francis-ford-coppola-el-artista-maldito">Francis Ford Coppola, el artista maldito</a></p>

<p><a href="http://www.blogdecine.com/directores/francis-ford-coppola-loco-por-el-cine">Francis Ford Coppola, loco por el cine </a></p>

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<p><a href="http://www.blogdecine.com/directores/el-padrino-cinco-hijos-y-un-padre">&#8216;El padrino&#8217;, cinco hijos y un padre </a></p>

<p><a href="http://www.blogdecine.com/default/el-padrino-el-destino-de-michael">&#8216;El padrino&#8217;, el destino de Michael</a></p>

<p><a href="http://www.blogdecine.com/default/el-padrino-manchandose-el-traje-de-sangre">&#8216;El padrino&#8217;, manchándose el traje de sangre </a></p>

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      </item>
                    <item>
      <title><![CDATA['Apocalypse Now', cabalgando helicópteros]]></title>
      <link>http://www.blogdecine.com/criticas/apocalypse-now-cabalgando-helicopteros</link>
      <guid>http://www.blogdecine.com/criticas/apocalypse-now-cabalgando-helicopteros</guid>
      <pubDate>Fri, 15 May 2009 18:59:39 +0000</pubDate>

      <author>Adrián Massanet</author>
      <description><![CDATA[
<img src="http://secure-uk.imrworldwide.com/cgi-bin/m?ci=es-rssweblogs&amp;cg=0&amp;si=http://www.blogdecine.com/index.xml" alt=""/> 
      <p><img id="image25871" src="http://img.blogdecine.com/2009/05/apocalypse_now_complete_dossier_03_500.jpg" class="centro" alt="apocalypse_now_complete_dossier_03.jpg" /></p>

	<p><blockquote>Charlie don&#8217;t surf!</p>

	<p>- Lt. Colonel Kilgore</blockquote></p>

	<p>Con el grito de &#8220;¡Charlie no hace surf!&#8221;, el teniente coronel Kilgore da por zanjada la cuestión, y decide ir con todo a la aldea dominada por los vietcong en el delta del río que lleva hasta Kurtz, comenzando así una secuencia que, si la cronometramos desde que van todos hacia los helicópteros (en un precioso plano a contraluz, con el cielo blanco de nubes), dura catorce minutos, y dieciocho en la versión Redux, y que por supuesto es una de las secuencias más famosas de todo el cine norteamericano, aunque a diferencia de otras que quizá sólo lo son por detalles superficiales, esta es un prodigio de realización que exige un gran esfuerzo para analizarla.</p>

	<p>Pero vamos a ello. Una preciosa mañana del sudeste asiático es testigo de cómo una panda de locos de uniforme alzan el vuelo mientras un corneta toca el famoso himno del séptimo de caballería norteamericano. Coppola rinde homenaje así a uno de los mitos del western, aunque al mismo tiempo lo pone en cuestión, dándole un toque de locura. Observamos, además, un empleo soberano del objetivo gran angular, con ese encuadre impresionante que deja al corneta en la esquina inferior derecha del cuadro, y al fondo, muy lejos, media docena de helicópteros, que, si uno tiene memoria cinéfila, recuerdan poderosamente a las arpías de <strong>&#8216;El mago de Oz&#8217;</strong>, uno de los fetiches de Coppola, sobre todo en el siguiente plano, donde se elvan sobre una masa de árboles.</p>

	<p><!--more--></p>

	<p>De este modo, con un encadenado, Coppola funde western y fantasía, reforzado todo con una música que parece, de momento, cualquier cosa menos bélica. La música compuesta por Carmine Coppola, el padre del director, y el propio Francis, es un elemento poco estudiado respecto a su aportación vital a la película. Aquí adquiere caracteres hipnóticos, mezclándose además con el obsesivo tema sonoro del sonido de la hélice del helicóptero. <strong>En los momentos previos al ataque, la elección del director es la de la calma antes de la tempestad</strong>. Un vuelo plácido, que parece transportar a Willard desde la normalidad de la fiesta en la playa hasta otro mundo de locura y destrucción. Los helicópteros son como insectos que flotan entre la bruma. Es como observar un sueño.</p>

	<p>El breve momento termina con el rostro de Willard ensimismado. Surge poco a poco la voz de Kilgore (excepcional mezcla de sonido, por cierto), que charla con Lance de surf, como no podía ser de otra manera. Pero enseguida lo dejan porque se acercan a la base enemiga. Y ponen la música de Wagner porque Kilgore tiene la convicción de que desquicia a los enemigos (?). Ahora puede parecer una locura aceptable, pero imaginemos cómo se quedaron los norteamericanos hace treinta años cuando vieron esto. Kilgore lo llama la guerra psicológica. </p>

	<p>Esta secuencia es, quizá,<strong> la más compleja y terrible de realizar en toda la carrera de Coppola.</strong> Pero da la impresión de que lo tiene todo bajo control, y eso que el ejército filipino se llevaba los helicópteros cada dos por tres y de que tenía varias unidades filmando al mismo tiempo, dentro de los helicópteros y a ras del suelo, con muchos encuadres fabulosos. Un asombro que hoy no ha sido superado por ningún director asiduo al 3D. Los primeros compases de la música de Wagner tienen como protagonistas a los rostros de los soldados, ya no tan sonrientes después de los momentos playeros, asumiendo el peligro que están a punto de correr. Varios planos descriptivos de la formación de los helicópteros, de derecha a izquierda y de izquierda a derecha. Y de pronto la música se corta, hemos pasado a la tranquilidad de la aldea vietnamita.</p>

	<p><img id="image25872" src="http://img.blogdecine.com/2009/05/6535243_c024c6e367.jpg" class="centro" alt="6535243_c024c6e367.jpg" /></p>

	<p>No imagino mejor forma que este corte brusco de sonido de explicar las diferencias entre ambas culturas y de aumentar más, si cabe, la tensión del espectador ante la inminente masacre. Por si esto fuera poco, Coppola tiene la perversa idea de mostrar la salida de unos niños del colegio, que son evacuados enseguida por los vietcong. <strong>La guerra no es ninguna broma, y no ofrece cuartel ni a los niños.</strong> En el último momento, ya oímos en la lejanía el tronar de las notas de Wagner, con el vello erizado quizá. Un largo plano en gran angular muestra a lo lejos a los helicópteros a punto de rebasar la playa. Es un plano que podría ser un subjetivo de algún vietcong que les viera llegar. Coppola juega a menudo con estos falsos subjetivos, sin dejar claro si lo son o no. Pero también demuestra una gran energía en el montaje, porque el plano siguiente, a corte, es sobre los helicópteros, presumiblemente con la cámara en otro helicóptero, y el siguiente los enemigos corriendo por el puente tomando posiciones. Y no es ninguna casualidad que el salto del puente al suelo de uno de ellos vaya al son de la música. Hay que fijarse, pero está hecho a propósito, sin duda.</p>

	<p>Del mismo modo, los sucesivos cortes de planos de helicópteros, desde dentro y desde fuera de ellos, <strong>coinciden con los golpes de voz de la soprano que canta el tema wagneriano</strong>, y el lanzamiento de las primeras bombas con el clímax y el tema principal. <strong>Esto es una ópera del horror.</strong> Un plano subjetivo (este sí) describe las explosiones en la playa, que corta a otro plano desde la misma playa. La complejidad de este corte es, para el que sepa cómo funciona esto, casi indescriptible. Las tropas estadounidenses se dedican, en esta primera etapa del ataque, a machacar al enemigo desde el aire, diezmandoles con una táctica tan antigua como cobarde. Ahora bien, una vez se inicia la segunda parte del combate, con los helicópteros tomando tierra y los soldado desplegándose en la aldea, comienzan a sufrir las primeras bajas.</p>

	<p>Una tremenda explosión mutila a un soldado norteamericano. De pronto, Coppola toma la decisión de tomar este momento con un plano muy extraño, que una vez más (de muchas) se percibe su talento para el horror. Un plano cámara en mano que recorre el cuerpo del herido (que grita como un poseso, con la pierna destrozada) y que simula una toma televisiva de cualquier guerra de las últimas décadas. Duele ver ese plano, que además vira con destreza hacia dos vietnamitas que observan el espanto, y lloran y rezan. Ahora bien, cuando un helicóptero de rescate viene a sacar a los heridos, una asiática de aspecto inocente introduce un sombrero-bomba, y el helicóptero vuela en pedazos con los heridos dentro. Esto es la guerra, excepto para Kilgore, para quien es un juego. <strong>Incluso se permite un &#8220;jodidos salvajes&#8221;.</strong> Es decir, acuden de buena mañana a una aldea remota y masacran el lugar a bombazos, pero los salvajes son siempre el enemigo.</p>

	<p>Esta forma de pensar es muy descriptiva del punto de vista norteamericano y anglosajón en general: por muy crueles y salvajes que sean ellos, los bárbaros son los demás. No vacilan en coser a balazos a la chiquilla desde un helicóptero. Y lo más terrible de todo es que en mitad de la masacre y la vorágine, Kilgore anda más pendiente de las olas, alucinando con un rompiente que las divide en dos. Porque Kilgore es invulnerable.<strong> El oficial norteamericano chiflado que no le tiene miedo a nada.</strong> Estallan las bombas a su lado y ni se inmuta. Willard finalmente protesta airadamente cuando, sin poder creer lo que ve, le pide a Kilgore que deje de obligar a los chavales a surfear en medio de una batalla. ¿Qué responde a esto Kilgore?, que a él le sobran huevos para surfear allí. Sorprende, por tanto, que algunos sectores tilden a este relato de belicista o pro-norteamericano, cuando deja a los altos mandos como tiranos surferos.</p>

	<p><img id="image25873" src="http://img.blogdecine.com/2009/05/apocalypse-now_01_500.jpg" class="centro" alt="apocalypse-now_01.jpg" /></p>

	<p>Con el mítico discurso de &#8220;me gusta el olor del napalm por la mañana&#8221;, concluía esta secuencia en su versión para salas, aunque en la Redux la secuencia dura un poco más, con el momento en que Willard, en venganza por toda la locura sufrida, le roba la tabla de surf a Kilgore. Estoy convencido de que muchos altos oficiales norteamericanos, esos soberbios poderosos que arrasan sin escrúpulos cualquier punto del globo, sienten enardecer su espíritu viendo el discurso de Kilgore. Coppola, como es su estilo, acerca suavemente la cámara en un lento travelling mientras Duvall habla. <strong>Pero este momento es la constatación de la insensatez y la desmedida ambición militar norteamericana. </strong>Y de su derrota moral, en el desprecio por el enemigo y por su cultura.</p>

	<p>Es interesante que Coppola no introdujera este breve pasaje en la versión primera, porque ofrece nuevos matices en la personalidad de Willard, que es quien decide robar la tabla, ganándose, siquiera brevemente, el respeto de sus desconocidos compañeros de patrullera. Como en el resto de secuencias añadidas en el Redux, uno no tiene la sensación de asistir a un pegote innecesario, sino que parece abrir los ojos a zonas anteriormente ocultas, <strong>ahora recuperadas con total naturalidad</strong>.</p>

	<p>Si Kurtz es un loco al que asesinar por el bien del ejército norteamericano, desde luego Kilgore no anda lejos de esa locura. Coppola subraya el absurdo de la misión de Willard, su hipocresía, su mentira. Después de esta grandiosa secuencia, ¿qué puede deparar este relato? ¿Qué puede dar de sí?</p>

<h2>Estudio F.F. Coppola en Blogdecine</h2>

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      </item>
                    <item>
      <title><![CDATA['Apocalypse Now', por el camino de baldosas amarillas]]></title>
      <link>http://www.blogdecine.com/criticas/apocalypse-now-por-el-camino-de-baldosas-amarillas</link>
      <guid>http://www.blogdecine.com/criticas/apocalypse-now-por-el-camino-de-baldosas-amarillas</guid>
      <pubDate>Mon, 11 May 2009 19:47:09 +0000</pubDate>

      <author>Adrián Massanet</author>
      <description><![CDATA[
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      <p><img id="image25782" src="http://img.blogdecine.com/2009/05/6535242_e7a6f903f4.jpg" class="centro" alt="6535242_e7a6f903f4.jpg" /></p>

	<p><blockquote><br />
Semanas de viaje remontando un río que serpenteaba como un cable conectado a Kurtz<br />
(...Weeks away and hundreds of miles up a river that snaked through the war like a main circuit cable &#8211; plugged straight into Kurtz)</p>

	<p>- Willard</blockquote></p>

	<p>Una música de reverberaciones tenebrosas, lograda a base de sintetizadores y un sentido operístico de la puesta en escena, acompaña al minúsculo helicóptero que sobrevuela una zona agrícola vietnamita (en realidad, una zona agrícola filipina). Coppola describe así el estado anímico de Willard, que al fin ha conseguido una misión, seguramente la última de su vida. El sonido de la hélice reverbera. Imposible no remitirnos a la secuencia inicial de la película. <strong>El sonido como una espiral que atrapa a Willard, que le arrastra. Ha regresado, y la hélice recupera ese sonido infernal.</strong></p>

	<p>Willard comienza a hablar, a reflexionar más bien, sobre cuánta gente ha matado, mientras observamos cómo llega a su lancha y parte desde alguna parte del río Nung. No parece importarle mucho ser un asesino. Lo malo es que esta vez se trata de un americano, y de un oficial. Ahora por fin sabemos por qué Coppola ha elegido a este personaje para protagonizar su tenebrosa adaptación del original de Conrad y homenajear al mismo tiempo, en cierto sentido, a <strong>&#8216;El mago de Oz&#8217;</strong>. Es un asesino y va a cumplir su misión. Sí, pero es un soldado lúcido, no una máquina de matar sin sentimientos. Es decir, es un privilegiado por su falta de escrúpulos, por su extraña moral y por la increíble misión que va a llevar a cabo.</p>

	<p><!--more--></p>

	<p>Sus palabras hablan por sí solas: &#8220;culpar de asesinato a alguien aquí es como multar por exceso de velocidad en las 500 millas&#8217;. Un absurdo total. Es uno de esos correosos seres capaces de cumplir las órdenes, pero al mismo tiempo cuestionar no ya esas órdenes, sino a los que las deciden. Willard está más allá de todo eso. Él quería volver. Quería la misión, la jungla, el éxtasis de la guerra. Quizá encontrar lo que le falta para alcanzar la paz. Y va a hacerlo. Va a encontrar su reflejo en el espejo. Por suerte o desgracia para él, nunca se sabe en verdad, <strong>no va a estar solo en la patrullera fluvial.</strong> Le acompañan cuatro compañeros de muy distinto carácter.</p>

	<p>Chef, el maquinista, interpretado por <strong>Frederic Forrest</strong>; Lance, el ametrallador de proa, y surfista famoso, interpretado por el recientemente fallecido <strong>Sam Bottoms</strong>; Limpio, intrepretado por <strong>Lawrence Fishburne</strong>, un colgado del Bronx; y finalmente Phillips, el Jefe, al que da vida el gran <strong>Albert Hall</strong>. Los cuatro compañeros inician así una difícil convivencia en el reducidísimo espacio que da de sí una lancha patrullera. Ya desde esos primeros planos de presentación, advertimos que no transcurrirá mucho tiempo antes de que la convivencia estalle en pedazos. Pero apenas hay tiempo de pensar en eso ahora, porque enseguida Willard comienza a estudiar el dossier de Kurtz. <strong>Y empieza a indagar en el inacabable misterio que representa este hombre.</strong></p>

	<p>Es tremendamente interesante que Willard, en su narración, afirme que no puede conectar al hombre que está estudiando en el dossier, con la voz de la narración. <strong>Nuevamente la obsesión de Coppola por el sonido, que es el que otorga sentido a sus personajes.</strong> Pero ya hablaremos de eso. Willard descubre (con unos planos detalles majestuosos que dan cuenta de las partes más vistosas de un historial impresionante) que Kurtz era el soldado perfecto, destinado a los cargos más altos. ¿Qué pasó? Algo se torció, pero nunca averiguaremos el qué.</p>

	<p><img id="image25783" src="http://img.blogdecine.com/2009/05/6535245_3b2e2e9152.jpg" class="centro" alt="6535245_3b2e2e9152.jpg" /></p>

	<p>Regresando de una misión como asesor en Vietnam hizo un informe que no gustó a los altos mandos. Y todo empezó a torcerse para Kurtz. Luego pidió el traslado a aerotransportados. A saber qué diría en ese informe, pero parece claro que no estaba de acuerdo con el modo de hacer las cosas de los jefes de aquel tinglado. Luego regresó a Vietnam, dos años después, con cuarenta. Todo muy extraño. Willard no entiende absolutamente nada. Pero tampoco tiene tiempo para pensar, pues se topan de frente con la caballería aérea, y termina esta breve parte introductoria de la película. </p>

	<p>Hasta ahora hemos sido testigos de tres partes bien diferenciadas. Y es que este largo relato va a moverse a base de capítulos más o menos largos, de cápsulas o esferas que van tocándose las unas a las otras y haciendo avanzar la historia. Y todas ellas muy diferenciadas. Storaro, en toda esta parte, que es de hecho la primera parte realmente en localizaciones de exteriores, alcanza gran precisión a la hora de maniobrar con una luz natural prístina, de gran suavidad. Pero, y aunque esto sea casi imperceptible, va introduciendo de forma sutil, arreglos artificiales a esa luz, <strong>reflejos y difusores invisibles que hacen ganar a la imagen en profundidad.</strong></p>

	<p>Así mismo, el etalonaje es brillante. En el momento de la llegada de la lancha a su primera parada, con el caos formado por la división aérea, cuando se supone que el sol está rayando el horizonte, y ofrece una durísima y extraña luz anaranjanda. Así mismo es notable de qué modo Coppola otorga un espacio casi milagroso a lo angosto de la lancha, pues con sus encuadres parece ensancharla, aunque como veremos más adelante, sus encuadres la harán todavía más estrecha de lo que es. Cambiamos por tanto completamente de tercio, con la aparición en pantalla del irrepetible <strong>Robert Duvall</strong>, que irrumpe en la pantalla con una fuerza arrolladora. <strong>Por fin vemos la guerra del Vietnam en toda su caótica esencia.</strong></p>

	<p>Tan caótica es la operación que presencian los integrantes de la lancha, que incluso Coppola, Storaro y Tavoularis aparecen en ella (fingiendo ser reporteros de televisión: &#8220;no miren a la cámara&#8221;). En la búsqueda del enlace, Coppola recurre a una limpia cámara en mano, a una grúa, y a una dolly, todo para describir vivamente lo que rodea a Willard y el resto de compañeros. El teniente coronel Kilgore baja de un helicóptero que reza &#8220;death from above&#8221;, sombrero de caballería en mano,<strong> y más que dar órdenes, las ruge.</strong> Mandan a Willard a asesinar a un alto mando enloquecido, y el primero que se encuentra en el camino podría rivalizar con él en salvajismo. </p>

	<p>Primero pasa olímpicamente de Willard, porque está muy ocupado repartiendo una baraja de cartas (las cartas de la muerte) entre los vietcongs muertos. Willard le sigue, e incluso no se inmuta cuando vuela una granada en una guarida. Luego llega el muy negro momento del vietcong al que se le salen las tripas y suplica por un poco de agua. Kilgore se ofrece a darle agua, e incluso se pone agresivo con quienes no quieren darle ni eso antes de morir. Pero enseguida pasa de él cuando se entera de que uno de los que acompañan a Willard es el famoso surfista Lance Johnson. <strong>¿Quién sabe si el coronel hubiera escoltado al grupo hasta el río antes de enterarse de que su héroe surfista estaba con ellos?</strong></p>

	<p>Antes del muy famoso momento del ataque con la música de la cabalgata de las Walkyrias de Wagner (que sin duda merece otro post para ella), aún tenemos otro genial ambiente creado por Storaro, quien con gran valentía y pocos deseos de lucirse continuamente (como, ay, hacen tantos operadores con talento pero sin agallas), ofrece esta vez la fotografía de la fiesta nocturna, y en ella sin temor deja que las líneas de luces horizontales que aparecen cuando un foco incide directamente sobre el objetivo de la cámara, tengan su aparición. El preciosismo no tiene cabida aquí, sino una trabajada estilización de la imagen destinada a provocar la más fascinadora de las profundidades en la imagen.</p>

	<p><img id="image25780" src="http://img.blogdecine.com/2009/05/movies_movies_a__apocalypse_now_009396__500.jpg" class="centro" alt="movies_movies_a__apocalypse_now_009396_.jpg" /></p>

<h2>Estudio F.F. Coppola en Blogdecine</h2>

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      </item>
                    <item>
      <title><![CDATA['Apocalypse Now', terminar al coronel]]></title>
      <link>http://www.blogdecine.com/criticas/apocalypse-now-terminar-al-coronel</link>
      <guid>http://www.blogdecine.com/criticas/apocalypse-now-terminar-al-coronel</guid>
      <pubDate>Fri, 08 May 2009 05:35:32 +0000</pubDate>

      <author>Adrián Massanet</author>
      <description><![CDATA[
<img src="http://secure-uk.imrworldwide.com/cgi-bin/m?ci=es-rssweblogs&amp;cg=0&amp;si=http://www.blogdecine.com/index.xml" alt=""/> 
      <p><img id="image25717" src="http://img.blogdecine.com/2009/05/images_500.jpg" class="centro" alt="images.jpg" /></p>

	<p><blockquote>Me enviaban al peor sitio del mundo, y ni siquiera lo sabía.<br />
(I was going to the worst place in the world and I didn&#8217;t even know it yet)</p>

	<p>-Willard</blockquote></p>

	<p>Como no podía ser de otra manera, cuando por fin le dan su misión, encuentran a Willard en las últimas, moral y físicamente. Es interesante, sin embargo, que los dos sufridos correos deben estar acostumbrados a encontrarse con casos parecidos. Ese &#8220;we got a dead one&#8221; no quiere decir otra cosa que: aquí tenemos a otro colgado, compañero. Por supuesto, Coppola se ha encargado de remarcar que nosotros vemos a traves de los ojos de ese &#8220;colgado&#8221;, pues cuando sacan los papeles de su misión, la cámara adopta una mirada subjetiva: nosotros también nos vamos en esa misión. Los avezados soldados le arrastan literalmente hasta una ducha fría que nos duele ver. El grito de Willard se ahoga con el sonido de un nuevo helicóptero, el que le lleva a conocer su misión.</p>

	<p>Vamos a analizar a continuación la que sin duda es una de las mejores secuencias de diálogo, sino la mejor, que ha filmado Coppola en su vida. Es aquella en la que a Willard le dan a conocer cuál va a ser su misión. Daría para un libro.</p>

	<p><!--more--></p>

	<p>Porque Coppola, como es natural, habida cuenta de que ha filmado una veintena de películas, tiene unas cuantas escenas largas de diálogo en su haber, pero muy pocas como esta. Después de la locura del comienzo es necesario que el relato se asiente un poco, al menos durante unos minutos, y nos haga coger con ganas el largo paseo hacia el infierno. A Willard, muy serio, muy formal, en contraste con sus primeras imágenes, le recibe una figura apocada y algo torpe de movimientos, el coronel Lucas (un <strong>Harrison Ford</strong> casi irreconocible). La cámara, en lugar de recoger la escena en plano general, como suele suceder en una narración convencional, se sitúa a un lado, metida en un pasillo cuya esquina divisamos.</p>

	<p>Y esa cámara sólo empieza a moverse, en un lentísimo travelling (marca de Coppola, como ya advertimos varias veces en el largo análisis de los dos primeros padrinos&#8230;), sólo cuando Willard efectúa un paso adelante y se cuadra delante de los presentes, que como veremos después del reencuadre, son tres. Parece una cámara pudorosa, a la que le da miedo introducirse en un ambiente tan cargado, sabedora quizá del privilegio que tiene al asistir a una reunión de tan alto secreto. Y lo que se respira, incluso en las presentaciones, es una atmósfera de poder. Una irrespirable sensación de poder casi ilimitado, corporeizado en las dos presencias que acompañan al coronel.</p>

	<p>Es un momento filmado, sin embargo, con gran elegancia en el tratamiento de la luz. Storaro se basa únicamente en la iluminación que entra por las ventanas. Una luz suave para un ambiente sosegado que no consigue otra cosa que desasosegarnos. Más aún cuando la cámara de Coppola tiene la mala costumbre de colocarse frente a la mirada del actor, de modo que este o mira a cámara directamente, o al filo de su objetivo. Sentimos el escrutinio implacable del general Corman (soberbio G.D. <strong>Spradlin</strong>). La primera parte de la conversación se prolonga hasta que Lucas da un recorrido por la supuesta carrera como asesino de Willard. Él lo niega todo, tenso. Y parece que eso le basta al general. Del tercer personaje, un oscuro tipo cetrino e inexpresivo con la corbata desanudada, apenas notamos su presencia, y eso es lo peor de todo.</p>

	<p><img id="image25719" src="http://img.blogdecine.com/2009/05/471imgcachepng_500.jpg" class="centro" alt="471imgcachepng.jpg" /></p>

	<p>El general comienza la pantomima, y con ella la segunda parte de la secuencia. El nudo, por así decirlo. La cámara del travelling inicial se acerca un poco más, perdiendo parte del pudor. El nudo se tensa. Detrás de Willard aparece una mesa con cubiertos, en la que no habíamos reparado antes, y todos menos Lucas se sientan. En sus primeros planos, Willard parece ahora con bastante mala cara. Nos sentimos tan incómodos como él. En el intento del general y sus secuaces de hacerle bajar la guardia, lo que logran es ponerle más alerta, más nervioso. A partir de este momento, los planos que no sean de Willard, son subjetivos suyos, representan lo que él mira, en su práctica totalidad. Willard debe estar pensando &#8220;si me ofrecen roastbeef y marisco, es que me van a dar la peor misión de mi vida&#8221;.</p>

	<p>Algunas cosas se van perfilando. Como que el coronel es una especie de perrillo faldero de los otros dos, pues a pesar de su alto rango se dedica a ayudarles a comer y a darle el play a la cinta de audio, así como de comunicar finalmente a Willard el asunto en sí. Por supuesto que en cuanto empiezan a comer, le (nos) pasa la foto de Kurtz (al que reconocemos enseguida como Marlon Brando), pues si traga la comida igual traga con todo. Y enseguida le ponen un audio (imposible no retrotraerse a <strong>&#8216;La convsersación&#8217;</strong>) y entonces la suave e hipnótica voz de Brando inunda por completo la película. Durante dos minutos no hay más sonido que sus desvaríos y sus críticas a los altos mandos del gobierno de su país. Aquí alcanza Coppola una precisión difícil de describir.</p>

	<p>El coronel desaparece, pues carece de importancia, el general parece escandalizado o deprimido por las palabras que están escuchando. Y el tercer hombre (¿de la inteligencia norteamericana?) parece no escuchar la cinta. Un plano detalle magistral se centra en su plato de marisco y panoramiza hacia sus ojos glaucos sin vida, sin emoción. Willard, por su parte, parece no entender qué quieren de él. Es posible que muchas de las palabras de Kurtz las comparta. A fin de cuentas ambos han conocido los horrores de la guerra, al contrario que el resto de presentes en la sala, tiburones de despachos del pentágono. Por eso cuando la cinta concluye, y el general comienza un demencial discurso en torno al límite de la mente humana, Willard le mira como pensando &#8220;¿qué sabrás tú, niño mimado, si nunca estuviste en la jungla?&#8221;. Pero lo que ya me parece maravilloso es cómo concluye el general su monólogo, definiendo el estado mental de Kurtz como &#8220;unsound&#8221;, que aquí en España se tradujo adecuadamente como insano. Pero ahí está la referencia al sonido, como si Kurtz estuviera &#8220;distorsionado&#8221;. Y es que la obsesión de Coppola por el sonido es más que notable.</p>

	<p>Por muy afectadas que sean las palabras del general, se corta de repente y observa al coronel: &#8220;venga, chaval, ya he cumplido, suéltale el rollo&#8221;. Y el coronel, entre numerosos carraspeos, se lo dice: &#8220;termine usted con su mando&#8221;. Willard le responde al general, no al coronel: &#8220;¿terminar, yo, al coronel?&#8221;. Digamos que se les ha descarriado una poderosa oveja, y que en lugar de llevar a cabo la locura de la guerra, lleva a cabo su particular guerra en su particular locura. Y eso no lo pueden consentir. Tiene razón Kurtz en la cinta: son unos mentirosos. El hombre del traje por fin dice su única frase: &#8220;terminar con él, sin ningún prejuicio&#8221;, y vuelve a darle la foto a Willard, clavándole la mirada. </p>

	<p>Si durante toda la secuencia los actores han mirado prácticamente a cámara, sí tenemos la sensación de que se miran entre ellos. Sin embargo la última mirada de Willard es a cámara, concretamente al espectador. Es una mirada de desconcierto, de complicidad también. Viene a decir: &#8220;¿podéis creeros en qué lío me he metido?. Lo cierto es que de alguna manera, y después de ver su secuencia inicial, Willard se ha ganado el derecho de viajar hasta el último peldaño de la locura y el horror moral. Él quería una misión, y cuando acabara&#8230;nunca querría otra.</p>

	<p><img id="image25720" src="http://img.blogdecine.com/2009/05/harrisonford_apocalypsenow_lucas_500.jpg" class="centro" alt="harrisonford_apocalypsenow_lucas.jpg" /></p>

<h2>Estudio F.F. Coppola en Blogdecine</h2>

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      </item>
                    <item>
      <title><![CDATA['Apocalypse Now', soñando con la jungla]]></title>
      <link>http://www.blogdecine.com/criticas/apocalypse-now-sonando-con-la-jungla</link>
      <guid>http://www.blogdecine.com/criticas/apocalypse-now-sonando-con-la-jungla</guid>
      <pubDate>Wed, 06 May 2009 18:52:02 +0000</pubDate>

      <author>Adrián Massanet</author>
      <description><![CDATA[
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      <p><img id="image25690" src="http://img.blogdecine.com/2009/05/droppedimage_1_500.jpg" class="centro" alt="droppedimage_1.jpg" /></p>

	<p><blockquote>Todo el mundo consigue todo aquello que quiere. Yo quería una misión, y por mis pecados me dieron una.<br />
(Everyone gets everything he wants. I wanted a mission, and for my sins they give me one.) </p>

	<p>-Willard</blockquote></p>

	<p>Desde negro fundimos a un plano fijo, en larguísimo teleobjetivo que aplana la imagen, de una frondosa jungla. Durante varios segundos, el único sonido perceptible es el distorsionado repiqueteo de unas hélices. De súbito un helicóptero corta la pantalla, borroso. Se levanta una bruma amarilla. Se levantan también, a la vez, los primeros acordes de una música lejana. Más bruma amarilla. Al minuto y once segundos, una brutal explosión de napalm reduce la jungla a cenizas. Morrison dice “This is the end…beautiful friend”.</p>

	<p>Del rostro en parcial oscuridad de Michael Corleone, pasamos, cinco años después, al rostro de Willard (<strong>Martin Sheen</strong>), rostro invertido y sobreimpresionado a las imágenes de la jungla y los helicópteros. Las hélices desaparecen. Ocupa su puesto la hélice del ventilador de techo de su habitación. Y de ahí de nuevo a la jungla, otra explosión. No hay tregua. Son los dos primeros minutos de <strong>‘Apocalypse Now’</strong>. En 1979 el mundo conocía por primera vez estas imágenes.</p>

	<p><!--more--></p>

	<p>Una lenta panorámica, que funciona para cada objeto que nos muestra como un plano detalle, recorre las pertenencias de Willard, tirado en la cama, con un cigarrillo en la mano. Desde las fotos de su mujer y las cartas que presumiblemente le ha mandado, hasta la pistola que guarda debajo del colchón. Nos adentramos, sin previo aviso, en la mente de Willard, que no deja de pensar en la jungla, en la guerra, en la masacre. Está solo, en la cama, pero su mente está en otro sitio, y las imágenes de Coppola se encargan de mostrárnoslo de manera precisa. <strong>El sonido de las hélices del helicóptero finalmente se funde, sin que nos demos cuenta, con el sonido de las hélices de su ventilador.</strong></p>

	<p><object width="425" height="344"><param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/bU0DxJVWhGw&hl=es&fs=1"></param><param name="allowFullScreen" value="true"></param><param name="allowscriptaccess" value="always"></param><embed src="http://www.youtube.com/v/bU0DxJVWhGw&hl=es&fs=1" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="425" height="344"></embed></object></p>

	<p>El director quiere que vivamos la aventura con los ojos del protagonista. Esto es sutil, pero evidente, con ese formidable plano subjetivo, cámara en mano, en el que todos nos levantamos con Willard y miramos por la ventana, para darnos cuenta de que seguimos en Saigon. <strong>Mierda. Sólo estamos en Saigon.</strong> Son las primeras palabras de la voz en off de Sheen (un actor, por cierto, con una voz bellamente atenorada, que pocos años antes había protagonizado nada menos que el debut de Terrence Malick, aunque allí la voz en off era de <strong>Sissy Spacek</strong>), que da vida a un personaje que ha tocado fondo. </p>

	<p>El tiempo se detiene. Para todos. Para Willard y para nosotros. No hay más imágenes de la jungla, ni más visiones ni sonidos desde lo desconocido. Somos testigos privilegiados de la confesión de un hombre que, en su habitación de hotel, está volviéndose loco. Y todo por volver a la jungla. Coge la foto de su ya ex-mujer…y la quema con la brasa de su cigarrillo. Este soldado que bebe y fuma sin parar, que luce barba de varios días, es el protagonista elegido por Coppola. ¿Por qué? Quizá por la lucidez que desprenden sus actos. <strong>Algo parece haberle hechizado de sus combates en Vietnam.</strong> Willard representa al soldado norteamericano obsesionado con las técnicas de combate del adversario vietnamita: “a cada minuto que paso en esta habitación me debilito, y a cada minuto que Charlie se esconde en la espesura se hace más fuerte”.</p>

	<p>No parece un soldado típico. Más bien un guerrero esperando a una misión especial que dé sentido a su existencia. A su dolor, incluso. Coppola sitúa un magistral plano cenital, muy contrastado de iluminación, que provoca gran inquietud en el espectador. Es un plano que describe brillantemente la situación anímica de su protagonista. Regresa con toda su furia el tema de los The Doors. <strong>Ha llegado la noche y Willard se enfrenta a sus demonios.</strong> Efectúa movimientos de artes marciales delante del espejo (es cierta la adoración de algunos soldados por su propio cuerpo), se pinta la cara como si saliera de noche en una emboscada. Por fin, completamente borracho, se tambalea efectuando esos movimientos. En el momento del clímax, rompe (realmente) el cristal del espejo de un puñetazo.</p>

	<p>Es la locura. El primer peldaño, sólo que pensamos que es el último. Pero descubriremos lo equivocados que estábamos. Fascinado por su propia sangre, Willard la observa y se pinta con ella. Coppola al menos tiene la dignidad de abandonarla cuando rompe a llorar desencajado. Funde a negro. Siete minutos y dieciséis segundos encargados de hacernos testigos del hundimiento absoluto de un hombre destrozado. Pienso que el salvajismo y la audacia de estas imágenes desafían, y probablemente superan, a cualquier corto o largo de índole experimental o directamente abstracta. <strong>Coppola, después de alcanzar la plenitud con los dos padrinos, cambia totalmente de tercio.</strong></p>

	<p>No sólo su estilo, también su mirada. La solemnidad de la tragedia deja paso al caos, a la furia. De la identificación sentimental con unas raíces personales, pasamos a la crónica del desatino de las acciones internacionales de Estados Unidos. Esto entronca con el estudio del poder a través de la familia Corleone. Seguimos con la disección del poder, pero ahora en clave hiperbólica, pues no hay otro adjetivo que le cuadre a la actuación de los ejércitos de Estados Unidos en el continente asiático, cuyo objetivo claro era desestabilizar la zona a su favor con la excusa de detener el comunismo.</p>

	<p><object width="425" height="344"><param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/sD1jkBL6NwA&hl=es&fs=1"></param><param name="allowFullScreen" value="true"></param><param name="allowscriptaccess" value="always"></param><embed src="http://www.youtube.com/v/sD1jkBL6NwA&hl=es&fs=1" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="425" height="344"></embed></object></p>

	<p>Coppola elige a Martin Sheen para dar vida a su extraño y oscuro protagonista. <strong>Pocos intérpretes hay más apolíneos y misteriosos que él en su generación.</strong> No demasiado alto, pero indudablemente apuesto, Sheen ofrece la que es, quizá, la más completa interpretación de su carrera. La secuencia de apertura es un caso excelente de improvisación mezclada con una suave guía por parte del director. Si observamos a Sheen borracho, es porque realmente lo estaba. Y sus palabras “my heart is broken” (que no oímos, pero que podemos apreciar en las imágenes del rodaje disponibles en el esencial ‘Hearts of Darkness: A Filmmaker’s Apocalypse’) son reales también. </p>

	<p>Muchos pueden censurar esta técnica de dirección de actores de Coppola, que en casos extremos no tiene reparo en acceder al interior de la mente de sus actores, y torturarles psicológicamente para obtener sus fines. Este es un ejemplo muy radical, pero el caso es que Sheen era mayorcito para acceder a largas sesiones de improvisación que lo dejaron exhausto, y muy frágil anímicamente. En las condiciones ideales para dejarse impresionar por las condiciones alucinógenas de un rodaje larguísimo y agotador. Durante el rodaje de este sensacional inicio, Coppola le hablaba y le hablaba a Sheen, indagando en las mismas fisuras de su corazón. Si nos conmociona observar a un personaje derrotado, es porque estamos viendo a un hombre derrotado. Para Coppola <strong>es muy importante no sólo contar algo, sino que la realidad y su relato convivan.</strong></p>

	<p>Pareciera que Sheen va a lanzarse a por la cámara. Era imprescindible conseguir esa sensación, aunque fuera convocando los demonios del propio actor. De hecho, toda la secuencia parece una convocatoria a los demonios más terroríficos del subconsciente. Ya no hay lugar para la contención, para el ritual. Coppola convoca a los mismos demonios del personaje, y los hace materia misma de la secuencia, corporeizados en los helicópteros, en la demencia de la guerra. Sus planos son ariscos, tenebrosos, con grandes contrastes de luz, muy expresionistas. El operador Vittorio Storaro y el diseñador de producción Dean Tavoularis, se alían con Coppola para crear una atmósfera opresiva, irrespirable. La cámara de Coppola, imprevisible, se introduce en la primera puerta del dolor y la locura. Sólo es el comienzo.</p>

<h2>Estudio F.F. Coppola en Blogdecine</h2>

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<p><a href="http://www.blogdecine.com/default/el-padrino-parte-ii-la-herencia-de-michael">&#8216;El padrino, parte II&#8217;, la herencia de Michael</a></p>

<p><a href="http://www.blogdecine.com/criticas/el-padrino-parte-ii-el-hermano-de-michael">&#8216;&#8216;El padrino, parte II&#8217;, el hermano de Michael</a></p>

<p><a href="http://www.blogdecine.com/criticas/el-padrino-parte-ii-la-decision-de-vito">&#8216;El padrino, parte II&#8217;, la decisión de Vito </a></p>

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