'Australia', el cine perdido

Baz Luhrmann consiguió sonados éxitos con sus dos anteriores películas, ‘Romeo + Julieta’ y ‘Moulin Rouge’. Servidor no aguanta la primera, capaz de estropear una de las más grandes historias de amor jamás contadas (fuente de inspiración de forma masiva), y la segunda me parece mucho mejor, sobre todo por la excelente labor de los actores, o la divertida osadía de utilizar canciones en un popurrí, a ratos genial, a ratos exagerado. No obstante, ambas eran una mezcla de clichés, adornadas con la supuesta fuerza visual de Lurhmann, que intentaban paliar las más que evidentes carencias de las propuestas.
Con ‘Australia’, Luhrmann pretende esta vez rendir homenaje a un tipo de cine ya muerto. Una operación parecida a la que realizó James Cameron con su impresionante ‘Titanic’. Un melodrama como los de antes, con sus dosis de aventura y romance, pasado, cómo no, por el prisma de un director, ahora sí, ahogado en sus propias limitaciones, descubiertas por su incapacidad de transmitir algo a través de unas imágenes vistosas, pero carentes de toda fuerza.



