
John Moore (responsable de los remakes de ‘El Vuelo del Fénix’ y ‘La Profecía’) no había mostrado ningún talento especial como para tener confianza en su nueva película, pero siendo éste un proyecto tan particular, y contando con el protagonismo de un Mark Wahlberg que se encuentra en el mejor momento de su aún joven carrera, me senté en la butaca del cine con la convicción de estar a punto de presenciar un producto diferente, un hijo de múltiples padres (el videojuego en el que se basa, la acción a lo Matrix, la estética de Sin City) con algo que ofrecer al género de acción actual, demasiado enfangado en los tópicos.
Tenía esperanzas puestas en esta película. Ninguna joya deslumbrante, por supuesto, sólo esperaba ver lo que los trailers habían prometido, un thriller policiaco con imágenes espectaculares. Durante gran parte del metraje, ‘Max Payne’ sorprende porque va a contracorriente. En lugar de planos cortos y cámara en constante movimiento, se apuesta por lo clásico, se huye del videoclip, se planifica con bastante inteligencia y se toma su tiempo para ir exponiendo la trama, sin prisas. Y cuando llega la hora de la verdad, se viene abajo.

