'Mar adentro', abyecto melodrama

Sólo el tiempo y la evolución de las conciencias decidirán si mi petición era razonable o no
- Ramón Sampedro
Primero que nada hay que decir las cosas como son: Alejandro Amenábar es un grandísimo profesional del arte de hacer películas. Y cuando digo grandísimo profesional me estoy refiriendo a todo lo que comprende el aspecto artesanal y técnico que conlleva una realización audiovisual. Este hombre le da sopas con onda al resto de realizadores españoles con una mano atada a la espalda. Aquí venía de hacer ‘Los otros’, tres años antes, y todo lo que aprendió de aquella gran producción lo aplica aquí de manera ejemplar, en un producto de un gran acabado formal.
Ahora bien, como espectador, como cinéfilo y como analista, uno tiene sus principios y, más aún, su integridad. Como se suele decir, lo cortés no quita lo valiente. No se puede, simplemente, admirar las virtudes de un filme, olvidando así todos sus terribles defectos, por más que está claro que Amenábar tiene cine en las venas. Ahora bien, este hombre, en cuanto a personalidad y a coraje intelectual, no está a la altura de su pericia técnica. Esto está clarísimo.


El lunes, 13 de octubre se inició el rodaje de ‘El mal ajeno’, de Óskar Santos (a la derecha de la fotografía), un thriller psicológico con elementos fantásticos que transcurre en un hospital y que cuenta en sus créditos con célebres nombres: produce, Alejandro Amenábar, amigo y compañero de facultad de Santos; el guión es de Daniel Sánchez Arévalo, ganador de tres Goyas por ‘AzulOscuroCasiNegro’, y la protagonista es Belén Rueda.
A nadie se le escapa que vivimos en la edad de oro de las series de televisión. Hasta Cahiers du Cinema dedica páginas de su revista a reseñar series de calidad como ‘Dexter’ o ‘Damages’, llenas de valores cinematográficos y narrativos.

