'La conversación', el sonido de la soledad

En el primer plano de ‘La conversación’ (de dos minutos y cincuenta y seis segundos de duración) se establece por entero el camino estético que esta película va a mantener hasta su conclusión. Son ciento setenta y seis segundos con mucho más cine que el 90 % de la producción mundial. En ellos no sólo se establece el tema y el estilo, sino que ya se dice prácticamente todo del personaje principal, Harry Caul (fenomenal, como casi siempre, Gene Hackman). Basta ese extraño zoom sobre su figura, que le destaca de la masa de gente que pasea por la concurrida plaza, y que un mimo le siga, para descubrir a un solitario incurable, incapaz de expresar emociones.
Por eso me asombra que de cuando en cuando aparezca algún gran conocedor de cine que tilde a la película como menor dentro de la filmografía de Coppola, teniendo en cuenta, además, que se encuentra incrustada entre los dos padrinos, díptico sacro del cine norteamericano de la segunda mitad del siglo XX. Muy al contrario, ‘La conversación’ es un filme fascinante, repleto de lecturas y detalles inquietantes. Si la obra de un artista se mide por la capacidad de este de presionar sobre los límites de su imaginación, extendiéndola y sorprendiendo al espectador, esta película confirma el estallido de genio de Coppola en los años setenta.
