James Cameron (IX): La tumba del mar

Resulta muy difícil hablar o escribir sobre esta película. Y no precisamente porque se haya hablado en profundidad sobre ella, sin prejuicios; ni porque lo que se haya escrito le pueda hacer justicia. En realidad, es difícil porque al ser una de las películas más famosas de la historia del cine, es también una de las más odiadas, y una de las más incomprendidas. Esto resulta chocante, por cuanto cualquier persona en este planeta puede comprenderla, sin ni siquiera entender u oír los diálogos, y cualquier persona en el mundo puede sentirse identificado con esta tragedia (que para su director tiene aires bíblicos), y eso es mucho decir.
Después de la casi desconocida versión de 1943 dirigida por Klingler y Selpin, y de la muy famosa de Jean Negulesco de 1953, sin olvidar que Hitchcock estuvo a punto de dirigir su versión en los años 40, llegó la más ambiciosa producción sobre el evento. Unas quinientas personas reconstruyeron fielmente, en cien días la carcasa exterior del barco, en los estudios de la Fox de Rosarito en Baja California, México. Cameron estaba dispuesto a jugárselo todo con la que sería la película (la primera suya que no es Sci-Fi) más ambiciosa y sincera de su carrera. La más personal y arriesgada.

