Christina Ricci, una actriz diferente

De verdadera metamorfosis (física e interpretativa) se puede calificar la transformación radical que ha llevado en su carrera la Christina Ricci. Desde aquel papel de psicópata, hija de familia gótica y oscura, siendo una niña regordita y menuda, de mirada terrorífica (en ‘La familia Adams’, 1991), hasta la morbosa, alocada y joven sensual de mirada sensual capaz de derretir a cualquiera, que se une a una vieja leyenda del blues (en ‘Black Snake Moan’, 2007), Ricci ha pasado de niña a mujer, de prometedora actriz infantil a ser una verdadera estrella, portada de revistas y alabada por su estilo. Eso sí, de belleza diferente. Sus grandes ojos color avellana y nariz respingona que aparecen ahora seductores, propios de joven madura, han dejado atrás la redondez adolescente de su menudo cuerpo (mide un metro y medio), para evidenciar que con trabajo y sacrificio (natural) puede derretir a la cámara, en un nuevo y estimulante camino en su filmografía.
La acabamos de ver, con un look muy “anime” y realmente atractivo como Trixie, la novia y fan de Speed en ‘Speed Racer’, un título grandilocuente y muy comercial, que la está relanzando hacia nuevas metas. Considerada durante una etapa como una de las reinas del cine independiente, su transformación física, parece abrirle interesantes proyectos para una actriz diferente.



Confirmado, promocionar películas mostrando alguna escena (ligeramente) subida de tono antes de su estreno está de moda. 

