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		<title>Magazine - bob-fosse</title>
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Blog de cine, los trailers y críticas de películas de todos los estrenos. Información sobre futuros rodajes y todo sobre las estrellas.		</description>
		<pubDate>2012-05-27 02:32:12</pubDate>

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      <title><![CDATA['All That Jazz', bailar con la muerte]]></title>
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      <pubDate>Thu, 10 Mar 2011 17:50:47 +0000</pubDate>

      <author>Adrián Massanet</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img id="image38245" src="http://img.blogdecine.com/2011/03/old-3531_650.jpg" class="centro" alt="old-3531.jpg" /></p>

	<p><blockquote>&#8220;A veces no sé dónde termina la patraña y comienza la verdad&#8221;</p>

	<p>- Joe Gideon (Roy Scheider)</blockquote></p>

	<p>En la desigual y en cierta forma fascinante carrera como director de <strong>Bob Fosse</strong>, <strong>&#8216;All That Jazz&#8217;</strong> (id, 1979) ocupa un lugar especial. Por muchas razones. La principal de ellas es que, siete años después de haber ganado el Oscar al mejor director (entre más de media docena) por una película con momentos estupendos y otros no tanto como es <strong><a href="http://www.blogdecine.com/fichas/peliculas-musicales/cabaret">&#8216;Cabaret&#8217;</a></strong> (id, 1972), y con aquella estimable <strong>&#8216;Lenny&#8217;</strong> (id, 1974) entre ambas, Fosse lleva a cabo un ejercicio de sinceridad brutal en su cuarta película, abriéndose el pecho de par en par y mostrándose en carne viva tal y como es, con todas las mezquindades y deplorables defectos de su personalidad, algo que muy pocos artistas (Oscar Wilde en su <strong>&#8216;De Profundis&#8217;</strong>, Chet Baker en <strong>&#8216;Let&#8217;s Get Lost&#8217;</strong>, Andrei Tarkovski en <strong><a href="http://www.blogdecine.com/criticas/andrei-tarkovski-nostalgia">&#8216;Nostalghia&#8217;</a></strong> (id, 1983), Ingmar Bergman en <strong>&#8216;Saraband&#8217;</strong> (id, 2003), entre otros, no muchos) han tenido los redaños de hacer. Pero hay otros factores que convierten a &#8216;All That Jazz&#8217; en algo muy diferente. En otra cosa.</p>

	<p>Fosse había sido designado por la naturaleza para triunfar en cualquier cosa que tuviera que ver con la música y con el baile. Salvo por un detalle que, en su oficio y en la época en la que él empezaba, era casi un estigma. O sin el casi. Se quedó prematuramente calvo. De tal modo que se vio &#8220;obligado&#8221; a convertirse en coreógrafo. En caso contrario, pudo haber sido un bailarín excepcional, pero quizá el mundo no habría visto sus notables, arriesgadas y heterodoxas creaciones, que le hicieron célebre y que son la columna vertebral de una historia compulsiva, descarnada, con Fosse mirando ya muy de cerca a la muerte (aunque aún llegaría a filmar una película más, la irregular <strong>&#8216;Star 80&#8217;</strong>, en 1983, con la salud muy deteriorada). Y si esa es la columna vertebral el corazón y el alma son la personalidad atormentada, tumultuosa, de ese coreógrafo al que él llamó Joe Gideon, al que seguiremos en un itinerario casi suicida pero siempre apasionante de ciento veintitrés minutos que se pasan literalmente volando y que dejan con ganas de más música, de más baile, de más verdad.</p>

	<p><!--more--></p>

<h2>La energía de Fosse</h2>

	<p>Lo cierto es que &#8216;All That Jazz&#8217; puede parecer una película anticuada en sus formas. Pero es que ya nació anticuada, y así lo quiso su creador. Filmada un poco al estilo de un falso documental, en el que la vida cotidiana del coreógrafo y director se va alternando con diálogos oníricos con una misteriosa dama que probablemente sea la Muerte, llamada Angelique (interpretada por <strong>Jessica Lange</strong>) a menudo tendremos la sensación no de estar asistiendo a una ficción, sino de estar viendo ensayos grabados, pruebas de casting reales, sucesos que un documentalista ha mezclado con la ficción de manera magistral. La serena cámara de Fosse convive con un montaje sincopado, salvaje, en parte responsable de esos montajes de ahora a lo <strong>Guy Ritchie</strong>, pero mucho más elaborado, más inteligente y más rico en su búsqueda formal. Fosse nunca fue un genio del cine, pero desde luego tenía personalidad, y sabía otorgar a las herramientas cinematográficas una fuerza, un estilo muy propio, que hacía perdonar sus carencias. Algunos han comparado esta película con <strong>&#8216;Fellini 8½&#8217;</strong> (&#8216;8½,&#8217;, 1963), y no les falta razón en lo temático, aunque quizá sí en la forma de abordar las obsesiones del creador.</p>

	<p><img id="image38246" src="http://img.blogdecine.com/2011/03/old-4939_650.jpg" class="centro" alt="old-4939.jpg" /></p>

	<p>La irregularidad, la ligereza compartiendo minutos con la gravedad, son factores asumidos por Fosse, que se siente más libre que nunca, tratando un tema tan espinoso como el íntimo sentimiento de fracaso, personal y profesional. Mirándose al espejo, <strong>contemplando un reflejo que no le gusta</strong> demasiado pero con el que tiene que aprender a levantarse cada mañana, soltando ese mítico y muy significativo &#8220;It&#8217;s show time, folks.&#8221; (literalmente, &#8220;es la hora del espectáculo&#8221;, pero también, &#8220;es la hora de mostrar&#8221;, de mostrarse&#8230;). Gideon/Fosse se atiborrará sin parar, durante buena parte del metraje (y sospechamos, también en las pocas secuencias en las que no aparece) de tabaco, de licor, de sudor, de drogas, de mujeres&#8230; y de frustración, de inseguridad, de lucha por trascender el mero trabajo (por mucho que le guste) y lograr algo realmente bello, batallando sin descanso contra las propias limitaciones (¿no es ese el día a día de cualquier artista?), exprimiéndose en cuerpo y alma hasta que no queda nada de él y el cuerpo dice basta. </p>

	<p>Al igual que &#8216;Cabaret&#8217;, &#8216;All That Jazz&#8217; no es un musical en sentido estricto. No basta con poner números musicales o simplemente coreografías. El musical clásico se definía por incluir canciones que sustituían diálogos, y sin las cuales era imposible comprender la trama. El único musical que Fosse dirigió en toda su vida, aunque siempre a su peculiar manera, fue <strong>&#8216;Noches en la ciudad&#8217;</strong> (&#8216;Sweet Charity&#8217;, 1969), una pieza bastante valiosa, y hoy bastante olvidada, con la siempre estupenda <strong>Shirley MacLaine</strong> de protagonista. Pero da la impresión de que a Fosse el musical clásico le importaba bien poco. Ya en &#8216;Cabaret&#8217; el contraste entre los números musicales y el resto de la historia era enorme, en inspiración, en ejecución, en interés. A él lo que le importa es la música, la danza, el frenesí. Todo lo demás es accesorio. Por eso quizá &#8216;All That Jazz&#8217; supera al resto de su filmografía, porque por una vez lo que está al margen de la música&#8230;sigue siendo música, o tiene mucho que ver con ella. Y desde luego está filmado con su habitual imaginación con los movimientos de cámara, que van parejos con su proverbial imaginación, ingenio y descaro, en los movimientos de sus bailarines.</p>

	<p>Descaro que llega aquí a sus cotas máximas. Fosse siempre fue un coreógrafo que tendía a la provocación, al paroxismo de la sensualidad en el cuerpo y los movimientos de sus artistas, y emociona verle defender un número en el que solamente falta sexo, porque está saturado de erotismo en cada detalle. Un número que sus productores se niegan a incluir. Y es que no falta incluso la proverbial batalla entre el creador y los representantes del dinero. O, lo que es lo mismo, la lucha <strong>entre la libertad y el pragmatismo</strong>. Porque, pese a sus luces y sus sombras, la obra cinematográfica de Fosse (la teatral, como es lógico, no tuve oportunidad de verla) es un ejemplo de libertad, de voluntad, de independencia. Y su cine va a perdurar como expresión máxima de la agitada y escandalosa personalidad de este gran hombre de la música y la danza, que se alzó (ex-aqueo con la soberbia &#8216;Kagemusha, la sobra del guerrero&#8217;, de Kurosawa) con la Palma de Oro en el Festival de Cannes, amén de cuatro Oscar. Así que, si no la han visto, vean &#8216;All That Jazz&#8217;, la mejor manera que probablemente nadie tuvo de conocer el interior del alma de Fosse.</p>

<h2>Lo mejor, lo peor e imagen favorita</h2>

	<p>Lo peor, si es que algo malo se puede decir, es que es tan personal que si no entras en ella, poco se puede hacer. Lo mejor el maravilloso Roy Scheider y todo lo que rodea la creación de coreografías. Mi momento favorito es cuando lleva a su amante al límite para lograr convertirla en una buena bailarina.</p>

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      <title><![CDATA['Cabaret', la música como refugio frente a la violencia]]></title>
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      <pubDate>Mon, 30 Nov 2009 09:16:07 +0000</pubDate>

      <author>Adrián Massanet</author>
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      <p><object width="500" height="344"><param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/_D7AebhY4qg&hl=es_ES&fs=1&"></param><param name="allowFullScreen" value="true"></param><param name="allowscriptaccess" value="always"></param><embed src="http://www.youtube.com/v/_D7AebhY4qg&hl=es_ES&fs=1&" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="500" height="344"></embed></object></p>

	<p><blockquote>¡No seas tan británico!</p>

	<p>-Sally Bowles</blockquote></p>

	<p>Decía <strong>Francis Ford Coppola</strong>, no recuerdo ahora mismo cuándo ni dónde, aunque sé que lo dijo, y estoy de acuerdo con él, más que nada porque las reglas están para algo, que el cine musical, en sentido estricto, es aquél cuya trama no puede comprenderse sin las canciones, ya que éstas cuentan la historia musicalizada. Ahora bien, también creo que las reglas están para romperse, <strong>con el necesario ingenio, y &#8216;Cabaret&#8217; es buena prueba de ello</strong>, pues la historia podría entenderse perfectamente sin los números musicales que las chicas y el genial maestro de ceremonias llevan a cabo sobre el escenario del Kit Kat Klub, pero faltaría el punto de vista que esas mismas canciones aportan, esa ironía que complementa la historia, o sencillamente ese juego de contrastes servido con el prodigioso montaje de <strong>David Bretherton</strong> entre la cruda realidad exterior y el salvaje libertinaje del interior.</p>

	<p>Y lo de sacar a colación a Coppola tiene otro sentido más, y es que ese montaje paralelo que podemos observar en el primer número musical de la película (arriba del todo lo tienen) lo plagió él descaradamente, con toda la desvergüenza del mundo, no solamente en varios momentos de su espectacular pero gélida <strong>&#8216;Cotton Club&#8217;</strong>, sino en cierta forma en el sublime final de su trilogía sobre los Corleone. Pero eso es lo de menos. <strong>&#8216;Cabaret&#8217;</strong> se convertía en un hito en 1972, recuperando el esplendor, ya casi olvidado, de los grandes musicales, obteniendo un fabuloso éxito popular y ocho Oscar, aunque el de mejor película le fue arrebatado, sorpresivamente para muchos, por &#8216;El Padrino&#8217;, precisamente.</p>

	<p><!--more--></p>

<h2>Fosse, música en las venas</h2>

	<p>Hace varios años hablábamos bastante de esta película en particular, y de Bob Fosse en general, en las cinéfilas conversaciones de la lamentable escuela de cine a la que acudía. Mi opinión entonces, que no era más que un crío, es que Fosse, que había podido firmar famosas películas en su carrera, no era un creador cinematográfico de primera magnitud. Pensaba eso entonces, y ahora sigo pensando exactamente igual. No fue un gran creador de formas cinematográficas, pero, como suelo decir, <strong>hay que ser un genio en esta vida para llegar a ser un mediocre</strong> (imaginemos, sólo por un instante, lo que se necesita para llegar a ser un genio). No me interprete mal el lector, Fosse no era en absoluto un mediocre. Era un artista febril y brillantísimo. Y &#8216;Cabaret&#8217; es una magnífica película. Aunque suelo preferir <strong>&#8216;All That Jazz&#8217;</strong> porque a la brillantez se une la sinceridad.</p>

	<p>Fosse, sobre todo, era un creador de musicales. Por sus venas corría más serrín de espectáculos teatrales, y más música y danza, que cine, aunque amaba este arte con todo su corazón. Era un animal escénico, un gigantón adicto a los estimulantes y a la emoción de las representaciones. Un perfeccionista casi insensible al dolor físico y psicológico de sus bailarines. Un hombre profundamente apasionado y vital y atormentado, como todos los grandes artistas. Y principalmente era un coreógrafo superdotado, tal vez el más grande del siglo XX en Estados Unidos, que ganó nada menos que ocho premios Tony, toda una hazaña; y en su juventud fue un bailarín excepcional que vio frenada su carrera por su prematura e implacable calvicie. De modo que en lugar de deslumbrar con sus movimientos, deslumbró indicando a otros bailarines cómo moverse, y se hizo célebre por ello.</p>

	<p>De las cinco películas que dirigió es lógico que la más célebre sea la segunda, este drama con el Berlín de entreguerras de fondo. Con ella pulió los números más ingeniosos, más creativos, de su carrera cinematográfica, y se lució con una magistral recreación de época, a cargo de <strong>Rolf Zehetbauer</strong>, estilizada pero al mismo tiempo muy realista, muy verosímil. Con esta película, Fosse se alejaba por fin de los escenarios y modelaba su más importante juguete cinematográfico&#8230;que finalmente era un musical, y a día de hoy uno de los más famosos de la historia. Y uno de los más singulares. </p>

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<h2>Sally Bowles y toda suerte de perdedores naturales</h2>

	<p>El personaje central, por supuesto, es esa cantante desprejuiciada y entrañable interpretada con enorme vitalidad y energía por la no siempre cabal <strong>Liza Minnelli</strong>, que de su madre <strong>Judy Garland</strong> heredó una voz inferior pero también poderosa, y de su padre <strong>Vicente Minnelli</strong> el sentido del espectáculo musical. Bowles es una norteamericana sin rumbo que <strong>igual que ha terminado en Berlín, podría haberlo hecho en Londres o París</strong>, y que ofrece su talento para espectáculos subidos de tono en los que ella, que aprovecha para conocer a ricachones abyectos que tal vez la retiren, se siente en su salsa.</p>

	<p>Quiere ser actriz, por supuesto, y busca contactos en la <span class="caps">UFA</span> (que sería una de las más eficaces herramientas de propaganda bélica de la Alemania nazi), pero también es una mujer con el corazón roto, pues su padre, un diplomático siempre ausente, no le hace ni puñetero caso. Ambos rasgos de su carácter serán el timón que Minnelli empleará para la que quizá sea su mejor interpretación. A su lado <strong>Michael York</strong>, que nunca fue actor de mi devoción, está más que digno en su extraño papel de británico linguista Brian Roberts, y en su amistad con Sally está el corazón de la historia. <strong>Nosotros lo observamos todo con los ojos del británico</strong>. Pero, en comparación, es mucho más misterioso y fascinante el inigualable maestro de ceremonias de <strong>Joel Grey</strong> (justísimo Oscar al mejor actor de reparto), al que nunca veremos fuera del escenario, lo que acentúa su enigmática imagen.</p>

	<p>Sally y Roberts intentan salir adelante en el Berlín más tumultuoso del siglo, ese en el que surgió el nazismo como supremo manipulador de las mentes deprimidas y los ánimos machacados de los alemanes, en un país arruinado y sin futuro. Pero en ese sentido y en otros, &#8216;<strong>Cabaret&#8217; se antoja una película dramáticamente anémica</strong>, que se queda en la superficie del asunto por querer abarcar demasiado, porque la peripecia de sus personajes no está convenientemente fusionada con el entorno social, de modo que parece que hay varias películas dentro de ella, y casi se anulan unas a otras. Esto no llega a suceder, pero sin duda le hubiera beneficiado una mayor concisión argumental y menos dispersión.</p>

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	<p>Lo que está claro, es que el nivel que mejor funciona es el musical, donde Fosse da lo mejor de sí mismo, sobre todo narrativamente, porque fuera del Kit Kat Klub, aunque filma con gran profesionalidad, el contraste con la forma en que monta y visualiza los shows es muy sensible. De hecho, parece que la historia no es más que la excusa para las canciones, aunque gran número de estas fueron descartadas del libreto original de Joe Masteroff, para el que Fred Ebb escribió las letras de los temas, y John Kander la música. <strong>Ambos reescribieron y crearon muchas cancione</strong>s, pero Fosse se quedó con unas pocas y, ayudado por el gran operador <strong>Geoffrey Unsworth</strong> (uno de los más grandes de su época), deslumbra con una imagen espectacular, densa y muy psicológica.</p>

	<p>Con su factura impecable y su estilizado sentido musical, no sorprendió a nadie que la adaptación largamente esperada de &#8216;Chicago&#8217; calcara punto por punto el toque Fosse. Aunque si ya de por sí, Fosse tenía algo de gélido, &#8216;Chicago&#8217; mucho más, dirigida por el también coreógrafo <strong>Rob Marshall</strong>, un director con poquísima personalidad que entregó un producto muy espectacular y con buenos números musicales, pero que se queda en una película interesante, corriente, y poco más, que le arrebató de manera absurda el Oscar a la mejor película a <a href="http://www.blogdecine.com/criticas/el-pianista-el-arte-sobrevive">&#8216;El pianista&#8217;</a>.</p>

	<p>Imposible ver diez minutos de &#8216;Chicago&#8217; sin desear quitarla y poner inmediatamente &#8216;Cabaret&#8217;, una brillante película imperfecta con algunos de los números musicales más singulares e inolvidables de la historia del cine.</p>

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