El éxito de ‘The Big Shave’ proporcionó a Scorsese la convicción suficiente para abandonar, al menos de momento, el formato del corto para dar el definitivo salto al largo. De hecho, tanta seguridad tenía en sí mismo que en un principio se planteó la posibilidad de filmar una trilogía en la que la Nouvelle Vague, el Neorrealismo y el estilo de Cassavetes fueran de la mano. Esa trilogía, centrada en los recuerdos de Martin acerca de su Little Italy, habría estado conformada por ‘Jerusalem, Jerusalem’, ‘Bring on the dancing girls’ (cuyo germen daría lugar a ‘Who’s That Knocking at my Door?’), y ‘Season of the Witch’ (que terminaría siendo ‘Malas calles’). Finalmente sólo hubo presupuesto y tiempo para filmar la segunda, gracias a un préstamo del padre de Scorsese y de un antiguo profesor de la escuela de cine, consistente en 35.000 dólares.
He de reconocer que sólo he visto una vez esta verdadera rareza de Scorsese, hace casi una década, en un pase de la escuela de cine (a saber de dónde habrían sacado aquel video…), en inglés sin subtítulos. Posteriores visionados fragmentados, gracias a clips sueltos disponibles en internet, han contribuido a rellenar algunas lagunas de mi recuerdo acerca de ella. Con su fama de filme casi maldito, que tardó casi cuatro años en completarse debido a infinidad de problemas económicos, a que se rodó gran parte de su metraje original, a cambios radicales en el guión, a la disparidad de formatos con que fue completada. Un verdadero caos de producción que, sin embargo, repercute no demasiado en la valoración global de un filme que, si bien dista mucho de ser verdaderamente importante, contiene numerosos puntos de interés y, sobre todo, una pasión y una sinceridad que estaría bien encontrarse en filmes de debut como este. Los pocos scorsesianos que la habrán visto creo que me darán la razón.


