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		<title>Magazine - braveheart</title>
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		<description>
Blog de cine, los trailers y críticas de películas de todos los estrenos. Información sobre futuros rodajes y todo sobre las estrellas.		</description>
		<pubDate>2012-05-27 02:36:11</pubDate>

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      <title><![CDATA[Grandes secuencias de batallas]]></title>
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      <pubDate>Fri, 12 Nov 2010 17:18:00 +0000</pubDate>

      <author>Adrián Massanet</author>
      <description><![CDATA[
      <p>A todos, o casi todos, nos gustan las grandes secuencias de batallas que están bien hechas. Las que resultan torpes o aburridas irritan por la cantidad de dinero y personas despilfarradas. Pero las que están bien hechas entusiasman por la pericia del director a la hora de mostrar el horror de la guerra, ya sea a través del caos o gracias a una planificación. He elegido solamente diez que me gustan mucho, entre las cientos que deben existir en la historia del cine, con la esperanza de que el lector aporte las suyas, porque sé perfectamente que es una lista incompleta y que aunque pusiera veinte o treinta títulos siempre faltaría alguna.</p>

<h2><a href="http://www.blogdecine.com/fichas/cine-clasico/espartaco">&#8216;Espartaco&#8217;</a></h2>

	<p><img id="image35954" src="http://img.blogdecine.com/2010/11/douglas-spartacus_650.jpg" class="centro" alt="douglas-spartacus.jpg" /></p>

	<p><strong>Batalla final entre los esclavos liberados y las fuerzas combinadas de Craso, Pompeyo y Lúculo</strong></p>

	<p>Probablemente, la madre de todas las batallas del cine. Filmada íntegramente en localizaciones españolas, se emplearon casi diez mil extras y Kubrick, que controló el rodaje de la secuencia desde una torre, llegó a emplear enanos y muñecos para simular todavía más soldados y esclavos luchando. A día de hoy impresionan exactamente igual los movimientos de las falanges romanas (la mayoría conformadas por soldados españoles en el rodaje) que cuando se hizo. Se siente, quizá como nunca en toda la historia del cine, el uso del ejército para aplastar cualquier posible rebelión. Además, una secuencia especialmente cruenta.</p>

	<p><!--more--></p>

<h2>&#8216;Braveheart&#8217;</h2>

	<p><img id="image35955" src="http://img.blogdecine.com/2010/11/braveheart4_650.jpg" class="centro" alt="braveheart4.jpg" /></p>

	<p><strong>Batalla de Stirling</strong></p>

	<p>Sin lugar a dudas, la mejor secuencia de toda la película de Gibson. Comienza con el abandono de parte de las tropas escocesas, hartas de morir para enriquecer a los grandes señores, continúa con la mítica llegada de los jinetes de Wallace y con su arenga para dar moral a los suyos. Hay imágenes en esta secuencia que ponen los pelos de punta, enriquecidas con la lírica y tremebunda música de <strong>James Horner</strong>. </p>

<h2>&#8216;Alejandro Magno&#8217;</h2>

	<p><img id="image35956" src="http://img.blogdecine.com/2010/11/alexandergaugamela_650.jpg" class="centro" alt="alexandergaugamela.jpg" /></p>

	<p><strong>Batalla de Gaugamela</strong></p>

	<p>La tan vilipendiada película de Stone, que para él fue un sueño personal conseguir hacer (y que dice que fue posible gracias a conocer al gran actor que siempre ha sido <a href="http://www.blogdecine.com/fichas/actores/colin-farrell">Colin Farrell</a>), contiene dos enormes secuencias de batallas. La primera de ellas es la más larga, y en ella se describe a la perfección el genio táctico de Alejandro. Antes de eso, obtenemos el punto de vista de un águila para echar un vistazo aéreo a las dos formaciones enemigas. Una vez metidos en faena, unos rótulos nos explican el flanco que estamos presenciando. Impresionante.</p>

<h2>&#8216;Campanadas a medianoche&#8217;</h2>

	<p><img id="image35958" src="http://img.blogdecine.com/2010/11/9z-1_650.png" class="centro" alt="9z-1.png" /></p>

	<p><strong>Batalla de Shrewsbury</strong></p>

	<p>Para quien esto firma, la gran obra maestra de Orson Welles, cuya secuencia de batalla aún no ha sido hoy superada, y que de confesar que me conmociona cada vez que la veo. En un blanco y negro sensacional, y con muy pocos medios, Welles filma también en España una batalla de una fuerza casi hipnótica. El montaje es un milagro, y con él más que un soldado más del combate, somos testigos privilegiados del horror de la muerte violenta como pocas veces en la historia del cine.</p>

<h2>&#8216;El señor de los anillos: Las dos torres&#8217;</h2>

	<p><img id="image35960" src="http://img.blogdecine.com/2010/11/battle_of_helms_deep_650.jpg" class="centro" alt="battle_of_helms_deep.jpg" /></p>

	<p><strong>Sitio de Cuernavilla</strong></p>

	<p>Dentro de una trilogía tan irregular como la que hizo Jackson adaptando las novelas de Tolkien, creo que &#8216;Las dos torres&#8217; es claramente la mejor de las tres. Por muchas razones, y una de ellas por la batalla de Cuernavilla, muy superior, creo, a la de &#8216;El retorno del rey&#8217; (&#8216;The Return of the King&#8217;, 2003), pues está mucho mejor montada, mejor medida y es infinitamente más emocionante. Además, da mucho más miedo y posee momentos de una épica inigualable, como cuando llega Gandalf para salvarles del desastre.</p>

<h2>&#8216;El ataque de los clones&#8217;</h2>

	<p><img id="image35961" src="http://img.blogdecine.com/2010/11/starwars2clones_650.jpg" class="centro" alt="starwars2clones.jpg" /></p>

	<p><strong>Batalla de Geonosis</strong></p>

	<p>Con sus partes flojas, creo que es la mejor de la nueva trilogía de &#8216;La guerra de las galaxias&#8217;. Y su tercio final, culminado por la espectacular batalla de Geonosis entre droides y clones es para quedarse con la boca abierta. La profundidad de campo de muchos de los planos, el detallismo de los elementos de la batalla, la épica y el dinamismo que desprenden sus imágenes nos traen a un Lucas con ganas de pasarlo en grande y de demostrar que sigue siendo un cineasta lleno de imaginación.</p>

<h2>&#8216;Ran&#8217;</h2>

	<p><img id="image35963" src="http://img.blogdecine.com/2010/11/ran5_650.jpg" class="centro" alt="ran5.jpg" /></p>

	<p><strong>La batalla del castillo</strong></p>

	<p>La traición al padre (pues estamos en una versión de &#8216;El rey Lear&#8217; de Shakespeare) desemboca en una de las batallas más pasmosas, violentas y escalofriantes que he visto en mi vida. No puedo evitar, cada vez que la revisiono, que un escalofrío me corra por la espalda al constatar hasta donde puede llegar la codicia, la ambición y la falta de escrúpulos. Tardó varios meses en completarse y no creo que, a día de hoy, nadie pudiera igualarla filmando sin planos digitales.</p>

<h2>&#8216;Grupo salvaje&#8217;</h2>

	<p><img id="image35964" src="http://img.blogdecine.com/2010/11/wild1_650.jpg" class="centro" alt="wild1.jpg" /></p>

	<p><strong>Sacrificio y masacre final</strong></p>

	<p>La escena final es una de las batallas más catárticas de la historia del cine, y una de las pocas de esta lista en la que no hay espadas o hachas o arcos, sino pistolas y ametralladoras. El sacrificio final del cuarteto de amigos pone los pelos de punta, pero la ejecución del abyecto general mexicano lo celebramos porque si estuviéramos allí haríamos exactamente lo mismo, creo.</p>

<h2>&#8216;Troya&#8217;</h2>

	<p><img id="image35966" src="http://img.blogdecine.com/2010/11/troy13_650.jpg" class="centro" alt="troy13.jpg" /></p>

	<p><strong>Desembarco de los mirmidones de Aquiles</strong></p>

	<p>Una película que, creo, merece una justa revisión crítica, a pesar de que Orlando Bloom, muy en su línea, estropea un reparto casi impecable. El desembarco de los mirmidones y la posterior carrera suicida de Aquiles, interpretado por un Brad Pitt impresionante, es un ejemplo de batalla muy bien filmada, en impecable “crescendo”, y siempre creíble, por mucho que Aquiles sea invencible. Además, termina con una emocionante provocación de Aquiles a los dioses.</p>

<h2>&#8216;Lawrence de Arabia&#8217;</h2>

	<p><img id="image35967" src="http://img.blogdecine.com/2010/11/lawrence-of-arabia-19_650.jpg" class="centro" alt="lawrence-of-arabia-19.jpg" /></p>

	<p><strong>Toma de Aqaba</strong></p>

	<p>Teniendo en cuenta la dureza de un rodaje extremo que casi termina con el propio Peter O&#8217;Toole, la toma de Aqaba no se diferencia demasiado, en cuanto a mérito técnico y épica, de muchos otros momentos, pero es especial por varias razones, como la secuencia que la precede en la que Lawrence ha de ejecutar al hombre que anteriormente salvó, y que marca el tono moral del combate. La batalla no dura demasiado, y las partes más cruentas no llegamos a verlas, pero se queda uno con la boca abierta gracias a algunos planos panorámicos para los que la expresión majestuosos se queda muy pequeña.</p>      ]]></description>
      </item>
                    <item>
      <title><![CDATA['Braveheart', belleza y tosquedad]]></title>
      <link>http://www.blogdecine.com/criticas/braveheart-belleza-y-tosquedad</link>
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      <pubDate>Mon, 26 Apr 2010 08:23:25 +0000</pubDate>

      <author>Adrián Massanet</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img id="image32193" src="http://img.blogdecine.com/2010/04/bh1_500.jpg" class="centro" alt="bh1.jpg" /></p>

	<p><object width="353" height="132"><embed src="http://www.goear.com/files/external.swf?file=0682820" type="application/x-shockwave-flash" wmode="transparent" quality="high" width="353" height="132"></embed></object></p>

	<p>El actor <strong>Mel Gibson</strong> había llegado a lo más alto de su fama como estrella cinematográfica a principios de los años noventa, y había debutado como realizador en la estimable y razonablemente interesante <strong>&#8216;El hombre sin rostro&#8217;</strong>, un drama muy alejado de lo que cabría esperar de un individuo que tanto gusta por hacerse el macho en los vehículos de lucimiento personal que tantas veces le han brindado.</p>

	<p>Tiene, por tanto, mérito (y no escaso) que esta estrella se jugase el todo por el todo en un ambicioso drama histórico que, igual que le encumbró como director, podría haberle hundido en la ciénaga de los fracasos rotundos. <strong>Apuesta casi suicida en la que, de manera implacable, convive lo formidable con el lugar fácil, el cliché con el arquetipo bien armado, lo bello con lo tosco</strong>. Gibson no conoce término medio.</p>

	<p><!--more--></p>

	<p>William Wallace fue un líder escocés, que luchó por la independencia de Escocia a finales del siglo <span class="caps">XIII</span>. Hay poca información sobre sus primeros años y su juventud, pero sea como fuere es todo un héroe nacional, <strong>y su lucha contra los ingleses es algo así como un nacionalismo frente a otro nacionalismo</strong>. Tomando este personaje como punto de partida, y reservándose el papel principal, Gibson emprende un drama histórico y épico con reminiscencias al gran <strong>&#8216;Espartaco&#8217;</strong> de Stanley Kubrick (sin duda, la mejor y más hermosa de todas las filmadas por el director neoyorquino), y con una recreación de época de primer orden.</p>

<h2>Romanticismo y carnicería</h2>

	<p><blockquote>&#8220;Luchad, y puede que muráis. Huid y viviréis&#8230; un tiempo al menos. Y cuando estéis en vuestro lecho de muerte dentro de muchos años, ¿no cambiaréis todos los días desde aquí hasta entonces por una oportunidad, sólo una oportunidad, de volver aquí y decir a nuestros enemigos: Pueden quitarnos la vida, pero jamás nos quitarán&#8230; ¡¡La libertad!!&#8221;</p>

	<p>- William Wallace</blockquote></p>

	<p>El mediocre guionista <strong>Randall Wallace</strong> (también tiene coña lo del apellido), responsable de cosas nefastas como el libreto de <strong>&#8216;Pearl Harbor&#8217;</strong>, o de un fascistoide vehículo de lucimiento para Gibson como <strong>&#8216;Cuando éramos soldados&#8217;</strong>, firma aquí un guión bastante potable, quizá el mejor de su carrera, en el que ya el personaje histórico de William Wallace <strong>es tratado con una aureola de romanticismo totalmente ficticio</strong>, aureola reforzada más todavía en la puesta en escena de Gibson, que no tiene reparo en convertir a Wallace en un héroe mártir, y casi intachable.</p>

	<p>Wallace, aparte de culto (algo que sí parece que era cierto), es encantador, valiente, honesto y con un alto sentido de la familia. Se enamora de Murron (una estupenda <strong>Catherine McCormack</strong>, actriz completamente desaprovechada, a mi juicio) y ambos viven una historia de amor casi mística, con cruel asesinato incluido. A partir de ahí, Wallace se comprometerá en la lucha contra la opresión inglesa, y en favor de un estado escocés libre. Y en ese compromiso será un hábil estratega, un tipo leal, un guerrero feroz. Un personaje de una pieza, vaya. En contraposición, el cruel rey inglés Eduardo I (un epidérmico <strong>Patrick McGoohan</strong>) y su homosexual hijo, son lo peor de lo peor.</p>

	<p><img id="image32195" src="http://img.blogdecine.com/2010/04/bh2_500.jpg" class="centro" alt="bh2.jpg" /></p>

	<p>No es de extrañar, por tanto, <strong>que en Gran Bretaña la película fuese acogida con virulencia, así como por parte de todos aquellos que ven con malos ojos que se altere la historia y se juegue al folletín</strong>. Sin embargo, y a pesar de que los personajes son ciertamente limitados, precisamente la mayor virtud de la película reside en ese romanticismo exacerbado, que convierte todo lo celta y los ambientes escoceses, en un festín sensorial, y casi en una narración mitológica. Pocas veces hemos visto pueblos celtas y la vida escocesa del siglo <span class="caps">XIII</span> con tanto encanto y tanto realismo como aquí. Contribuye también a eso la espléndida fotografía de <strong>John Toll</strong> (segundo Oscar consecutivo para él, y muy merecido) o la bella partitura de un <strong>James Horner</strong> en plena forma.</p>

	<p>De modo que Gibson sabe rodearse de gente de primer nivel, y se levanta un proyecto de fuste y empaque. Pero no sólo eso, pues él mismo también hace las cosas bien. Sabe enamorarse, como narrador, de la historia que cuenta, y aún con sus limitaciones, sabe electrizar bien la historia, <strong>además de filmar muy bien la acción y de poseer una vena épica incontestable</strong>. Puede tener aspectos cuestionables, pero la previa de la batalla de Stirling, cuando llegan sus jinetes y se dispone a animar a las tropas con su discurso, desprende una emoción épica como pocas veces he visto yo en una pantalla de cine. Y la batalla, en sí misma, es un esfuerzo visual enorme, a la que se le puede achacar un regusto por el gore que rompe el tono, o una cámara demasiado estilizada, pero que deja, en su mayor parte, con la boca abierta por la potencia y dinamismo de sus imágenes.</p>

	<p><img id="image32196" src="http://img.blogdecine.com/2010/04/bh3_500.jpg" class="centro" alt="bh3.jpg" /></p>

	<p>La batalla de Stirling, la boda secreta en el bosque nocturno, el secuestro nupcial de la recién casada, el funeral celta, el ajusticiamiento final&#8230; secuencias y momentos antológicos, pero que hacen palidecer, en comparación, otros que están muy por debajo. Y me refiero a la segunda batalla (filmada con premura y ni la mitad de la energía de la primera), al asesinato torpe del posible amante del príncipe, a la noche de amor de William con la princesa Isabel de Francia (una <strong>Sophie Marceau</strong> espantosa, aunque muy guapa, eso sí), <strong>a las triquiñuelas de los nobles de Escocia (que parecen de patio de colegio)</strong>. Todo ello filmado con dinamismo, pero con una tosquedad que evidencia la irregularidad, lo lejos que está Gibson de la excelencia.</p>

	<p>El bloque final, con Wallace hecho todo un mártir, mezcla también lo formidable con lo muy discutible, como ese grito final de ¡Libertad!. Fiel a sí mismo, Gibson convierte a Wiliam en un Jesús que se entrega por una causa mayor, mientras es escupido y apaleado. Es muy hermoso cuando ve a Murron entre la multitud, y todo un descanso no tener que ver su cabeza decapitada. Lo que podría haber dado esta película de sí con otro director es una quimera pensarlo, pero qué duda cabe de que a Gibson le sobran ínfulas de artista, <strong>aunque también va sobrado de herramientas para la aventura más salvaje</strong>, que es lo que potenció al máximo en la estupenda <strong>&#8216;Apocalypto&#8217;</strong>, quizá su filme más redondo.</p>

	<p>&#8216;Braveheart&#8217; se alzó, como era de esperar, con los principales premios Oscar de 1995, a pesar de que compartía añada con filmes bastante más redondos que ella, como &#8216;Pena de muerte&#8217; (que debió ganar a pesar de no estar nominada a mejor película), <a href="http://www.blogdecine.com/criticas/david-fincher-se7en">&#8216;Seven&#8217;</a>, <strong>&#8216;Casino&#8217;</strong>, <strong>&#8216;Los puentes de Madison&#8217;</strong>, curiosamente ninguna de ellas nominada a mejor película, quizá porque hubiera sido descarado que no ganaran.</p>

<h2>Conclusión</h2>

	<p>Estimable película, muy lejos sin embargo de una &#8220;obra maestra&#8221; (término muy ajado ya por usarlo a todas horas aficionados que no distinguirían una obra maestra ni aunque les tatuaran una en la cara&#8230;), o de una altura considerable, por tratar Gibson de ser, a ratos, quien no es, y de quedarse a medio camino, o en tierra de nadie, en muchos segmentos de su relato. <strong>Eso sí, filma muy bien, mucho mejor que otros artesanos que van de realizadores preparados y no son más que míseros pega-planos.</strong></p>

	<p>Gibson, que juega a un relato sobre la lucha por la libertad cuando en el fondo es una historia nacionalista, tendrá sus limitaciones, pero lo que hace bien (la acción, la épica, el dinamismo) lo hace muy bien. Lástima que luego se entregase a sus más bajas pasiones e instintos comerciales con la deleznable &#8216;La pasión de Cristo&#8217;.</p>      ]]></description>
      </item>
                    <item>
      <title><![CDATA[El perro de Mel Gibson]]></title>
      <link>http://www.blogdecine.com/actores/el-perro-de-mel-gibson</link>
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      <pubDate>Tue, 14 Apr 2009 08:27:20 +0000</pubDate>

      <author>Adrián Massanet</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img class="centro" id="image25232" alt=madmaxgame.jpg src="http://img.blogdecine.com/2009/04/madmaxgame_500.jpg" /></p>

	<p>Aunque cabe la posibilidad, nada remota, de que el lector de las futuras líneas de este texto piense lo contrario, lo cierto es que <strong>Mel Gibson</strong> es un hombre de cine (no sólo famoso intérprete, también director, productor, guionista&#8230;) que me interesa, y siempre me ha interesado, mucho. Sin embargo no por ello voy a caer en el simplismo de considerar intocable a este actor de 53 años, oriundo de Nueva York, pero que creció y se educó en Australia, hasta que tuvo la grandísima suerte de participar en la que quizá es la saga de Sci-Fi más importante de su país, la que tiene por protagonista a un tal Max, policía y mártir.</p>

	<p>Demos un repaso a la irregular pero intensa y muy jugosa carrera de este hombre de extrema derecha (confeso), que comenzó de manera fulgurante una carrera, justo ahora hace treinta años, que le ha deparado gran fama, muchísimo dinero, odios irreconciliables, polémicas infantiloides, cierto prestigio inmerecido y cierta insidia a la hora de valorar su trabajo como actor, con toda seguridad la disciplina artística en la que mejor y de forma más solvente ha sabido desempeñar una profesión. Y es que aunque nunca hubiera dirigido una sola película, este hombre habría dejado su impronta en las realizaciones por él protagonizadas. Para bien o para mal&#8230;</p>

	<p><!--more--></p>

	<p>Porque este actor tiene sus obsesiones, sus constantes. Eso no hay quien lo dude. Y de todas ellas la más importante, con toda probabilidad, sea su fervor religioso, que no tiene reparo en dejar bien claro en cuanto puede. Quizá por ello suele elegir personajes mártires, dolientes, sufrientes, que llevan una especie de cruz en su ánimo, la cual les impide continuar con su vida de forma normal, y les arroja a una existencia trágica. Tal sucede, ni más ni menos, con su primer protagonista, el ínclito Max, abnegado policía reconvertido en brutal vengador, que incluso sabrá prolongar su dolor más allá del apocalipsis mundial. Es decir, el colmo del sufrimiento. Y durante tres entregas, a las que supo aportar una gran ficisidad.</p>

	<p>Y es que Gibson es pequeño, bastante bajito (1,75), pero sabe cómo hacerse un gran aliado de la cámara. Sabe seducirla y apropiarse del plano. Con sus ojos azules y su voz grave, pronto se convirtió en un actor carismático. Tanto como para convencer a otro gran director australiano, Peter Weir, y protagonizar una de sus mejores películas, la bélica <strong>&#8216;Gallipoli&#8217;</strong>, una densa y compleja historia de amistad, y uno de los primeros trabajos como actor de Gibson en los que, sin jugar a ser gran estrella, se adueñaba del ánimo del espectador casi sin proponérselo. Tanto iba creciendo este actor, una fiera de puro instinto, que aún bordó mejor su papel en la excelente <strong>&#8216;El año que vivimos peligrosamente&#8217;</strong>, de nuevo con Weir. Muchos veían en él, quizá en justicia, a un prometedor  actor que comenzaba a dar muestras de un talento importante.</p>

	<p>Quizá por eso enseguida le ofrecieron repetir el papel que <strong>Marlon Brando</strong> clavara en veintidós años antes en <strong>&#8216;The Bounty&#8217;</strong>, que resultó un rotundo fracaso comercial, a pesar de resultar un drama más que interesante, pero impersonal, teniendo en cuenta que el director era el siempre mediocre <strong>Roger Donaldson</strong>, otro australiano ansioso por hacerse un lugar en la industria estadounidense. Pero el final de la saga de Max también marcaba el final de la primera etapa del actor, y el arranque de la siguiente, que tendría lugar de manera inmejorable (al menos, desde un punto de vista popular), con la pimera parte de la interminable saga <strong>&#8216;Arma letal&#8217;</strong>.</p>

	<p><img class="centro" id="image25234" alt=braveheart1995cd2dvdripac3xvid2.png src="http://img.blogdecine.com/2009/04/braveheart1995cd2dvdripac3xvid2_500.png" /></p>

	<p>Su Martin Riggs era una especie de Max (también había perdido a su mujer, también era un solitario guerrero) pero contemporáneo, urbano, menos tenebroso y más cool, más simpático. Antiguo miembro de los marines, veterano de la guerra de Vietnam, especie de poli indestructible, karateka y atormentado, esta fue su consagración rotunda como estrella del cine norteamericano, al que se amoldaba de manera arrolladora en los compulsivos últimos años ochenta y primeros noventa, cimentando un estrellato que tanto poder le dio para acometer la aventura de la dirección. Su complicidad total con <strong>Richard Donner</strong> (dicen que Gibson es capaz de hacerse amigo de cualquiera, por muy diferentes que sean sus ideas) le llevaría a protagonizar seis de sus películas, influenciando, a mi juicio negativamente, en la prometedora carrera de un director que apuntaba alto.</p>

	<p>Negativa porque su alianza creativa, sobre todo en la progresivamente espantosa saga de &#8216;Arma letal&#8217;, condicionó la trayectoria de Donner, y lo hizo empujando sus decisiones hacia proyectos muy poco interesantes. La primera era bastante buena, dinámica y sorprendente, pero el resto son comedias malas, con una concepción absurda del cine de acción, y con un humor chabacano, estúpido, que, eso sí, les aseguraba una taquilla y una popularidad durante los años 90. Tanto es así que fracasos, merecidos, como los de la incomprensible <strong>&#8216;Tequila Sunrise&#8217;</strong>, o la imbécil <strong>&#8216;Air America&#8217;</strong>, apenas parecieron afectar a su imagen. Eso sí, el prometedor actor se había desvanecido, más centrado en su inmenso carisma, en su sonrisa y sus ojos azules.</p>

	<p>Pero claro, el actor tenía ambición, y se propuso un valiente, aunque fallido, intento de <strong>&#8216;Hamlet&#8217;</strong>, encontrando a <strong>Franco Zeffirelli</strong> como cómplice del error. Su príncipe danés fue insípido y epidérmico, pero mejoró en dicción y comenzó a conocer sus límites. Comenzó también a emerger su afilado olfato comercial. Y con su Hamlet reincidía en esos mártires sufrientes, que también serían los protagonistas de sus dos primeras películas como director. Tanto el Justin McLeod de <strong>&#8216;El hombre sin rostro&#8217;</strong> como el William Wallace de <strong>&#8216;Braveheart&#8217;</strong> tienen mucho de su gran héroe, el mártir Jesucristo. Tanto en su sufrimiento físico (a Gibson le encanta aparecer desfigurado o maltratado en sus películas), como en su tragedia interior. No es una casualidad ver a William Wallace, antes de ser ajusticiado, amarrado a una cruz, y humillado por los ingleses.</p>

	<p>Sin embargo no es esa la única obsesión que nubla su carrera (coronada por su deleznable, espantosa Pasión&#8230;), también la que da nombre (de manera tan maliciosa) a este post, pues los perros, los que acompañan a sus personajes, son constantes y con gran presencia en sus películas. Basta pensar en ese perro que le acompaña para empezar en <strong>&#8216;Mad Max II&#8217;</strong>, al que protege siempre por encima de otras personas, y el cual no duda en sacrificarse para brindarle un respiro al borde de la muerte. Pero también hay un perro al que salva en la irregular <strong>&#8216;Payback&#8217;</strong> (en la que hizo de émulo, esta vez, de <strong>Lee Marvin</strong>, y no lo hizo nada mal). Aunque la cima la alcanzó en la escena de <strong>&#8216;Arma letal 3&#8217;</strong> en la que, imitando a una perra, seducía a un temible perro guardián.</p>

	<p>Porque no hay duda de que Mel Gibson tiene más simpatía a los animales (véase su relación con su montura en la flojísima <strong>&#8216;Maverick&#8217;</strong>) que a los homosexuales, por ejemplo. Y es que en sus creencias homófobas (recuerdo aquella entrevista en la que dijo que el culo sólo servía para sentarse) y reaccionarias (recuerdo también aquella vergonzosa escena bélica de la infumable <strong>&#8216;El patriota&#8217;</strong>, peleando mientras sujeta una enorme bandera norteamericana), Gibson termina por resultar hasta cómico, de lo cuadriculado y absurdo que puede llegar a ser. Paradójico, también, con esa obsesión por enseñar su culo, solo o en compañía, como en la famosa escena de la tosca <strong>&#8216;Braveheart&#8217;</strong>, película en la que sin duda sorprendió por su competente sentido del espectáculo, pero en la que fracasó por la recreación histórica, por el dibujo de los personajes y por la dispersión de un guión ajeno por completo a la coherencia y sometido a sus ínfulas de estrella.</p>

	<p><img class="centro" id="image25235" alt=passxtandgibson.jpg src="http://img.blogdecine.com/2009/04/passxtandgibson_500.jpg" /></p>

	<p>En la presente década su carrera como actor ha declinado (irremisiblemente, así como su físico, y es que el tiempo no perdona para los guaperas), pero también ha conocido éxitos de público, como en la magnífca <strong>&#8216;Signs&#8217;</strong>, del esencial (para el cine norteamericano contemporáneo) <strong>M. Night Shyamalan</strong>, y como director, en la paupérrima pero morbosa <strong>&#8216;La pasión del Cristo&#8217;</strong>, con la que cristalizó todas sus ideas religiosas y su talante anti-judío (del que no se averguenza, y del que incluso presume mientras la policía le detiene ebrio en la autopista, un año después). En &#8216;Signs&#8217; de nuevo su intensa religiosidad y la presencia de los perros se fundían en el que quizá sea su mejor trabajo interpretativo, el más maduro y contenido, el más creíble y con menos ínfulas de superestrella.</p>

	<p>Ahora está espaciando mucho más sus trabajos como actor, y quién sabe cuándo volverá a dirigir. Sus dos mejores películas, &#8216;El hombre sin rostro&#8217; (una sensible historia de amistad), y <strong>&#8216;Apocalypto&#8217;</strong> (una más que digna película de aventuras) ahí han quedado como muestra del talento de un director que conoce el medio y sabe expresarse con imágenes, y que cuando se olvida de querer lucirse en un vehículo de autopromoción, como en &#8216;Braveheart&#8217;, o de imponer sus propias ideas sobre el misticismo, como en &#8216;La pasión del Cristo&#8217;, logra imágenes razonablemente interesantes. Y ahí ha quedado la carrera como actor de un intérprete instintivo, limitado pero inteligente, que cuando no pretende reescribir heridas patrióticas (como en la deleznable <strong>&#8216;Cuando éramos soldados&#8217;</strong>) o machistas (como en la insoportable <strong>&#8216;Lo que piensan las mujeres&#8217;</strong>) tiene un innegable magnetismo en la pantalla.</p>      ]]></description>
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