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Burt Reynolds

'Defensa', el corazón de las tinieblas

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“A veces tienes que perderte a tí mismo antes de que puedas encontrar algo…”

- Lewis

El vínculo del hombre moderno con la naturaleza salvaje es uno de los temas más recurrentes de la gran literatura y del gran cine. Ese vínculo se ha abordado de muy diferentes maneras por escritores o cineastas: desde una perspectiva absolutamente ingenua y por ello indefendible, hasta una forma muy oscura de percibir el entorno natural, por muy bello y bucólico que este sea. Dentro de ese arco de posibilidades, las que observan la naturaleza como un ambiente de libertad pero despiadado y terrible, no me cabe duda que son las más certeras, sobre todo cuando gracias a ello vemos reflejado al hombre como lo que verdaderamente es en su esencia más primigenia: una frágil criatura mortal que lucha por sobrevivir. En ese sentido, la quinta realización del cineasta británico John Boorman, es una de las experiencias más catárticas y extenuantes que puede vivir un espectador.

Probablemente ‘Defensa’ (‘Deliverance’, 1972) sea la película más redonda de toda la filmografía de Boorman (no he visto ni ‘Catch Us if you Can’ ni ‘Where the Heart Is’, pero dudo mucho que lleguen a este nivel), y uno de los filmes que mejor demuestra lo extraordinaria que fue en muchos sentidos la década de los setenta, en enorme contraste con los penosos (y ahora absurdamente reivindicados, para mí) años ochenta. Una aventura inolvidable y conmocionadora, que no ofrece la menor concesión al espectador ni el menor divertimento barato. No consigo recordar (¿podré alguna vez?) quién fue el que dijo que las únicas historias que merecen la pena ser contadas son aquellas que susurrarías al oído de un moribundo, pero creo que es muy cierto, y ‘Defensa’ es una de esas historias. El espejo definitivo en el que mirarnos y ver reflejada nuestra condición más terrible, pero quizá también la más auténtica, la más noble.

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Clint Eastwood: 'Ciudad muy caliente'

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El mismo año, 1984, que Clint Eastwood protagonizó ‘En la cuerda floja’ (‘Tightrope’, Richard Tuggle), se reunió con Burt Reynolds para hacer realidad el deseo de ambos actores de protagonizar una película juntos. Debido a los compromisos de cada uno el proyecto fue atrasado durante largo tiempo y cuando por fin pudieron hacerlo el rodaje fue un completo desastre, con accidentes y cambios de director incluidos. ‘Ciudad muy caliente’ (‘City Heat, Richard Benjamin) podría haber sido una película muy distinta a la que es si no fuera porque Eastwood se llevó a matar con el director y guionista, el gran Blake Edwards, que abandonó el rodaje —fue despedido— aunque se conservó su guión el cual firmó con seudónimo.

Sam O. Brown no es otro que Edwards, las iniciales del seudónimo hacen referencia a la expresión “son of a bitch” (hijo de puta) y también a una de sus películas más famosas, ‘S.O.B.’ (1981) —en nuestro país recibió el título de ‘Somos honrados bandidos’, pero ésa es una triste historia de la que es mejor no hablar—, siendo el único guión de su espectacular filmografía que firmó con un apodo. Como director se pensó en alguien más “manejable”, Richard Benjamin, actor de rostro curioso y director más bien mediocre e impersonal.

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'El Clan de los Rompehuesos', revientataquillas y destrozapelículas

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rompehuesos.jpg En esta época de remakes y secuelas (parece que no saben hacer otra cosa), nos llega el segundo remake sobre una película dirigida por Robert Aldrich, la anterior había sido ‘El Vuelo del Fénix’ (estupenda la original, desastrosa la copia). Ahora le toca el turno a ‘Rompehuesos’ que en 1974 protagonizó Burt Reynolds, que aparece también en esta nueva versión, cumpliendo una de las reglas básicas de todo nuevo remake, y es la de contratar a uno de los actores de la versión antigua, siempre y cuando sigan vivos, claro.

Dirigida por Peter Segal, narra como un ex-futbolista famoso se dedica a vivir de juerga en juerga sin tener respeto por nada ni por nadie. En una de sus aventuras desfasadas es apresado por la policía y condenado a tres años de cárcel. Allí, el alcaide de la prisión, un enamorado del fútbol, le propondrá que entrene un equipo de reclusos para un partido contra los carceleros.

Está protagonizada en sus principales papeles por Adam Sandler y Chris Rock, que no interpretan porque no saben lo que es eso, se dedican a poner caretas, a gritar y a soltar estupideces en los momentos oportunos pensando que resultan graciosos. Secundados por los siempre efectivos James Cromwell y William Fitchner, que en esta ocasión se suman al ridículo de sus compañeros de reparto y no le aportan un mínimo de decencia a la película. El resto de actores son un puñado de actores de color que se burlan de la raza negra con los estereotipos clásicos de raperos, chulos, matones y grandullones sin cerebro, por no hablar del grupo de ‘animadoras’ a cada cual más loca.

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