
Hay varios tics dentro del cine independiente americano que se repiten tan a menudo que pueden llegar a ser irritantes. Una de las cosas más comunes es arriesgar en el retrato inicial del protagonista, al cual permiten hacer cosas que serían censurables para algunos. El problema es que también es habitual que la cobardía acabe apoderándose del guionista y dicho personaje sufra una transformación para acomodarse más a los esquemas habituales del cine comercial. Otro punto habitual es la aparición de algún secundario que llama especialmente la atención, el cual no es raro que sea interpretado por alguna gran estrella que busca relanzar su carrera o simplemente alejarse un poco de la asfixiante exigencia de las grandes producciones de USA. Esto que digo también sirve para algunas comedias (‘Mal ejemplo’, ‘Carta blanca’, etc.), en las cuales se hace especial hincapié en los apuntes negativos de los protagonistas en los minutos iniciales para que luego acaben consiguiendo una redención con el objetivo, imagino, de conseguir el innecesario perdón del espectador por su actitud previa.
La pega de ese modelo es que llega un punto en el que a ver que se empieza a dar mucho bombo a una producción indie por su carácter transgresor no queda otra que sospechar: ¿Volverán a intentar colármela con algo que empieza muy bien para luego ir desinflándose por no ser capaz de llevar hasta las últimas consecuencias su propuesta? Ese temor era lo que marcaba cualquier expectativa que se pudiera tener hacia ‘Young Adult’, otra de las olvidadas en las nominaciones de los Oscar, el último vehículo para el lucimiento interpretativo de Charlize Theron. Y una vez vista, la cuestión es ¿estamos ante otro timo o sabe jugar con los elementos a su disposición para mostrar una evolución coherente de su singular protagonista?








