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El valle del viento es un lugar que se ha convertido en maldito mil años después de una guerra mundial catastrófica. La humanidad sobrevive, a duras penas, a orillas de un bosque contaminado con gases tóxicos e insectos mutantes gigantes, que cubren gran parte de la Tierra. En este escenario post-apocalíptico, habita Nausicaä, la princesa del Valle del Viento, única hija del rey. Esta joven piloto y guerrera busca la clave sobre esos contagios y se resiste a ver a los insectos como enemigos. La crisis estalla cuando el reino vecino de Tolmekia, al mando de la princesa Kushana, invade el pueblo e intenta revivir a un mortífero «Dios de la guerra», de los tiempos de la gran hecatombe, para triunfar contra sus enemigos y contra el bosque contaminado.
Después de ver otros films de Hayao Miyazaki, suena a broma leer que alguien considerase ‘Nausicaä del valle del viento’ (‘Kaze no Tani no Nausicaä’, 1984) difícil de comprender. Lo primero que destacaría de este anime en comparación con otros de su autor es la diafanidad de su trama. Se trata, eso sí, de una obra abigarrada y enrevesada, que lucha contra la dificultad de resumir un extenso manga y que, por ello, presenta más densidad contenido del que estamos acostumbrados a asimilar, especialmente en obras que damos por hecho que van a ir dirigidas a un público infantil. Sin embargo, en ella todo responde a parámetros de narración clásica y comprensible y, haciendo un esfuerzo de atención, cualquier elemento puede hilarse y justificarse. Posteriormente, el japonés se decantó por una tendencia mucho más abstracta y poética para, en obras como ‘El viaje de Chihiro’, ‘Mi vecino Totoro’ o ‘El castillo ambulante’, incluir intencionadamente sucesos incomprensibles o aspectos inexplicables que en ‘Nausicaä del valle del viento’ no aparecen. No es, tampoco, un relato que debiese hacerse oscuro para los espectadores occidentales, ya que parte de la mitología griega, en lugar de basarse en seres o leyendas orientales.
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