
El psicópata es una tipología de personaje que ha sido abordada en infinidad de ocasiones en el cine. Sin embargo, una de las formas más apasionantes de hacerlo es a través de la unión del cine dentro del cine con las de estos perturbados. Hay que remontarse a la excepcional ‘El fotógrafo del pánico’ (‘Peeping Tom’, 1960) para encontrar el primer ejemplo de importancia de lo que os hablo (aunque el cine se use aquí para potenciar el factor voyeur de la propuesta), en especial de ese fenómeno conocido como cine snuff. Sin embargo, la cinta de Michael Powell fue destruida por la crítica en su momento, y no fue hasta más de una década después que empezó a ser valorada como se merece. Aquí el amor al séptimo arte que profesa Martin Scorsese jugó un papel de importancia similar a la de los dos niños protagonistas de ‘La invención de Hugo’ en la de Mélies.
Obviamente, este filón no era algo que iba a morir en una propuesta quizá polémica, pero sobre todo artística, por lo que la explosión del slasher no iba a quedar indiferente ante esta posibilidad. Si bien es cierto que a finales de los 70 y comienzos de los 80 del siglo pasado no hubo ninguna cinta emblemática que abordase este hecho, sí que surgieron películas menores como ‘Fundido a negro’ (‘Fade to black’, 1980) o ‘Asesinatos anunciados’ (‘Screamplay’, 1985). En la primera, una de las primeras apariciones en la gran pantalla de Mickey Rourke en un papel secundario, un cinéfilo demente se dedica a asesinar inspirándose en sus personajes favoritos, mientras que en la segunda, una atípica producción de la Troma, un guionista que acaba de llegar a Hollywood ve como empiezan a sucederse unos asesinatos en el mismo orden que en su guión. Ninguna de las dos terminó de dar en la diana en su propuesta, pero la senda ya estaba abierta.


