'Ciudad del Silencio', vergonzosa en todos los aspectos
Hay bodrios y bodrios. Están aquellos tipos de películas, al estilo de lo que hace vuestro admirado Uwe Boll, que ya sabes con lo que te vas a encontrar. Son insultos al séptimo arte, de acuerdo, pero no engañan a nadie, son lo que son, y no tienen ninguna pretensión, aunque evidentemente esto no sea justificación para su pésima calidad. Luego tenemos ese tipo de bodrios que aspiran a ser films serios, y que se van de títulos cultos, por decirlo de algún modo, y que se dividirían en un sinfín de posibilidades, tantas como sus propios argumentos, films de denuncia, dramones sociales, dramones trascendentales, idas de olla y demás pajas mentales. Estas películas, además de insultar al séptimo arte, insultan la inteligencia del espectador. Cuando una de esas películas alcanza la categoría de bodrio, para un servidor es mucho peor que cualquiera de esos films cuyo único propósito era el de querer entretenerte, aunque no lo hayan conseguido. ‘Ciudad del Silencio’ pertenece a ese tipo de films, con pretensiones, cuyo visionado puede convertirse en una de las experiencias más vergonzosas que se hayan vivido. Lo mejor en estos casos, es tomárselo a coña. Y os aseguro que en la película hay un buen puñado de escenas destinadas a esa labor, aunque su intención fuera otra.
Pero es que además, en el caso de este film protagonizado por Antonio Banderas y Jennifer Lopez, se trata un tema real y actual bastante preocupante: la violación y asesinato de muchas mujeres trabajadoras, en la ciudad de Juárez (México), y con la justicia sin hacer nada para resolverlo. Un tema aterrador, pero que en la película alcanza unos niveles tan risibles, casi de insulto, que no me imagino a la gente de Juárez a la hora de ver esta película. No me extrañaría que se hubieran sentido molestos por la escandalosa falta de tacto que tiene el film.