
Roland Emmerich obtuvo el reconocimiento internacional, o al menos parte de él, con ese bodrio infumable titulado ‘El Secreto de Joey’ donde dejaba clara su admiración por el cine de Spielberg y también por la saga Star Wars. Tras irrumpir en el cine estadounidense con la torpe ‘Soldado Universal’, me sorprendió con ‘Stargate’, película de Sci-Fi más que decente; continuó con la millonaria ‘Independence Day’, en la que volvió a quedar clara su obsesión por el universo de Lucas, cosa que a mí me daba igual porque me hizo pasar un rato la mar de entretenido. ‘Godzilla’ ya es otro cantar, y aún no entiendo como Spielberg no lo ha demandado por plagio (esas escenas de las crías del bichejo son calcadas a las de ‘Jurassic Park’). Con la emocionante ‘El Patriota’ y la interesante ‘El Día de Mañana’ recuperó el sentido. Su cine está lleno de referencias al cine que admira, a veces demasiadas, pero logra entretener, que en este tipo de películas es lo que más interesa.
Ahora bien, con ‘10.000’ se le ha ido la mano y la olla de una forma totalmente descomunal. Señoras y señores, esta película es el refrito más vergonzosamente descarado, aburrido y soporífero que se ha visto en años. Ver para creer.


