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Corazonada

Un mago llamado Dean Tavoularis

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Leo en cierto diario global que la galería Catherine Houard de París va a dedicarle un homenaje a una de las figuras más importantes de la industria audiovisual norteamericana en el último tercio del siglo XX. No famoso quizás a un nivel mediático, pero sí determinante en todo lo que tiene que ver de dar un empuje formal y logístico a su disciplina. Hablamos, claro, de uno de los más reputados directores artísticos y diseñadores de producción, maestro de cientos de profesionales que surgieron después que él (muy pocos de los cuales han demostrado su talento, humildad y rigor), detentador de un estilo tan reconocible como la puesta en escena de un director o la caracterización de un actor célebre, el ya legendario (y casi octogenario) Dean Tavoularis. Así, además de dar la noticia, podemos hacer un somero repaso a su trayectoria.

Qué pena no poder estar en París antes del 21 de mayo (quizá alguno de nuestros lectores sí tenga la oportunidad, o resida en París y pueda contárnoslo con detalle), pero al menos podemos, siempre, disfrutar de las películas a las que aportó su talento. Otros grandes diseñadores de producción, como Dante Ferreti, Eugenio Caballero, Stuart Craig o Peter Lamont, no me parece que hayan dejado una huella tan profunda en sus trabajos (por muy brillantes que sean algunos de ellos), y en gran parte creo que le deben mucho a Tavoularis en la creación de espacios y atmósferas, en la elaboración de ambientes anímicos de gran profundidad, en lo que significan sus películas de desarrollo del trabajo conjunto entre operador de fotografía y escenógrafo, una suerte de revolución que durante los años setenta dio un empujón decisivo para que el diseño de producción fuera algo más que un escenario eficaz. Para que fuera un concepto tan importante como la luz.

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'Corazonada', frágil colorido

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Eso es lo malo de América. Las luces. No hay intimidad. Todo resplandece hasta cegarte. Y nada es real.

-Hank

Es curioso que el protagonista masculino de esta película, interpretado con convicción y soltura por Frederic Forrest (un actor desconocido para el gran público), suelte estas palabras, pues podrían servir bastante bien para definir la película que le costó a Coppola la libertad creativa durante toda una década, y que finiquitó de manera estrepitosa su sueño de mantener un estudio propio en el seno de Hollywood. Sin duda hubiera sido mejor para él, ya que tarde o temprano, por su personalidad desbordante, acabaría estrellándose, que lo hubiera hecho con una grandiosa película, y no con ‘Corazonada’.

Viéndola ahora, veintisiete años después de su nacimiento, la perplejidad pervive, pues se trata de una película extraña y desconcertante, sin duda fallida e imaginativa. La respuesta anímica a la enormidad de espacio y de tragedia de ‘Apocalypse’ y la certeza de que a este genial cineasta, cuando pierde la cabeza, la pierde de verdad. El resultado fue un delirio musico-teatral que ha caído prácticamente en el olvido y que muy pocos, a día de hoy, se atreven a calificar de filme importante (estéticamente hablando) en la carrera de Coppola. Yo no soy uno de ellos.

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Coppola y el cine electrónico

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Mi película no trata sobre Vietnam. Mi película es Vietnam

-Francis Ford Coppola.

En la ceremonia de los premios Oscar del año 1979 (televisada como todas, y de la que ofrecemos aquí arriba una imagen) Coppola, acompañado de una atónita Ali MacGraw (con un peinado que, ciertamente, la vuelve casi irreconocible), lanzaba una perorata sobre el futuro del cine, la cual puede visionarse casi íntegra en los estupendos contenidos adicionales de la edición en Dvd de ‘Corazonada’. El cineasta, con su habitual vehemencia, hablaba en la entrega de un premio sobre de qué manera el cine electrónico iba a cambiar el panorama para siempre.

Un año después, en ese mismo lugar, ‘Apocalypse Now’ iba a verse ninguneada de manera deleznable por los académicos. Nadie ha conseguido jamás ser premiado tres veces consecutivas en los Oscar, y Coppola no iba a ser una excepción. De sus ocho nominaciones, sólo consiguió dos, mejor sonido y mejor fotografía. Ambos no sólo justos, sino impecables. Pero con sus otras seis, tendría que haber conseguido, al menos para mí, los de mejor película, director, actor de reparto, montaje y guión adaptado. Y no incluyo dirección artística porque se lo dieron a mi venerada ‘All That Jazz.

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