Woody, un cuento (y IV)

[Continuación de una historia que tuvo su tercer episodio en esta entrada].
“Comprendo que estés confuso”, dije tratando de guiar a Lucas por el laberíntico entramado de la narración, “pero por raro que parezca es el inicio. Después se extendió en pequeños detalles que me los reservo, no obstante me expuso claramente que necesitaba ver su imagen para ponerse a tono: ‘Sin Woody Allen no disfruto. Es más ni me inmuto.”
“Yo no reaccionaba ante lo que mis oídos estaban oyendo. ¿Qué enredo me estaba contando? ¿Podía alguien con algo de inteligencia creerse semejante embuste? No debía dudarlo porque en cierto modo yo había vivido una experiencia parecida. Analizaba la situación mientras continué escuchándola: Convencí a Stewart para que se hiciese con una videoteca completa de Woody, para mí ya era como alguien familiar, puesto que con Manhattan no tenía suficiente. Valía cualquier modelo suyo para sentir el apetito sexual, me explicaba. Imitando y vistiéndose como Humphrey Bogart en ‘Casablanca‘ para conquistar a las mujeres en ‘Sueños de un seductor‘, sobre todo cuando terminaba seduciendo de nuevo a Diane Keaton, o disfrazado de un espermatozoide angustiado por conocer en cual tipo de eyaculación saldría en ‘Todo lo que usted quiso saber acerca del sexo y no se atrevió a preguntar‘, o la imagen que más la excitaba, vestido con esmoquin y caricaturizado como un robot, con toda la cara pintada de blanco, un cuenco en la cabeza, orejeras, sus gafas negras y un mando para regular su nivel de domesticación, que colocando a Stewart de espaldas a la televisión admiraba mientras pensaba que era Woody Allen quien la amaba.


