
Hace poco, mientras confeccionaba mi lista de las mejores películas de 2009, volví a ver ‘Watchmen’, la polémica adaptación de Zack Snyder del prestigioso cómic de Alan Moore y Dave Gibbons. Por el material del que partía (que a mí me parece una genialidad), porque los superhéroes están de moda, por el presupuesto (Snyder lo cifra en 100 millones, pero otras fuentes lo elevan hasta 200) y porque el realizador venía de dirigir la muy taquillera y salvaje ‘300’, la película de ‘Watchmen’ dio que hablar desde mucho antes del estreno. Demasiado.
Con el tiempo, las expectativas eran tan altas, que sólo había dos posibles resultados: o era una obra maestra, y nos dejaba mudos a todos, o no cumplía con lo que se esperaba de ella, y se convertía en un fracaso. Pasó lo más lógico, lo segundo. Revisando de nuevo la crítica que escribí en su momento, me ha alegrado comprobar que fui bastante cauto (más de lo habitual), e incluso dije que necesitaba un segundo visionado para tener más claro lo que había visto. Este nuevo artículo cierra esa cuenta pendiente. Y por si no queréis seguir leyendo, os lo digo aquí y ahora: no es tan buena como pensé la primera vez, se balancea peligrosamente entre lo vulgar y lo inspirado, manteniendo el equilibrio de milagro.







