
A veces hay películas, que sin ser perfectas, se te quedan grabadas en la memoria por muchas y diversas razones, por que lo que te cuenta te ha encandilado, por una interpretación, o por la dirección, da igual, la razón que sea. Hace poco, uno de nuestros lectores más asiduos y luchadores, MASP, me preguntó por esta película, ‘Marty’, y ni corto ni perezoso me puse a visionar este clásico de Delbert Mann, que en 1955 se hizo con cuatro Oscars, entre ellos mejor película, director y actor, saliéndose ese año la Academia de lo típico, al premiar un film en apariencia “pequeño” como éste.
Pequeño porque sus pretensiones son mínimas, y prácticamente cuenta una anécdota que transcurre en apenas dos días, y lo hace con tal acierto y con una sensibilidad tal, que la historia se hace universal, llegando a todo tipo de público. Marty es un hombre de 34 años, con algo de peso y no muy agraciado, enormemente amable y cariñoso, que no tiene suerte en el amor. Sus sábados por la noche son de lo más rutinario, y su existencia se limita a trabajar en una carnicería y cuidar de su madre, con la que vive. Hasta que, casi por accidente, conoce a una mujer en su misma situación.

