
La época cercana al cambio de año parece que ablanda los cerebros hasta el punto de que todo lo que se dirige al gran público tiene que ofrecer la posibilidad de emocionarse o de aprender una lección, pero jamás de pensar. Si las película suelen estar cortadas por un mismo patrón, no digamos ya en las que se estrenan en los días circundantes al supuesto nacimiento de nuestro señor. Así, se podría agrupar el cine navideño dentro de una especie de género que, sin serlo, unifica las propuestas de distintas pretensiones con una serie de características de las que no pueden escapar ni las cintas más gamberras. Apostaría a que los propios creadores de estos productos saben de sobra que sus films, cargados de ñoñerías y tópicos, no se tragarían en otro momento del año. Sin embargo, la distribución y la programación televisiva EE. UU. se toman tan en serio estos temas que los autores pueden confiar en que estas cintas solo se proyecten o emitan en fechas en las que los exacerbados sentimientos “buenistas” del público no solo lo perdonarán todo, sino que esperarán encontrarse exactamente eso y no aceptarán otra cosa. El problema para nosotros no es únicamente que las películas navideñas puedan llegarnos en abril o en agosto, sino también que hay un determinado tono que no aceptaríamos ni el 24 de diciembre.
Cuando la tercera entrega de ‘Dos colgaos muy fumaos’, ‘A Very Harold & Kumar 3D Christmas’ (2011), de Todd Strauss-Schulson, decide convertirse en un film navideño, parece que ni con los presupuestos de dos descerebrados cuyo único objetivo es colocarse se pueden saltar estas componendas. La infantilización no pasa por eliminar todo lo que no deba estar en un film tolerado, pues encontramos desnudos de ambos sexos, mofas hacia la religión y hacia las propias instituciones navideñas, como Santa Claus, palabras malsonantes, niñas cocainómanas y cierta incorrección política. Pero el trasfondo y el mensaje sí se adaptan a la necesidad de albergar buenos sentimientos y de formular propósitos positivos que la hagan funcionar como producto explotable desde mediados de diciembre.




