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El buscavidas

Mis secuencias mágicas de cine: Paul Newman será siempre Eddie 'Relámpago' Felson

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Siempre ha sido mi actor favorito”, recordó ayer mi madre cuando la confirmé su muerte. “Llegó a un punto que daba igual la película que fuese, si él estaba en el reparto sabías que era imposible que te aburriese”, y mi madre hablaba de ‘La gata sobre el tejado de zinc’, con Elizabeth Taylor o ‘El coloso en llamas’. Como recuerda Maruja Torres, guapo hasta morir, y era algo que le traía al fresco. Se sentía comprometido con la figura que representaba y actor, no un rostro bello, por eso mismo compró su contrato con Warner, se alejó de los estudios, y decidió interpretar y escoger sus papeles, como los grandes actores, aquellos que mejoraban con el paso de los años, ante todo independientes. Era un fenómeno en todos los campos, creó unas salsas de barbacoa que se hicieron tan famosas que fundó la empresa Newman’s Own, cuyos beneficios, y los tenía, los dedicaba a la filantropía. Hasta era un gran piloto de carreras, con escudería propia y todo.

El color permitió descubrir la belleza que ya se le intuía en blanco y negro, y sus perennes ojos azules. Sin embargo el buscó el camino contrario. Los textos de Tennessee Williams le dieron fama hasta que en su vida se cruzó el personaje de Eddie Felson, y Robert Rossen, a quien tuvo que convencer para el papel, El gordo de Minnesota, y ‘El buscavidas’ (The Hustler). Y dejó al mundo con la boca abierta, porque en blanco y negro no podía engatusar con su belleza, no hacía de guapo, aunque no tenía que esforzarse para serlo, porque entre sus manos sabía que manejaba un personaje deslumbrante.

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