
Poco después de que se estrenase, con muchísimo éxito, la adaptación de la novela más vendida de Dan Brown, ‘El código da Vinci’, se conoció la noticia de que, cómo no, existiría una “precuela” sobre el libro ‘Ángeles y demonios’. Esta vez, Langdon se las tendrá que ver con los Illuminati. Si todo esto ya son malas noticias, la parte insultante llega cuando sabemos que la persona que perpetró la adaptación de ‘El código’ se va a llevar cuatro millones de dólares por hacer un trabajo, probablemente igual de malo y además que le llevará menos esfuerzo, pues las novelas son prácticamente idénticas. Es que resultaría ofensivo aunque hablásemos de buen cine, pues aquí en España, un guionista no llega a llevarse ni cuatro millones de las antiguas pesetas.
Pero dejemos las miserias nacionales aparte y centrémonos en el proyecto en cuestión. Akiva Goldsman, el no famoso de la foto, guionista de, ejem, ejem, ‘Batman y Robin’, se encargará de adaptar el libro que Dan Brown escribió antes de ‘El código da Vinci’, pero que no se estrenó aquí hasta que llegó el éxito de Robert Langdon y sus pesquisas. Para algunas personas que no habían leído este libro, la película no fue tan mala como esperaban. Pero si ya la obra literaria es bastante mediocre, lo que llevaron a la pantalla se podría calificar de basura sin demasiado problema. Aquello que podía ser un ejemplo para escuelas de cine de cómo no adaptar una novela le ha servido a este señor para firmar un jugoso trato por más dinero del que muchos veremos en toda nuestra vida. Los buenos trabajos siempre son recompensados.


Según el
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Ya ha empezado el Festival de Cine de Cannes. El día estaba dedicado hoy a ‘
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No, si ya es imposible estar al día con las noticias sobre la novela de Dan Brown y su adaptación cinematográfica. Habría que hacer un blog sólo para eso. Por ahorrar tiempo y espacio, juntaré dos noticias en una: por un lado, un juez, al que no se me ocurre otra cosa que llamarle que “friki”, escondió un código en la sentencia sobre plagio con la misma clave que la que se utiliza en el libro, los números de Fibonacci. Por otro lado, hay más
Tratar a la gente como si fueran imbéciles es algo que no debería permitirse, es algo que no debería tolerarse. Cuando un espectador ve una película no tiene porqué conocer ciertos detalles, ya tengan que ver con la base literaria de un film, o si los hechos son verídicos, o parcialmente basados en hechos reales, o si el director es gay, o un actor fue despedido a mitad del rodaje, o el compositor tardó medio día en componer una banda sonora, o lo que sea. Cada espectador tiene derecho a disfrutar de un film como le venga en gana, y juzgarlo desde la perspectiva que le venga en gana. Puede que haya gente que no sepa ver cine, no lo dudo, puede que haya espectadores a los que no deberían dejar entrar jamás en una sala de cine, me consta. Pero no me creo ni lo más mínimo que haya un sólo espectador que no sepa que lo que va a ver en una película siempre es pura ficción. Incluso cuando el film está basado o inspirado en hechos reales, todos somos conscientes de que el cine transforma esos hechos, y los adapta a su lenguaje, creando algo puramente ficticio, algo irreal.