
Creo que en el tiempo que llevo escribiendo en Blogdecine ha quedado claro que no soy una de esas personas (demasiadas) que desprecia el cine español y aprovecha cualquier ocasión para arremeter las películas que se hacen en nuestro país. Tampoco es que sea uno de esos pocos que se dedican a alabar todo lo que se haga en España y considere salvables películas bochornosas. Recuerdo que hace unos años era la sensación que me quedaba al leer a ciertos críticos nacionales, como pareciendo que quedaba mal criticar el cine español y nunca veía valoraciones por debajo de las tres estrellas aunque luego en la parte escrita nunca me quedase demasiado claro qué es lo que les había gustado. Estos dos tipos de acciones unidas a algunas decisiones absurdas que hay cada año en las nominaciones de los Goya y toda la polémica con el tema de las subvenciones hacen un flaco favor al cine español, pero lo cierto es que eso no tiene nada que ver en qué las películas sean buenas o malas.
No tengo ningún problema en confesar que Álex de la Iglesia es uno de mis directores nacionales favoritos, llegando a ser uno de los dos o tres predilectos si nos ceñimos al cine contemporáneo. ¿Quiere eso decir que todo lo que haga me parezca una genialidad? Ni mucho menos, ya que ‘Los crímenes de Oxford’ fue una decepción tremenda, y aparte. su película más conseguida (la injustamente menospreciada ‘Muertos de risa’) es estupenda, pero tampoco llega a ser una cinta realmente brillante. ¿A dónde voy con esto? Pues a que mañana se estrena ‘La chispa de la vida’, su primera película desde su muy comentada dimisión como presidente de la Academia de cine español, pero también la que más dudas me despertaba sobre su resultado final antes de verla de toda su carrera. Sin embargo, uno ha de enfrentarse a una película intentando ser lo más impacial posible y que ésta justifique por sí misma si merece la pena o no, así que adopté esa postura antes de entrar a verla.



