
Después de esa bella pero vacua tomadura de pelo llamada ‘El Bosque’ y su posterior ida de olla de nombre ‘La Joven del Agua’, tediosa como pocas, el cineasta de origen hindú M. Night Shyamalan tenía en ‘El Incidente’ una oportunidad de oro para conectar de nuevo con el público y ya de paso, con la crítica. El hecho de que esta película pudiera remontar su carrera se veía de soslayo en su estupendo trailer.
‘El Incidente’ comienza con una escena verdaderamente magistral, perfecta en cuanto a su tono sombrío, con tintes de terror puro y un suspense condicionado por la convencional banda sonora de James Newton Howard. Enseguida el espectador puede darse cuenta de lo que va a ver: un Shyamalan más libre que de costumbre, más rebosante aún del ego que impregna de pedantería sus películas. La propuesta desvela rápidamente la vuelta a las obsesiones temáticas que marcan su filmografía. El suspense efectista, el tratamiento del miedo, la paranoia social, la incertidumbre.


