
Dos nuevas producciones se asoman a la sección oficial y aportan ese lado exótico que en muchas ocasiones gusta tanto en un festival cinematográfico. Exótico no en cuanto a su definición de extravagante sino al de chocante y extraño. Porque son títulos que difícilmente encontraremos en salas de cine y sin embargo pueblan a sus anchas un certamen, donde se supone que el arte está muy por encima de la industria y es su principal valor (y reivindicación).
Todo esto está muy bien. Pero encontrarse en la sección oficial un documental claramente grabado y concebido para su exhibición televisiva (y con suerte) y metido con calzador, es lo que se dice una decisión exótica por parte de la organización. Y más cuando existen secciones específicas donde tendría perfecta cabida y se comprendería mejor. Además, volvemos a toparnos con una de esas cintas que tanto gusta al jurado, una producción húngara que se aleja diametralmente del concepto de cine para las masas, para depararnos una película difícil y poco accesible. Pero esto es un festival y marca sus propias reglas.


