El incierto talento de Peter Jackson

Convertido en uno de los cineastas más famosos del mundo, gracias a su archipremiada, supertaquillera, vistosa adaptación de la literatura de Tolkien, parece que nadie puede discutirle nada a Peter Jackson, que es más que un director: es una estrella. Realizador extraño y desconcertante, que comenzó haciendo en un cine absolutamente underground (‘Bad Taste’, ‘Meet The Feebles’), pasó a un cine de autor descerebrado o barroco (‘Braindead’, ‘Criaturas celestiales’), hizo una parada por un cine comercial pero humilde (‘The Frighteners’) y se instaló en un cine de gran promoción y gran presupuesto (‘El señor de los anillos’, ‘King Kong’), para estrenar recientemente un melodrama que intenta aprender de todo lo experimentado hasta ahora (‘The Lovely Bones’).
Es decir, ha coqueteado en todos los géneros, soportes, técnicas, estilos. No importa, millones le siguen venerando. Pero hasta ahora, el aspecto que ofrece su filmografía es el del oportunismo, la impersonalidad, la ambición sin límites, la gamberrada lúdica (y muy meritoria, se echan en falta más así), la montaña rusa tecnológica, y una imagen de director megalómano e incoherente. Que nadie se lleve las manos a la cabeza con estas primeras líneas. Jackson es un formidable profesional del arte de hacer películas, y un director hábil y pertrechado con herramientas sólidas de cineasta, pero en modo alguno un grandísimo director. Un grandísimo hombre de negocios, eso sí lo es.







