'Exorcismo en Connecticut', arquetipos y tópicos

El título de ‘Exorcismo en Connecticut’ es un gravísimo error por parte de los distribuidores españoles. Dicho título nos evoca sin remedio a la famosa, y magnífica, película de William Friedkin, con la que la presente no tiene ni el más mínimo parecido —a no ser cierto misterioso personaje, y que en realidad también se aleja del mencionado film—, lo cual puede llevar al espectador a cierta confusión con el tipo de película que va a ver. Eso sí, ‘The Haunting in Connecticut’ —con lo fácil que hubiera sido dejar el título original—, no engaña a nadie en cuanto presenta sus cartas, pero al menos en esta ocasión no es una mala mano.
La ópera prima de Peter Cornwell está llena de arquetipos, clichés o tópicos si se desea ser un poco despectivo, algo que a estas alturas no debería coger por sorpresa a nadie. Todas las historias ya han sido contadas, lo único que importa ahora es la forma de contarlas. Como siempre la forma hace el fondo, y en ‘Exorcismo en Connecticut’, Cornwell ha sabido manejar esos tópicos, sirviéndolos con un mínimo de eficacia, nada destacable, pero suficiente para pasar un rato entretenido, algo dificilísimo en estos tiempos de consumo rápido.

Un detective privado de Los Ángeles es contratado por un poderoso hombre de negocios para que encuentre a su hijo, desaparecido en Hong Kong. Éste es el interesante punto de partida de
Aunque las noticias sobre esta película decían que la protagonizarían