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Especial James Cameron

'Avatar', los rasgos de una obra maestra

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“Nadie puede enseñarte a ver”

- Neytiri

Varias certezas surgen tras la impresión inmediata que deja el visionado de ‘Avatar’ en 3D. La primera de todas ellas es que James Cameron sigue siendo el que era, el que con seis largometrajes, ahora siete, es el más grande director de ficción científica de la Historia del Cine. La segunda es que el 3D, o por lo menos lo que este cineasta proclamaba como una revolución total, no es más que una campaña de marketing en favor de revitalizar un sector amenazado de muerte en lo comercial. Por suerte para Cameron, y por desgracia para los directores que ahora se suben a este absurdo y fútil carro sin más motivos que su incapacidad, él no necesita, aunque se haya valido de ello para sacar adelante su proyecto, del 3D para elevar la categoría estética de un legado artístico que ya es, a sus cincuenta y cinco años, imperecedero, y que se agranda aún más con esta grandiosa y poderosa aventura de ficción científica, que doce años después de ‘Titanic’, aquélla infravalorada y bellísima historia acerca de la dignidad humana, regresa ahora, precisamente, con una historia acerca de la incapacidad humana para comprender, ver y amar.

Siendo, como es, un estreno de envergadura global, una película de la que se ha hablado no ya desde hace meses, sino años, y siendo Cameron (el autoproclamado, en un momento de felicidad, Rey del Mundo) tan poco proclive a abandonar su forma de hacer las cosas, la posibilidad de que el colmillo afilado y a rebosar de veneno corrosivo de muchos espectadores, cinéfilos y analistas, se abalancen a por ella con saña (como de hecho está sucediendo) es altísima. Se habla en un importante medio nada menos que de involución artística, y en otros de que Cameron ha perdido completamente el norte. En realidad todo esto, el desacuerdo que está provocando, no hace sino confirmar, al menos para quien esto suscribe, que Cameron está de acuerdo consigo mismo, que va a lo suyo, y que la belleza de esta obra recién nacida no se va a empañar por más comentarios de incomprensión que se viertan sobre ella.

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James Cameron (X): Conclusión, hundimientos y avatares

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En el penúltimo capítulo de este estudio sobre James Cameron habíamos dejado constancia (en la medida en que se puede dentro de un post, sin aburrir al personal) de la coherencia y la entrega total de Cameron a sus personajes en ‘Titanic’. Con dos mitades bien diferenciadas, la segunda está dedicada casi enteramente a la tragedia del hundimiento, después de que en la primera se consolidara la relación de amor de Jack y Rose, y el enfrentamiento de esta a una vida que la reduce a menos que una persona. Y es que la lucha de Rose en esta película parece interminable. Por eso el largo y tortuoso hundimiento, además de encerrar una visión despiadada del mundo, es la parábola feminista más importante en una película vista en muchos años.

Al contrario de lo que muchos piensan, ‘Titanic’ no se convirtió en un fenónemo social sin precedentes por sus (mejorables) efectos visuales (que son magníficos en maquetas, pero irregulares por ejemplo en integración CGI), ni por la historia de amor protagonizada por un ídolo de quinceañeras. Si así fuera, películas de mucha menor valía arrasarían también en el mundo entero…y no lo hacen. El poderoso contagio emocional de ‘Titanic’, su escalofriante retrato de la mezquina condición humana, pero también de la dignidad y el coraje que nacen en momentos límite o en los instantes previos de la muerte, esas son, a mi parecer, las razones de la hipnosis que provoca esta película.

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James Cameron (IX): La tumba del mar

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Resulta muy difícil hablar o escribir sobre esta película. Y no precisamente porque se haya hablado en profundidad sobre ella, sin prejuicios; ni porque lo que se haya escrito le pueda hacer justicia. En realidad, es difícil porque al ser una de las películas más famosas de la historia del cine, es también una de las más odiadas, y una de las más incomprendidas. Esto resulta chocante, por cuanto cualquier persona en este planeta puede comprenderla, sin ni siquiera entender u oír los diálogos, y cualquier persona en el mundo puede sentirse identificado con esta tragedia (que para su director tiene aires bíblicos), y eso es mucho decir.

Después de la casi desconocida versión de 1943 dirigida por Klingler y Selpin, y de la muy famosa de Jean Negulesco de 1953, sin olvidar que Hitchcock estuvo a punto de dirigir su versión en los años 40, llegó la más ambiciosa producción sobre el evento. Unas quinientas personas reconstruyeron fielmente, en cien días la carcasa exterior del barco, en los estudios de la Fox de Rosarito en Baja California, México. Cameron estaba dispuesto a jugárselo todo con la que sería la película (la primera suya que no es Sci-Fi) más ambiciosa y sincera de su carrera. La más personal y arriesgada.

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James Cameron (VIII): Mentiras y vulgaridades

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A menudo, los grandes directores se permiten a sí mismos llevar a cabo bobadas por mero divertimento. Ahora bien, también es justo que si ellos se dedican a ganar grandes cantidades de dinero (como es el caso) y a pasárselo en grande, pero al mismo tiempo traicionan gran parte de su personalidad y de su coherencia artística, los seguidores de su obra deberíamos poner las cosas en su justo lugar: True Lies es, con mucho, la peor película de toda la carrera de James Cameron. Una nimiedad que, si bien no es totalmente nefasta, sí está presidida por una aplastante mediocridad, cuyas virtudes, que también las tiene, no logran hacer olvidar su conservadurismo, su carácter tendencioso y su humor sin gracia.

Remake de una película francesa de 1991, dirigida por Claude Zidi, titulada ‘La Totale!’, que muy poca gente ha visto y que resulta muy superior en todos sus aspectos a ésta. Vehículo de lucimiento para la estrella decadente que comenzaba a ser Arnold Schwarzenegger, quien encarna un héroe improbable sin el menor carisma ni fuerza dramática o cómica. Mixtura genérica que pretende ser un homenaje/sátira de Bond, pero que no convence en ninguno de los dos niveles, en un conjunto amorfo cuyo primer visionado entretiene sin problemas, pero al segundo o tercero comienza a revelar su torpeza.

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James Cameron (VII): Abismos impersonales

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Cuentan que ‘The Abyss’ es un ansiado proyecto de Cameron, que él gestó durante su adolescencia, y que una vez tuvo los medios y la libertad (propiciada la segunda por los abrumadores éxitos estéticos, y económicos, de sus dos primeras películas) no dudó en llevar a la pantalla hasta sus últimas consecuencias. Bastaría con ‘The Terminator’ y ‘Aliens’ para auparle hasta un lugar de honor dentro del género, uno de los más complejos de domeñar, de la sci-fi, pero este director tiene el defecto (o la virtud) de querer superarse aunque eso implique jugarse el todo por el todo. El resultado, que en ningún momento (salvo en ese final que analizaremos en su momento) resulta mediocre, no posee ni la personalidad, ni la concisión, ni la fuerza expresiva de sus dos primeras (y magistrales) películas.

Ahora bien, estamos hablando de un proyecto que, al menos en su concepción, en lo que significa de artefacto escenográfico y complejidad técnica, es absolutamente único. El mayor mérito de este ‘The Abyss’ radica en su carácter de aventura incomparable por el medio en que está realizada, y por las hazañas cinemáticas que incluye, más que por un conocimiento de las propias limitaciones, tanto de la historia como de la visión de la misma, o por un ensamblaje óptimo de todas las piezas. Un primer visionado, o incluso un segundo, de la película, entusiasma y puede llegar a maravillar. Pero sabiendo de lo que es capaz este hombre, tras varios visionados y casi veinte años después de su estreno, sus carencias y torpezas son mucho más evidentes.

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James Cameron (VI): La madre de todos los monstruos

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Aquí se ha venido a sufrir. Es la sensación que le asalta al espectador de ‘Aliens’ cuando, a los pocos minutos del comienzo, somos testigos de una terrible pesadilla (una de muchas, probablemente) que sufre la aguerrida Ripley, después del calvario que vivió a bordo de la Nostromo. Es tremendamente interesante que la primera secuencia en la que ella habla sea una pesadilla, aunque nosotros no lo sabemos hasta poco después. Nos traslada violentamente al momento más aterrador de la primera película, y nos pone a todos los pelos de punta. Mejor comienzo imposible. Cogiendo el toro por los cuernos, Cameron se propuso hacer mucho más que una secuela. Para él la única superviviente de la primera aventura merecía ser la razón de una secuela, y convertirse en un icono del género. Su éxito contra el alienígena fue mucho más que suerte.

Pero ahora que la teniente Ripley ha regresado a “casa”, no va a tener un recibimiento precisamente caluroso. Nadie cree su historia (lo cual es muy inteligente por parte de Cameron), y la compañía que la tenía bajo contrato prácticamente la somete a un consejo de guerra. Ella se muestra vigorosa, pero no tiene nada que hacer. La retiran su permiso de vuelo. Aún peor, ignoran sus advertencias de la criatura que conoció, y de los miles de huevos que esperan convertirse en eso. De hecho, una colonia de terraformadores (docenas de familias) se encuentra en ese planeta. Como a menudo dice Cameron, lo más importante es meter a tu personaje en el agujero más hondo imaginable, a ver cómo sale de ahí. Otorgando el protagonismo absoluto a Ripley (interpretada con grandísimo talento por Sigourney Weaver, que fue nominada al Oscar), Cameron construye su historia, una vez más, bajo el punto de vista de una mujer superlativa.

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James Cameron (V): El legado de Ridley Scott

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El británico Ridley Scott, nacido en South Shields hace casi 71 años, ha desarrollado a lo largo de tres décadas una carrera irritante por su conservadurismo, su impersonalidad y la certeza de que podría haber dado mucho más de sí. Porque es un hombre de gran talento, que cuando deja de creerse un genio llega a parecerlo. ‘Blade Runner’, junto con ‘Alien’ es la única película de ficción científica dirigida por él. Para muchos, son dos cumbres de la ficción científica y la prueba evidente de lo visionario que es su director.

En opinión de quien esto escribe lo único realmente imperecedero que ha llegado a filmar este cineasta es ‘Alien’, muy superior a todo lo demás que ha realizado, incluída ‘Blade Runner’, una película que se acaba enfangando en su trascendentalismo y que es muy inferior a la historia de siete camioneros espaciales que se topan en mitad de su viaje de vuelta con una criatura asombrosa, aterradora e invencible. Para los seguidores de este director, ‘Alien’, siendo una gran película, está un poquito por debajo de la película protagonizada por Harrison Ford. Pero mientras en ésta Scott logra algunos grandes momentos aislados, que comparten metraje con otros demasiado literarios, en ‘Alien’ nada sobra y nada falta, en un prodigio irrepetible.

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James Cameron (IV): El exterminador líquido

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Con la extrema originalidad, fuerza narrativa y riesgo de la primera película, pocos aceptan a ‘Terminator 2: The Judgment Day’ como la magistral secuela que es. Para quien esto firma, la cuarta realización de James Cameron es un ejemplo de lo que una secuela debería ofrecer: la ampliación de un universo, la concreción de unos caracteres, un salto mortal. Regresamos a la pesadilla siete años después, y las cualidades puramente cinemáticas, audiovisuales de la continuación resultan innegables, así como la arrolladora personalidad de un director en estado de gracia. Cine de autor de cien millones de dólares.

Habíamos abandonado a Sarah cuando la carretera por la que conducía se sumía bajo una tormenta siniestra. No sabíamos cuán siniestra iba a ser. Cameron se encarga de que la nueva aventura sea un viaje aún más intenso. Agotada gran parte de la capacidad de sorpresa, ‘nos queda’ una experiencia emocional basada en un sentido de la puesta en escena que totaliza las posibilidades del cine espectáculo y llega más allá: a la hipnosis fílmica. Tan sólo ‘The Dark Knight’ (Nolan, 2008) ha conseguido, en los últimos 17 años, repetir esa hipnosis. La del cine de gran presupuesto como experiencia absoluta, grandiosa, catártica.

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James Cameron (III): Huir o morir

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‘The Terminator’ comienza con el infierno sobre la Tierra (seguido por unos créditos inquietantes) y termina con una tormenta negra como boca de lobo, que crepita sobre unas montañas escarpadas. Entre una y otra imagen no hay apenas espacio para la retórica, el lucimiento o el descanso. Se trata de huir o morir, sin los discursos existencialistas que adornan a la sci-fi más conocida. Las razones de que esta historia sea una cumbre del cine norteamericano de las últimas décadas, que rejuvenece a cada año, las exploraremos en este texto. Ya hemos dado algunas claves del universo oscuro de los dos terminators. Hablemos ahora del primero de ellos.

Excepcional obra maestra, muy intrincada, pero resuelta con sencillez y claridad insuperables. James Cameron deslumbra al mundo con su verdadera primera película (después de lidiar con pirañas voladoras), que afortunadamente ya para muy pocos es sólo un divertimento frenético a mayor gloria de una incipiente estrella austríaca, aunque desde luego no goza de todo el prestigio que merece. Realizada con escaso dinero (6,4 millones de dólares, una producción muy modesta aún en aquellos tiempos), pocos sabían, aquel 26 de Octubre de 1984 en que se estrenó, que nacía una leyenda. Mil veces imitada, mil veces acusada de plagio, ahí quedó esta joya.

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James Cameron (II): Universo Terminator

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James Cameron, que durante su juventud había trabajado casi de cualquier cosa (camionero, bedel de un colegio), fue uno de esos afortunados de que en el mundo del cine haya existido un tipo como Roger Corman, descubridor e impulsor, mal que les pese por su método de trabajo, de alguno de los más interesantes creadores cinematográficos de hoy día, cuya carrera comenzó en los años 60-70. Pero antes de participar como director artístico, cámara, eléctrico o constructor de maquetas para Corman a finales e inicios de los años 80, pudo levantar un corto (codirigido, coescrito y coproducido por Randall Frakes) que anticipaba algo de las constantes y búsquedas del futuro.

‘Xenogénesis’, cuyo nombre alude a una descendencia extraña de los padres, es un cortometraje de casi doce minutos de duración que cuenta, se supone, las andanzas de Raj (interpretado por el que trabajaría con Cameron en la historia de ‘The Terminator’ y como coguionista en ‘Terminator 2’, William Wisher Jr.) y Laurie (Margaret Undiel), en su búsqueda de un lugar donde recomenzar el ciclo de la creación de la vida. Tras un prólogo en el que una voz en off, acompañado de unas bellas ilustraciones en la más vibrante tradición de los álbumes de Sci-Fi que tanto placer nos proporcionaron a sus seguidores, nos explica que él es un humano con parte de máquina y que ella es una mujer criada entre máquinas. Juntos exploran una nave abandonada, y provista de inteligencia artificial.

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