
Los primeros años 80 fueron especialmente difíciles para Sam Peckinpah. Su salud empezaba a deteriorarse peligrosamente, y el polémico director optó por llevar una vida más tranquila. Cinematográficamente se vio obligado a considerar proyectos a los que no encontraba ningún interés. Dirigir el cine que quería ya no era tan fácil, en realidad para él nunca lo había sido, pero en una época en la que la forma de hacer cine en Hollywood estaba cambiando, Peckinpah tuvo de repente la necesidad, indudablemente económica, de someterse a los estudios y demostrar a los productores que podía hacer perfectamente una película sin salirse de presupuesto y días de rodaje.
Esa película fue ‘Clave: Omega’ (‘The Osterman Weekend’, 1983), que sería la primera adaptación cinematográfica de una novela de Robert Ludlum, hoy de moda gracias a las películas de Jason Bourne. Una historia de espionaje que sería escrita para el cine por Alan Sharp, guionista de prestigio por trabajos como ‘La venganza de Ulzana’ (‘Ulzana´s Raid’, 1972, Robert Aldrich) o ‘La noche se mueve’ (‘Night Moves’, 1975, Arthur Penn), y que Peckinpah adaptaría a su propio universo cumpliendo profesionalmente con lo acordado con la productora. Sin embargo cuando el director presentó su montaje los productores le despidieron y remontaron el film con fines meramente comerciales.











