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Especial Sam Peckinpah

Sam Peckinpah: 'Clave: Omega'

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Los primeros años 80 fueron especialmente difíciles para Sam Peckinpah. Su salud empezaba a deteriorarse peligrosamente, y el polémico director optó por llevar una vida más tranquila. Cinematográficamente se vio obligado a considerar proyectos a los que no encontraba ningún interés. Dirigir el cine que quería ya no era tan fácil, en realidad para él nunca lo había sido, pero en una época en la que la forma de hacer cine en Hollywood estaba cambiando, Peckinpah tuvo de repente la necesidad, indudablemente económica, de someterse a los estudios y demostrar a los productores que podía hacer perfectamente una película sin salirse de presupuesto y días de rodaje.

Esa película fue ‘Clave: Omega’ (‘The Osterman Weekend’, 1983), que sería la primera adaptación cinematográfica de una novela de Robert Ludlum, hoy de moda gracias a las películas de Jason Bourne. Una historia de espionaje que sería escrita para el cine por Alan Sharp, guionista de prestigio por trabajos como ‘La venganza de Ulzana’ (‘Ulzana´s Raid’, 1972, Robert Aldrich) o ‘La noche se mueve’ (‘Night Moves’, 1975, Arthur Penn), y que Peckinpah adaptaría a su propio universo cumpliendo profesionalmente con lo acordado con la productora. Sin embargo cuando el director presentó su montaje los productores le despidieron y remontaron el film con fines meramente comerciales.

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Sam Peckinpah: 'Convoy'

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El pato de la fotografía es uno de los elementos característicos de ‘Convoy’ (id, 1978), utilizado años más tarde por ese tipo de apellido Tarantino en la penosa ‘Death Proof’ (id, 2007), película que en cierto modo recuerda al presente trabajo de un Peckinpah en horas bajas. Un homenaje de un cinéfilo compulsivo hacia uno de los grandes narradores del cine y curiosamente hacia una de sus películas menos ricas, debido al total desinterés en la postproducción por parte de un cineasta cansado ya de muchas cosas, considerablemente afectado por el alcohol y la cocaína, pero proclamando a los cuatro vientos su amor incondicional por el trabajo que mejor sabía hacer: dirigir películas. ‘Convoy’ es la demostración palpable de que el máximo responsable de una película es su director, el único que hará que una película sea buena o mala. Él y nadie más.

Con ‘La cruz de hierro’ (‘Cross of Iron, 1977) en fase de montaje, Peckinpah ya andaba buscando otro proyecto en el que meterse de lleno. Al director de ‘Grupo salvaje’ no le gustaba andar perdiendo el tiempo, y tal vez por su broncas con los productores en la larga fase del montaje de un film, prefería encontrar otra película con la que satisfacer su hambre de cine. Le hicieron llegar un guión de Bill L. Norton que se inspiró en una canción de Bill Fries, acreditado aquí como C.W. McCall, que se titula precisamente ‘Convoy’. Sí, Sam Peckinpah dirigiendo una película basada en una canción sobre camioneros. Delirante, ¿no?

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Sam Peckinpah: 'La cruz de hierro'

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La segunda mitad de la década de los 70 y parte de los 80, hasta su temprana muerte, fue la etapa de decadencia de Sam Peckinpah, tanto a nivel personal como artísticamente hablando. Tras el calamitoso rodaje de ‘Los aristócratas del crimen’ que fue un relativo éxito, Peckinpah tuvo muchas ofertas, entre ellas las de dirigir ‘King Kong’ y ‘Supermán’, películas que acabaron en manos de John Guillermin y Richard Donner, ya que el director de ‘Pat Garrett y Billy the Kid’ se decantó por ‘La cruz de hierro’, la adaptación de un novela, cuyo primer guión fue escrito por Julius J. Epstein, prestigioso escritor de films como ‘Casablanca’ (id, 1942, Michael Curtiz), ‘Yanqui Dandy’ (‘Yanquee Doodle Dandy, 1942, Michael Curtiz) o ‘Arsénico por compasión’ (‘Arsenic and Old Lace’, 1946, Frank Capra). Curiosamente el primer borrador de Epstein no convenció nada a Peckinpah.

Fue entonces cuando se precisó la ayuda del propio director acompañado de James Hamilton y Walter Kelley para reescribir el guión, el cual vino de perlas a Peckinpah para hablar sobre los horrores de la Segunda Guerra Mundial, y por ende de cualquier guerra. Resulta curioso que en esta historia no exista uno de los elementos característicos de su autor: la amistad traicionada. Peckinpah debió pensar que el tratamiento que iba a dar de la guerra ya era suficiente para sus personajes. Y es que no estamos ante un film bélico al uso. Sus aterradoras imágenes provocan el absoluto rechazo ante uno de los inventos más estúpidos del ser humano, y Peckinpah lo logra sin discursos ideológicos de ningún tipo.

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Sam Peckinpah: 'Los aristócratas del crimen'

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5 millones de dólares en manos de un puñado de descerebrados

Así es como Sam Peckinpah se refirió a los responsables de ‘Los aristócratas del crimen’ (‘The Killer Elite’, 1975) cuando James Caan, su protagonista, le preguntó qué le parecía lo que iban a filmar. la cifra mencionada era el presupuesto inicial del que disponía el famoso realizador que necesitaba urgentemente un éxito debido a los fracasos consecutivos de ‘Pat Garret y Billy the Kid’ (‘Pat Garret & Billy the Kid’, 1973) y ‘Quiero la cabeza de Alfredo García’ (‘Bring Me the Head of Alfredo Garcia’, 1974), curiosamente dos de sus mejores películas. En un principio tenía en manos un proyecto de acción que debía protagonizar Charles Bronson, un actor muy taquillero por aquellos años, pero el intérprete declaró que jamás trabajaría con un borracho debido a la adicción de Peckinpah al alcohol. De esta forma todos perdimos una oportunidad de ver a uno de los más famosos duros del cine a las órdenes de otro duro como Peckinpah. Lo mismo ocurrió con Clint Eastwood a quien el director llamó varias veces para dos de sus películas, pero no puedo ser por estar el actor involucrado en otros rodajes.

La United Artists, que en cinco años se iría a la quiebra gracias a una obra maestra de Michael Cimino, enseguida salió al paso ofreciéndole a Peckinpah ‘Los aristócratas del crimen’, un film lleno de escenas de acción que le podría venir muy bien al director para recuperar su prestigio al menos en taquilla. Con uno de los presupuestos más altos que manejó nunca el realizador, lo cierto es que esta película podría ser sin duda alguna la peor de toda su filmografía. Un extraño y torpe film que sufrió las consecuencias de un rodaje infernal y la desgana de un director que tenía que venderse para conseguir un éxito. El alcohol y la cocaína hicieron el resto.

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Sam Peckinpah: 'Quiero la cabeza de Alfredo García'

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Llegaron John Ford y Sam Peckinpah y nos enseñaron cosas sobre México que no conocíamos. Ford era mi maestro y mi compadre, Peckinpah es mi hijo, no, mi nieto

Son palabras de Emilio Fernández, actor fetiche de Sam Peckinpah y uno de los realizadores mexicanos más prestigiosos de la historia. Así se refería a dos de sus amigos más íntimos, colegas de profesión y tan distintos en sus maneras como alejados en el tiempo. Esa fue una de las frases de un brindis sentido hacia la figura del director de ‘El hombre que mató a Liberty Valance’ (‘Tha Man Who Shot Liberty Valance’, 1962) durante un descanso del rodaje de ‘Quiero la cabeza de Alfredo García’ (‘Bring Me the Head of Alfredo Garcia’, 1974) cuando recibieron la noticia de que John Ford había fallecido. Como anécdota de introducción en la película que hoy nos ocupa cabe decir que Peckinpah aún siendo un admirador de Ford declaró varias veces que sus últimas películas no le gustaban, y especialmente echaba pestes contra ‘Centauros del desierto’ (‘The Searchers’, 1956), film del que le encantaba el libro en el que se basaba. Él siempre fue más de ‘Pasión de los fuertes’ (‘My Darling Clementine’, 1946), algo con lo que no puedo estar más de acuerdo aún pareciéndome genial la cinta protagonizada por John Wayne.

Tras el estreno de ‘Pat Garret y Billy the Kid’ (id, 1973), cuyo rodaje fue un verdadero infierno, Peckinpah se puso rápidamente manos a la obra con su siguiente proyecto, una historia ideada por el propio director junto con Frank Kowalski, director de segunda unidad de ‘Junior Bonner’ (id, 1972) y supervisor de guiones. Finalmente fue Gordon T. Dawson quien ayudó al director a desarrollar dicha idea y convertirla en un guión cinematográfico, Dawson había sido guionista no acreditado en ‘La balada de Cable Hogue’ (‘The Ballad of Cable Hogue’, 1970), otro relato supremo sobre un perdedor.

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Sam Peckinpah: 'Pat Garrett y Billy the Kid'

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Llegamos al que para un servidor es el punto más alto en la filmografía de Sam Peckinpah. Cuando se trata de debatir cuál puede ser la mejor película de Peckinpah, y la cosa siempre está entre ‘Grupo salvaje’ (‘The Wild Bunch’, 1969) y ‘Pat Garrett y Billy the Kid’ (‘Pat Garrett & Billy The Kid’, 1973). El film protagonizado por William Holden es una cumbre del género western, de eso no hay duda, una película gracias a la cual el género se revalorizó y se abrió a nuevos caminos cuando éste ya parecía muerto. Una obra maestra cuya influencia en el cine posterior aún continúa dándose en la actualidad, pero la película que hoy nos ocupa es la representación máxima de todas las inquietudes de Peckinpah, yendo si cabe, un paso más allá.

Una obra de una melancolía casi asfixiante en la que no hay ni buenos ni malos, sólo el paso del tiempo haciendo mella sobre unos personajes que intentan adaptarse a los nuevos tiempos, aunque para ello tengan que traicionar a sus amigos de toda la vida. Peckinpah se permite además introducirse brevemente en la historia de los USA con la reconstrucción de un mito como Billy el Niño enfrentado por principios al poder establecido en una época en la que el viejo Oeste estaba muriendo.

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Sam Peckinpah: 'La huida'

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‘La huida’ (‘The Getaway’, 1972) fue un proyecto largamente acariciado por Sam Peckinpah al principio de su carrera pero no fue hasta después del fracaso de ‘Junior Bonner’ (id, 1972) cuando se puso manos a la obra, aunque no sin antes pasar alguna que otra dificultad como era costumbre en el trabajo de un director tan polémico a todos los niveles como Peckinpah. El realizador estaba preparando ‘El emperador del norte’ (‘Emperor of the North Pole’), film que al final acabó dirigiendo Robert Aldrich —no me quiero ni imaginar lo que Peckinpah hubiese sido capaz de hacer con ese material—, pero los productores le pidieron que antes se encargase de ‘La huida’. Al final no fue contratado para la película que protagonizó Ernest Borgnine y los productores no dieron el visto bueno a ‘La huida’.

Steve McQueen ya estaba metido en el proyecto y esa retirada de una gran major le tocó especialmente las narices por lo que se propuso financiarla a través de la First Artists, compañía formada por el propio actor, Paul Newman, Sidney Poitier, Barbra Streisand y otras personalidades del espectáculo, a imagen y semejanza de la United Artists años atrás aunque la trayectoria de la compañía fue bien distinta. De esta forma actor y director saldaron una pequeña deuda con el público, la de ver una película de Peckinpah con McQueen llena de acción y tiros. El resultado fue la película más taquillera de Peckinpah y a partir de la cual fue considerado un director rentable.

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Sam Peckinpah: 'Junior Bonner'

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Todavía haces tu trabajo en 8 segundos

En algunos de los libros dedicados a la figura de Sam Peckinpah, a excepción de la maravilla escrita por Garner Simmons —lectura que recomiendo a todo cinéfilo— se suele hablar poco de una película como ‘Junior Bonner’ (id, 1972) tal vez porque en su momento tuvo una pobre recepción crítica, y tampoco fue un éxito de taquilla. Con el paso del tiempo —esa cosa que dicen pone todo en su sitio aunque no siempre sea así— la película ha ido ganando en apreciación sobre todo por parte del sector crítico, pero aún así creo que no se le ha hecho la justicia que merece. Parece como si no se le perdonara a su autor el salirse de los límites de todo aquello a lo que nos tenía acostumbrados, pero lo cierto es que hay mucho de Peckinpah en una película en la que, por primera vez en su carrera, no incidía en la violencia, al menos en una violencia física visual.

Sam Peckinpah se encontraba en Inglaterra montando ‘Perros de paja’ (‘Straw Dogs, 1971) cuando recibió la oferta de dirigir ‘Junior Bonner’, basada en un guión de Jeb Rosebrook, y que según su productor, Joe Wizan, respondía exactamente a lo que tanto Peckinpah como Steve McQueen demandaban en ese momento de sus respectivas carreras. McQueen buscaba una película diferente y Peckinpah un film más tranquilo. ‘Junior Bonner’ es precisamente ambas cosas y también la película que algunos pensaban que Peckinpah no era capaz de hacer.

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Sam Peckinpah: 'Perros de paja'

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Los 70 fueron una década muy especial para Sam Peckinpah. Conocido el éxito gracias a ‘Grupo salvaje’ (‘The Wild Bunch’, 1969) al polémico director le empezaron a llover ofertas de todo tipo y antes de aceptar una película como ‘Perros de paja’ (‘Straw Dogs’, 1971) barajó otros posibles films, uno de ellos protagonizado por un viejo amigo, Robert Culp —recientemente fallecido— que no llegó a realizarse por uno de los típicos enfados del director. Así pues cayó en sus manos el tratamiento de una novela titulada ‘The Siege of Trencher’s Farm’ (‘El asedio a la granja Trencher’) de Gordon Williamson para retocarlo —como todo buen director debe hacer y que no se me malinterprete en esto, que ya veo los cuchillos— y convertirlo en película.

En el libro se narraba el ataque a una casa por parte de un grupo violento de personas que querían matar a todos sus inquilinos, un relato lleno de violencia que carecía de los elementos sexuales que introdujeron en el film y que precisamente hicieron que medio mundo recibiera ‘Perros de paja’ como una obra fascista casi pornográfica, nada más lejos de la realidad. Sí, estamos ante el film más violento de su director y la carga sexual intrínseca del relato es muy alta, pero nada en el film es gratuito, forzado o efectista. Al igual que en la recién comentada ‘Senderos de gloria’, la película remueve conciencias adentrándose en el ser humano y sus más bajos instintos.

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Sam Peckinpah: 'La balada de Cable Hogue'

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Sam Peckinpah estaba montando ‘Grupo salvaje’ (‘The Wild Bunch’, 1969) y ya se encontraba rodando su siguiente película, ‘La balada de Cable Hogue’ (‘The Ballad of Cable Hogue’, 1970), cuyo guión fue ofrecido a L.Q. Jones —uno de los actores fetiche del director— en una época en la que Peckinpah no tenía ni para comer. El exitazo del film protagonizado por William Holden cambiaría las cosas al menos en un sentido y es que desde entonces Peckipanh no tendría problemas para encontrar trabajo, algo que siempre le costó conseguir hasta el estreno del western que lo cambió todo. Sin embargo la excelente acogida crítica y de público —lo que hizo que el mismo estudio, la Warner, le financiase y distribuyese ‘La balada de Cable Hogue‘— fue un arma de doble filo, pues todo el mundo esperaba otra orgía de violencia y acción en su siguiente trabajo.

Pero ‘La balada de Cable Hogue’ es una película muy distinta al anterior film de Peckinpah aún enmarcándose dentro del género del western, lo que hizo que muchos se despistasen esperando encontrar otra cosa. En realidad hablamos de la película más personal de su autor, aquella en la que puso más de sí mismo, y que paradójicamente fue un fracaso. El tiempo la ha puesto en su lugar, desvelándose como un film magistral no sólo dentro de la filmografía de Peckinpah, sino también dentro del western, que en aquellos años acentuaba su lado crepuscular, y dentro del nuevo cine que se inició en los 70, década en la que empezó a destacar una nueva ornada de directores, tales como Martin Scorsese, Francis Ford Coppola, George Lucas o Steven Spielberg entre otros, que enseguida marcaron la pauta a seguir en años futuros.

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