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Especial Terrence Malick

Terrence Malick: 'El nuevo mundo', conclusión

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“La primera vez que la vi la consideraban una mujer devastada. Rota, perdida.”

-John Rolfe

No deja de resultar sorprendente, aunque creo que ya he escrito esta afirmación con anterioridad, que tanta gente tache de ñoña, cursi o edulcorada esta película, cuando ahora que he terminado de verla una vez más (el enésimo visionado), la sensación de melancolía arrasadora que transmite, el profundo y descorazonador lirismo que la impregna, son difícilmente soportables. ‘El nuevo mundo’ es mucho más que una truncada historia de amor, aunque también. Pero para Terrence Malick, esa historia de amor es más continente que contenido, más parábola que representación.

Y la parábola viene a constituir un juicio moral en el que el ser humano, en su totalidad, y exceptuando a los jóvenes enamorados cuya buena voluntad termina provocando catástrofes, queda bastante malparado. No es, por tanto, un discurso idílico de la cultura indígena americana, ni una épica acerca de la voluntad exploradora del hombre blanco. Malick no condena a ambos grupos de manera total, pero no se priva de mostrar de manera directa las razones que condujeron a los indígenas a ser derrotados y masacrados, y a los blancos a perder, casi, toda humanidad.

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Terrence Malick: 'El nuevo mundo', la muerte del amor

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“Ese fuerte no es el mundo. El río lleva hasta allí. Y también llega más lejos. Más profundo en esta tierra salvaje.”

-John Smith

El regreso de John Smith al campamento de los suyos tiene serias y muy profundas resonancias. El contraste es brutal: de la exhuberancia y de la vitalidad del fuerte de los indígenas, Malick se preocupa mucho de demostrar hasta qué punto los blancos viven aislados de su entorno, en un ambiente violento, brutal y represivo. No es casualidad que sea un día gris. El jefe del campamento, en ausencia del capitán Newport, es Winfield (un buen David Thewlis) al que se le adivina la envidia que tiene de la fuerza y la nobleza de Smith. El montaje de la secuencia en que Winfield cae en desgracia y Smith asume el mando es extraño pero brillante: cortes como a machete, que dan la sensación de parpadeos involuntarios del espectador.

Secuencias de la audacia formal de esta son poco comunes en el cine norteamericano reciente. Crea la sensación de pérdida, de paranoia profunda, casi como una enfermedad que corrompe el corazón de los hombres blancos, y con Smith como el único que lo percibe desde fuera. Y ya en el puesto de jefe, lidia cada día con la predisposición de los hombres a la holgazanería, a los conflictos absurdos, a la mezquindad extrema. Y no es casualidad que veamos a estos hombres famélicos buscar oro absurdamente mientras se mueren de hombre, ante la mirada atónita de Smith, tal como un Thoreau (una figura icónica en el imaginario de Malick) condenaba en su trabajo, tan fundacional en la literatura americana, como esta película lo es en el cine americano.

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Terrence Malick: 'El nuevo mundo', el renacer de John Smith

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“Debemos empezar otra vez. Un nuevo comienzo. Aquí, las bendiciones de la tierra están al alcance de todos. Hay una buena tierra para todos sin un precio que no sea el propio esfuerzo”

- John Smith

Lo habíamos dejado en el mismo momento en el que John Smith, quizá motivado por la curiosidad por este nuevo mundo (uno de los varios nuevos mundos de este relato), acepta viajar río arriba para ejercer de emisario ante el rey de los nativos, que es como le llaman ellos. Desde que parte hacia allí, con un puñado de hombres y los prisioneros indígenas, se inicia su voz en off, una voz interior que casi siempre va a erigirse en reflexión atormentada de sus pulsiones internas e ideas más íntimas. Esta voz de Smith, que a la sazón es el único soldado profesional del grupo, le revela como un soñador, casi como un poeta que ansiara adaptarse a los dictados de su corazón. Smith, interpretado con poderosa convicción por ese fenomenal actor que siempre ha sido Colin Farrell, parece un hombre ensimismado, perdido en su laberinto interior, y las imágenes de la barcaza en la que viajan parecen expresiones abstractas de su estado de ánimo.

Parece como un sueño su viaje, y sus afirmaciones acerca de una nueva vida, muy distinta de la que conoce, parecen hallar respuesta en el campamento de los nativos. Para Malick, la América del siglo XVII era un paraíso de infinitas posibilidades, y en el tono elegíaco de la voz de Farrell se deduce también la ironía que supone en lo que se ha convertido ahora esa tierra. Pero lo que queda claro es que Smith es muy diferente a los hombres blancos que le rodean, tiene más nobleza que ellos, es más valiente y más hábil que ellos, y su mundo interior es mucho más rico. No puedo imaginar a un actor mejor que Farrell para dar vida a un personaje tan misterioso y fascinante como este. Por cierto que en la barcaza vemos a Ben Chaplin, que tuvo un papel importante en ‘La delgada línea roja’, y que aquí no goza de ni una sola línea de diálogo.

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Terrence Malick: 'El nuevo mundo', deconstruyendo el mito

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“Ven, Espíritu. Ayúdanos a cantar la historia de nuestra tierra”

- Pocahontas

Cuando se supo que Terrence Malick no iba a tardar veinte años más en llevar a cabo su siguiente realización, sino que a lo sumo le llevaría siete, y que el proyecto giraba en torno al mito fundacional estadounidense de Pocahontas y el soldado Smith, fueron no pocas las voces escépticas que se alzaron para proclamar su extrañeza y su poco interés por el filme que aún no se había estrenado, y que llegaría en 2005 a las pantallas de todo el mundo. La elección del excelente actor Colin Farrel (intérprete al que muchos no soportan o quieren ver caer, no entiendo por qué) como Smith, también fue censurada por unos cuantos. Pero Malick se rodeó, además, de un muy elaborado reparto de nativos, y de sus colaboradores habituales, con el diseñador Jack Fisk a la cabeza. Para las labores de iluminación, llamó a Emmanuel Lubezki, tal vez el operador más dotado de su generación.

Esta pieza sinfónica, lírica e hipnótica prosigue la escalada estética que su director lleva fraguando desde los años setenta, y que en su cuarto escalón vuelve a aunar los rasgos conquistados de la pieza precendete para llevarlos aún más allá. Regresan, por tanto, los coros de voces en off, regresa un reparto heterogéneo de relevos sucesivos, y regresa por supuesto el tono elegíaco que retrata la destrucción de un entorno físico y anímico irrecuperable. Esta es la película de la que muchos abominaban, abandonando la sala ante la exigencia de sus imágenes, y de la que otros, como Wim Wenders, decían cosas como: “es increíble lo que ha logrado Malick, en pocos años se hablará de la grandeza insuperable de esta obra de arte”.

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Terrence Malick: 'La delgada línea roja', el paraíso interior

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Con la despedida del capitán Staros, y su última voz en off, comienza el último bloque de la película, que representa, de forma deliberada, una oposición directa al primer bloque en el paraíso. Pero eso no significa que los trágicos acontecimientos de la isla de Guadalcanal hayan cambiado o hecho mejorar a los soldados, en el sentido de que hayan aprendido algo, al modo de los soldados de ‘Salvar al soldado Ryan’ (que se sacrifican por un bien común), sino que no hay absolutamente nada que sacar de positivo, salvo la certeza de que han fracasado como personas, y que la única alegría es seguir vivos. La imagen del pelotón borracho y desnudo introduciéndose en el mar entre gritos de júbilo se opone directamente a aquella imagen de serenidad con Witt flotando en solitario en aquellas aguas cristalinas.

El soldado Bell sigue recordando a su esposa, y se pregunta qué es el amor, y con sus palabras en off somos testigos del bombardeo al campamento japonés. No hay espectacularidad, sólo un contenido y desprejuiciado lirismo. El relato se ha agotado, ya apenas quedan fuerzas para el final. Varios soldados han apresado a un cocodrilo, lo han atado, y lo exhiben como un trofeo viviente. La oposición respecto al primer plano de la película es obvia. Que cada cual reflexione sobre lo que representa para él esa imagen. Lo bueno de Malick, como ya he dicho alguna vez, es que él no te impone lo que has de sentir, sino que tú eres co-creador de la imagen.

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Terrence Malick: 'La delgada línea roja', completamente perdidos

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“¿Has visto muchos cadáveres? Suficientes. No son diferentes de los perros muertos, una vez que te acostumbras. Son carne, chaval”

-Soldado Fife

El ataque final a la colina y la ofensiva contra el aeródromo japonés, configuran el colofón final a un lentísimo ascenso a los infiernos. Es notable que cuanto más suben, más se van despojando de su humanidad. De hecho, en la emboscada al risco desprotegido, hay un plano muy significativo, una mirada supuestamente subjetiva, del cielo, del que llueven bombas. No parece un cielo muy pacífico. Varios temas previos se repiten en este último parón, como las frases de Welsh a Witt de que un hombre no puede cambiar nada, o el rezo interior de Staros, o los preciados recuerdos del soldado Bell. Pero parecen ya sin fuerza, agotados, sin energía. El combate es feroz, repitiendo el virtuosismo técnico y la inspiración insuperable de la planificación de Malick. Agotado ya el relato bélico, comenzamos a indagar en nuevos territorios emocionales, y otros personajes toman el relevo a los iniciales.

Así, el capitán Gaff, una especie de protegido del despiadado coronel Tall, que toma la iniciativa para la emboscada, aprende muy pronto qué clase de persona es ese alto mando que dice sentir por él lo que por un hijo, cuando, repitiendo las palabras de Staros sobre la escasez de agua, Tall se niega a ello porque puede detener el avance. Acaba de recorrer el mismo viaje que el compasivo Staros. Ya hemos comentado lo que significa el agua en esta película, pero además, Tall cuenta, con indescriptible desprecio y ánimo miserable, que su hijo vende cebos para pescar. No se puede ser más explícito, que cada cual saque sus conclusiones.

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Terrence Malick: 'La delgada línea roja', la vida contra la muerte

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“A lo mejor han entrado en el…el Nirvana”

-Soldado Charlie Dale

Resulta muy interesante, para comprender el modo de trabajar de Malick, la entrevista que concedió para la televisión Nick Nolte antes de su estreno con el periodista Charlie Rose. En ella, entre risas, Nolte bromea sobre el estilo de trabajar de Malick, y aunque bromea está claro que lo respeta mucho. Según él, mientras realizan la escena, se fija en algo, un detalle le llama la atención. Y una vez terminados los planos necesarios, se dispone a filmar eso. Puede ser un reflejo en el río, o un pájaro recién nacido, da lo mismo. Todo eso que él filma, y que puede parecer tan arbitrario, él va a incluirlo, aquí y allá (entre miles de metros que se pueden filmar de este modo), para darle un sentido ulterior a todo lo que rodea ese inserto. Además, Nolte explica que muchas escenas las dejaba sin terminar, porque además se le acaba la hora mágica (ciertas horas de luz del sol), y al día siguiente, o a la semana siguiente la terminaban con nuevas ideas que la enriquecían.

Si uno tiene también acceso, como lo tengo yo, al guión original de la película, escrito por Malick varios meses antes del rodaje, asombra lo diferente que es la película final a la que sugiere el guión. Hay que leérselo entero, y con ojo clínico el lector va detectando que las escenas están ahí, sólo que alteradas, cortadas o modificadas. Sólo se puede inferir, de ambas cosas, que Malick es un artista que nunca da por bueno lo que escribe o imagina en su mente, ni siquiera al verlo fijado en la imagen, sino que permite, literalmente, que la imagen evolucione, o viva, o que le sugiera cómo seguir. Otros artistas, como David Lynch, o Wong Kar Wai, trabajan de esta manera en alguna ocasiones. Malick rueda muchos metros de película: partiendo de una idea-núcleo, permite que el motivo fundamental de esa idea se muestre por sí mismo, y luego tiene el coraje de seguir ese camino de manera instintiva.

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Terrence Malick: 'La delgada línea roja', viaje hacia la línea

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“¿Quién eres tú, que existes bajo tantas formas diferentes?”

-Soldado Train

A modo de apunte me parece interesante constatar que en la ultrafamosa, y ultravisitada, web imdb.com, existe un error clamoroso en cuanto a las citas o frases que incluyen de esta película, ya que algunas de ellas no son del soldado Witt (Jim Caviezel, el alma de la película), como aseguran allí, sino del soldado Train (John Dee Smith, que apenas sale en dos escenas, como mucho). Desde luego, es comprensible hasta cierto punto el error, sobre todo porque resulta tremendamente extraño que un figurante con frase luego tenga varias líneas cruciales de la voz en off, un voz en off que debería pertenecer al personaje más existencialista y místico de todos. Pero esto dice mucho del carácter de Malick, para el que no existen los protagonistas absolutos, y hasta un figurante con frase posee, en el momento adecuado, más protagonismo que la estrella con secuencias de lucimiento.

La decisión de un reparto coral responde, principalmente, al modo de mirar de Malick, a su elección moral. Para él todos sus personajes revisten la misma importancia, aunque, como es lógico, unos tienen más presencia que otros. Pero en realidad, nos asaltan dos sensaciones irreprimibles y que muy pocas veces, casi ninguna, han tenido lugar en una pantalla de cine: primero que hay personajes que aunque aparecen pocos minutos parece que tienen mucha más presencia en verdad (algo potenciado por la decisión de Malick de cambiar gran parte del montaje original, en el que muchos roles estaban mas desarrollados) y que no son meros apoyos a otros personajes, y segundo que en los breves momentos íntimos de alguno de ellos (por ejemplo el momento de la voz en off del soldado Doll, interpretado con gran intensidad por Dash Mihok) esos breves segundos él es el personaje más importante, el tema se cristaliza en él.

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Terrence Malick: 'La delgada línea roja' - En el barco

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“Ahí se equivoca, Top. Yo he visto otro mundo. A veces pienso…que fue sólo mi imaginación”

-Soldado Witt

Tras el primer capítulo de este análisis, en el que analizábamos el bellísimo prólogo de este relato, pasamos a un bloque muy distinto, que contará brevemente las consecuencias de la deserción de Witt y su anónimo compañero, y luego pasará a presentarnos al resto de los personajes importantes de un reparto coral que dibuja las jerarquías de la compañía C del ejército norteamericano, poco antes de desembarcar para la crucial batalla de la Guerra del Pacífico en Guadalcanal. Es este un bloque de gran complejidad y del que merece la pena destacar multitud de detalles de puesta en escena y estructura, pues en él Malick comienza a perfilar la profundidad trágica de su visión del hombre y del mundo.

De hecho, el plano con el que se abre, alargado y extraño, parece anunciar un nuevo capítulo temático, tras arrancar a Witt del Edén. Un barco de guerra negro como la noche, se recorta contra el cielo y el mar en un atardecer muy Malick (esa hora mágica de la que él está enamorado y que muy pocos saben usar así). Witt está arrestado por ausentarse sin permiso y su sargento, Walsh (Sean Penn), intenta comprender el por qué de su actitud en un diálogo al mismo tiempo tenso y cómplice. Esta es la relación, entre las varias que hay, más importante y compleja de la película. Walsh es el reflejo de Witt, todo lo que en este es misticismo e iluminación, en aquél es cinismo y amargura.

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Terrence Malick: 'La delgada línea roja' - Paraíso

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“Recuerdo a mi madre cuando se estaba muriendo. Se veía encogida y gris. Le pregunté si tenía miedo. Ella sacudió la cabeza. Yo tenía miedo de tocar la muerte que veía en ella. No veía nada hermoso ni noble en su regreso a Dios. He oído hablar de la inmortalidad, pero aún no la he visto.”

-Soldado Witt

Del negro de la pantalla funde a la hipnótica y poderosa imagen de un cocodrilo que, lentamente, se introduce en la marisma, hasta que todo su cuerpo se sumerge en el agua. La música de Zimmer suena como en un templo, y se apaga al sumergirse la bestia. No hay cortes. Encadenado a la jungla: bellísimas y sobrecogedoras imágenes de la naturaleza en estado salvaje. De fondo, las reflexiones filosóficas del soldado Train (John Dee Smith). Comienza la película.

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