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Especial Terrence Malick

Terrence Malick: la música de 'La delgada línea roja'

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Antes de comenzar con el análisis de la tercera película dirigida por Terrence Malick, creo que es conveniente hablar de su música, escrita y dirigida por Hans Zimmer, un compositor para música de cine de origen alemán que se ha ganado un lugar de prestigio dentro de la industria de Hollywood, por sus composiciones poderosas y a menudo inspiradas, pues ha sabido fusionar con acierto la música más de cine “espectáculo”, con creaciones muy elaboradas.

Después de ganar el Oscar con su trabajo para ‘El rey León’, Zimmer participó en una serie de proyectos muy comerciales y de nulo interés, a los que aportó su buen hacer, pero sin llegar a ofrecer nada especial, hasta que compone la que, sencillamente, es su mejor partitura hasta el día de hoy. Hagamos un repaso a sus cortes:

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Terrence Malick: Interludio

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Analizada la primera parte de la carrera de uno de los cineastas más importantes de la actualidad, conviene efectuar un paréntesis, pues pasar de ‘Días del cielo’ a ‘La delgada línea roja’ sin hacer una serie de recapitulaciones obligatorias, dejaría este ensayo bastante cojo. En realidad, se impone una reflexión tras las dos primeras películas del realizador y antes de comentar las dos siguientes.

Muchos consideran ‘Malas tierras’ como la película mejor acabada de su máximo responsable, mientras que otros hablan de ‘Días del cielo’ como la precoz confirmación de un estilo único y la cima de una personalidad artística que se silenciaría a sí misma durante dos décadas para convertirse en el director más enigmático del mundo. ¿Cuántos desaparecen sin dejar rastro, después de asombrar a medio mundo, y vuelven mucho tiempo después para asombrarle mucho más?

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Terrence Malick: 'Días del cielo', del cielo al infierno

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Nadie es perfecto. No hay gente por ahí perfecta. Todo el mundo tiene medio demonio y medio ángel dentro.

- Linda

Si algunos cinéfilos (y no pocos analistas) consideran ‘Días del cielo’ como una película preciosista, pero también sosa y pagada de sí misma, por la innegable belleza de sus prístinas imágenes, por el extraño tono que Malick imprime a su mirada, y por la insólita dirección de actores que despliega, quizá otros podríamos desarrollar la percepción de que esta historia de falsos hermanos amantes, que deciden sacrificar su amor para librarse de una terrible pobreza y desesperanza, es una evidente parábola sobre el cielo y el infierno, evidenciada en todos y cada uno de sus elementos.

De hecho, el cielo y el infierno se dan la mano en este relato, de manera eminentemente visual, y nunca moralizadora. Y en realidad, más que parábolas, sus imágenes nos advierten que el cielo y el infierno están aquí, en la Tierra. Y que tanto los demonios como los ángeles viven juntos. Podría decirse, quizá, que en esta película Dios (Sam Shepard) se enamora de un Ángel Caído (Brooke Adams), y que un hombre imperfecto le asesina por ello, echando a perder la posibilidad de vivir en el cielo.

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Terrence Malick: 'Días del cielo', el lirismo de los miserables

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Había gente sufriendo hambre y enfermedades. Algunos estaban con la lengua colgando fuera de su boca.

-Linda

Algunos años después de su debut, Terrence Malick emprendió la realización de su segunda película como director, de la que sería, también, el autor en solitario del guión. Este aspecto es bastante importante, y muy poca gente lo ha señalado, que sea siempre el autor en solitario de sus guiones. Y es importante porque su trabajo literario previo es, en sí mismo, susceptible de ser analizado estéticamente, al conformar un compendio de ideas, investigaciones históricas, estructuras filosóficas, inquietudes ecológica y espirituales.

Es decir, el guión es un primer nivel que, aunque este director a menudo “fusila” en el transcurso de sus rodajes, otorgándole nuevas formas y estructuras, se convierte en la base sobre la que se sustentan otros niveles. Parece que siempre debiera ser así, pero no hay tantos directores con este poderosísimo sentido visual que, además, tengan tan presente la palabra como imagen en sí misma. ‘Días del cielo’ no es un itinerario suicida como ‘Malas Tierras’, sino un relato lírico y aparentemente estático sobre las miserias de la pobreza.

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Terrence Malick: 'Malas Tierras', huyendo a ninguna parte

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Cuando el viento hacía susurrar las hojas… era como si los espíritus cuchichearan sobre sus problemas…

-Holly

Con la presentación de sus dos personajes protagonistas, Malick había trazado ya el camino hacia la huida en la que se acaba convirtiendo la película. Algunos podrían aducir que se trata de un relato lento o autocomplaciente, pero con este estilo Malick nos propone una nueva forma de mirar. ¿No estamos siguiendo a un par de parias sociales, cuyas mentes discurren por senderos muy diferentes a los de la mayoría de las personas? Malick nos obliga a mirar a través de sus ojos, a acostumbrarnos a su punto de vista, por muy marciano que resulte.

El director, de esta manera, se muestra como un hombre capaz de comprender a criaturas tan extrañas, entrañables y peligrosas como Kit y Holly, mientras comienza a adentrarse en las costumbres, los rasgos más primarios de la América Profunda. Poco a poco (no de forma aburrida, sino con paciencia) nos rodea de imágenes pretendidamente equívocas en su moralidad, y elegíacas en su inspiración. No hay lugar para el engaño o lo tendencioso. Kit acude a salvar a su novia de un padre terrible. Será el primer peldaño de una escalera a ninguna parte.

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Terrence Malick: 'Malas Tierras' y la inocencia asesina

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Enseguida te das cuenta de si un comentario en off engaña al espectador, cuando comunica informaciones que tienen que ser presentadas de otra forma. Pero, cuando el texto no tiene una relación directa con la acción, como es el caso de Malas Tierras, me parece que funciona mejor…

-Terrence Malick

Mientras otros directores, o aspirantes a directores, o directores sólo de nombre, buscan su estilo a lo largo de una carrera, o quizá a lo largo de sus primeras películas, Terrence Malick lo consiguió a la primera. Esa es una de las hazañas de ‘Malas Tierras’ (innecesaria traducción literal de ‘Badlands’, término con el que se nombra a grandes extensiones áridas, de terreno volcánico erosionado por los vientos), que apareció en la segunda mitad de 1973, previa presentación por aclamación en el Festival de Nueva York de ese año: la de establecer una personalidad.

He comenzado con una de las pocas citas que pueden extraerse de las escasas entrevistas que el director de esta cinta ha concedido a lo largo de los años, en la que comentaba sus ideas sobre la voz en off. Un recurso narrativo que es una de las constantes de su cine, y que empieza a emplear en esta extraña, hermosa, película, al igual que otros que iremos comentando a lo largo de este estudio. ‘Malas Tierras’ es muchas cosas, pero primeramente es una confesión de un par de chiquillos inocentes pero asesinos, o asesinos pero inocentes.

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Especial Terrence Malick en Blogdecine

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No me puedo imaginar a ningún artista cinematográfico a quien resulte más apasionante, y a la vez más complejo, dedicarle un análisis en Blogdecine, que el esquivo, huidizo y poco fructífero en títulos (no así en imágenes de gran altura estética), el norteamericano, de ascendencia parcialmente libanesa, Terrence Malick. Este director, guionista y productor, sólo ha filmado 4 largometrajes en 65 años de vida y 35 de carrera (la quinta, ‘The Tree of Life’, podría verse en 2010), y aún con tan exigua producción es, sin duda, uno de los más importantes cineastas vivos.

Por supuesto, y como debe ser, no carece de numerosos detractores que tachan su cine de pretencioso, vacío, preciosista y aburrido. Personalmente, creo que su cine sólo puede ser degustado como merece por los paladares más exigentes, pues Malick pertenece a esa raza de cineastas incapaz de pactar ninguna concesión al espectador, construyendo una obra alejada de los gustos de la mayoría con el formidable coraje de un artista coherente sólo consigo mismo y con sus necesidades creativas, delimitadas por unas reglas que le son propias y que no pueden ser compartidas por ningún otro cineasta, lo que le convierte en un autor inaccesible para muchos, pero irrepetible para algunos.

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