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'Arrietty y el mundo de los diminutos', un Ghibli menor

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Arrietty y el mundo de los diminutos

Parece más que obvio decir que la película ‘Arrietty y el mundo de los diminutos’ (‘Kari-gurashi no Arietti’, 2010) resulta menor con respecto a otras propuestas de la productora Ghibli, debido a que el genio Hayao Miyazaki no es autor al ciento por ciento de sus fotogramas. Se trata de algo que presupondrán muchas personas incluso antes de verla. Por lo tanto, no parece que se trate de un gran descubrimiento salir del cine con esa conclusión. El juego de palabras entre el tamaño de los protagonistas y de la categoría de la película aún lo hacen más fácil. No obstante, es lo que, en resumen puedo decir de la adaptación de la novela de Mary Norton ‘The Borrowers’ (“los que toman prestado”) y, más abajo, trataré de explicar las diferencias que encuentro.

Hiromasa Yonebayashi, quien lleva trabajando en la Ghibli como animador desde 1997, con ‘La princesa Mononoke’, da el salto a la dirección con esta película que nos habla de una familia de diminutos que habita en el sótano de una casa de campo en la que un niño enfermo acaba de llegar para pasar una temporada antes de ser operado del corazón. Los pequeños seres tienen muy claro que los humanos son peligrosos y, aunque necesitan penetrar en sus cocinas para “tomar prestados” alimentos y productos, basan su supervivencia en ocultarse de ellos. Sin embargo, Arrietty, de catorce años, es una niña intrépida que se dejará ver por un descuido, lo que desencadenará una serie de percances para ambas familias.

Miyazaki sr. firma el guion, junto con Keiko Niwa, y, desde su cargo de productor ejecutivo, supervisa la realización de la película, además de figurar como planificador de desarrollo.

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'El castillo ambulante', otra maravilla de Hayao Miyazaki.

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howls-moving-castle.jpg La última película de animación de Hayao Miyazaki que, a pesar de tratarse de dibujos animados, no es en absoluto una película para niños, llega a nuestro país con casi dos años de retraso. Aunque data de 2004, se estrenará aquí el 3 de marzo de 2006. También a los Oscar llega tarde, lo cual es una pena porque otro año la habría apoyado fervientemente, pero me cuesta elegir si compite contra ‘La novia cadáver’ y ‘Wallace y Gromit’.

El castillo ambulante de Howl’ (Hauru no ugoku shiro) sigue la línea de otras producciones del Estudio Ghibli, como ‘El viaje de Chihiro’ que le valió un Oscar al ilustrador, o ‘Laputa: El castillo en el cielo’. Con ésta última tiene muchos puntos en común, pues se trata de un castillo que, en lugar de volar, esta vez, camina.

Es una película llena de fantasía desbordante y de temas recurrentes en Miyazaki, como los fantasmas y los personajes que no se sabe si son buenos o malos. Hay momentos maravillosos, escenas increíbles, personajes muy entrañables, de entre los que el espantapájaros mudo (en la parte central del cartel) quizá sea el más simpático. La inocencia y capacidad de sentir sorpresa e ilusión de Sophie, la niña protagonista, su relación con los demás seres, como el demonio del fuego, la vieja bruja o el propio Howl (en la parte alta del cartel), un personaje lleno de matices, son otros de los logros del filme. Y… ¿qué decir de los dibujos? La estética es de cuento, fascinante, los colores son suaves y variados en la ciudad y el campo, y oscuros y tétricos en otras partes donde rugen las batallas y la devastación. Miyazaki es un indudable genio para crear ambientes y cualquiera que haya visto ya alguna de sus películas sabrá de lo que estoy hablando.

Lo más sensacional es un hallazgo de imaginación insuperable que consiste en que, según se gira una rueda de cuatro colores que hay en la puerta del castillo, al abrirla se encuentran en un lugar o en otro del mundo. ¿A quién no le gustaría hacer eso en su propia casa? La agilidad del castillo en sí, que es como un ser vivo más, las imágenes de semejante armatoste moviéndose por las montañas (en la parte baja del cartel), o su capacidad para transformarse por dentro y convertirse, en un momento concreto, en la casa donde vivía antes Sophie, son también conceptos geniales.

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