'Si la cosa funciona', Allen como pez en el agua

Ya decían mis compañeros Beatriz Maldivia y Juan Luis Caviaro en sus respectivas críticas sobre ‘Si la cosa funciona’, que todos los años es un verdadero placer asistir a la cita que nos propone desde hace mucho tiempo ese excelente director que es Woody Allen. Un ritual al que no puede faltar ningún cinéfilo, y que para muchos de nosotros se ha convertido en cita obligada. El director neoyorkino es como ese viejo amigo que regresa cada cierto tiempo para ponernos al día de todo, comprobando que a pesar del transcurso de los años, algunas cosas, las más importantes, siguen estando vigentes.
‘Si la cosa funciona’ —confusa traducción de ‘Whatever works‘— es la vuelta de nuestro querido Allen a territorios de sobra conocidos por los habituales de su cine, caminos ya recorridos por el cineasta en ocasiones anteriores, y no por ello menos geniales. Una gran sorpresa si tenemos en cuenta la enorme decepción sufrida con ese espanto titulado ‘Vicky Cristina Barcelona’, en la que Allen jugaba sin demasiado sentido a ser Eric Rhomer, mientras el sufrido espectador deseaba despertar de la pesadilla de ver como Allen era capaz de hacer no ya un film menor, sino uno deplorable.





