
“El teatro es mi mujer, y el cine mi amante”
El cine siempre será libertad, imaginación, verdad, belleza, inteligencia, elegancia, cultura. El verdadero cine, en mi opinión. Y por eso, para mí, Bergman siempre será el cine. El caótico (y también en muchos sentidos, estimulante cine actual) carece de verdaderos líderes, entendida la expresión como la que define a esos grandes maestros, grandes malditos, que nos dicen lo que no queremos oír, y por supuesto se convierten en adalides del odiado cine-arte, ese que mientras se encarga de narrar y profundizar y creer en la libertad del hombre, es despreciado por los que todo lo tergiversan y convierten al cine más importante, en un ejemplo de esnobismo, de simbolismo, de elitismo. Ya Bergman, en vida, incluso en la época de su mayor prestigio crítico, fue absurdamente tildado de religioso, de simbolista, de obsesivo con las mujeres, de artistizoide, alejado de la realidad del hombre, ensimismado, extraño. Sin embargo, la realidad es muy diferente: es uno de los pocos directores que habló del mundo y del hombre desde una concepción absolutamente personal, y por ello emocionante e imperecedera.
Leyendo la abundante bibliografía que se ha dedicado a reflexionar acerca de la obra del genio sueco, no puedo menos que lamentar que, cuando no se soslayan los aspectos más importantes de la trayectoria de este gran artista, un cierto complejo insta a los analistas a tomarle demasiado en serio, en el sentido más estricto de la expresión. Existe la neurosis, global, de considerar al cine y al estilo de este director algo terriblemente complejo, que quizás exigiera de sesudos y profundísimos, cuando no casi metafísicos análisis, para alcanzar algo de verdad acerca de los impulsos que la hicieron posible y de la personalidad (supuestamente rarísima) del propio Bergman. Sin embargo, cuando él mismo escribe sobre sus resortes creativos, lo titula ‘Imágenes’ (y se trata de un volumen que ningún Bergmaniano debería perderese, pese a lo intrincado de muchos pasajes), pues él sabe bien que su vida fue precisamente eso, la imagen, y que es absurdo tratar de comprenderle más allá de esas imágenes. Más aún cuando ellas hablan por sí solas, tanto de sí mismas, como de Bergman, y de nosotros espectadores.

Me ha pillado totalmente por sorpresa esta noticia, y supongo que el señor 