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Fantasmas de Marte

“Mirémoslo de esta manera. Quizá me acostaría contigo si fueras el último hombre sobre la faz de la Tierra. Pero no estamos en la Tierra.”

- Teniente Melanie Ballard

Esto del cine es un asunto mucho más complejo de controlar, cuando eres cineasta, de lo que muchos quieren (o pueden, a juzgar por algunos comentarios despectivos) ver. Pero una cosa es bien cierta: hacer una buena película es algo así como un milagro. Y esto aún en el caso de los más grandes. Fanatismos aparte (estoy seguro de que no adolezco de ninguno), dejando de lado la admiración o la veneración que cualquiera pueda sentir por un autor en particular, Carpenter se apagó demasiado pronto, justo cuando su cine tendría que haber dado sus mejores frutos. Por experiencia, por perro viejo. Las razones pueden ser muchas, y pueden dar lugar a interminables especulaciones. Desde que se rindió después de una carrera tan accidentada y tan injusta (tanto a un nivel comercial como crítico), hasta que simplemente se le esfumó el talento y la energía. Que cada cual elija lo que más le guste, pero de nada vale tapar el Sol con un dedo: ‘Fantasmas de Marte’ (‘Ghosts of Mars’, 2001) es una película indigna del director de joyas como ‘La cosa’ (‘The Thing’, 1982) o ‘Están vivos’ (‘They Live’, 1988).

Indigna porque, a pesar de su loable intento de servir como pieza que funcione a la manera de compendio de sus mejores registros, temas y hallazgos visuales, fracasa de manera casi total en todo ello, y porque su visionado causa algo que jamás creía yo que provocara un Carpenter (y que en sus películas menos logradas le diferenciaba de otros directores que lo provocaban más a menudo): aburrimiento. Pienso que solamente los más acérrimos, y por tanto (y lo digo con todo el respeto) los menos aptos para ver la realidad en este caso, son los únicos capaces de defender esta cinta con uñas y dientes. Y conozco algunos. Sin duda, como ejercicio de nostalgia por todo lo que nos ha legado Carpenter, podría valer, aunque sólo sea para lamentar la falta de ingenio narrativo mostrado con creces en otros títulos. Pero aparte de eso, poco más. Un pobre bagaje para un cineasta de raza, que tanto nos ha hecho disfrutar a los devoradores de gran cine de aventuras, fantasía y sci-fi.

Querer y no poder

El argumento de ‘Fantasmas de Marte’, para empezar, ya adolece de una carencia casi total de ingenio, por mucho que se nota que los guionistas Carpenter y Larry Sulkis intentan alcanzar algunos territorios del primero como cineasta. Nadie sabe por qué (bueno, sí, que se necesita una excusa para irnos todos a Marte) pero el caso es que en mitad del siglo XXII un grupo de policías viaja al Planeta Rojo a buscar, para su transporte, a un peligroso criminal, por nombre Desolación Williams. Pero la misión sale mal desde el principio, el criminal tiene sus propios planes, también truncados porque de las profundidades del planeta han surgido unos espíritus bastante hijoputas, que poseen a los mineros y, con su cuerpo, provocan una ola de destrucción. Más que el punto de partida, que no está mal, lo que verdaderamente desespera es la nula capacidad del dueto de guionistas primero, y de Carpenter en la puesta en escena, después, para desarrollar la historia con imágenes, cuidando los personajes, el ritmo y la tensión. Muchas buenas películas de Serie B empezaron con algo mucho menos potente todavía, y alcanzaron grandes cosas. Aquí, ni por asomo.

Tampoco se puede decir que contara con un mal reparto. La siempre guapa, pero algo gélida, Natasha Henstridge, encabeza el reparto con algo más de solidez de la que suele desplegar. A su lado, Jason Statham, que aún no era la estrella del cine de acción chusca que es hoy día, tampoco está nada mal. El trío de protagonistas lo completa un Ice Cube en su línea, es decir, completamente pasado de rosca, chulesco, y en su línea, porque aunque es un buen actor, muchas veces se pasa de divo. Otros, como Clea DuVall, Pam Grier, Joanna Cassidy (una de las replicantes en ‘Blade Runner’ (id, Ridley Scott, 1982) y una de las participantes de la sublime serie ‘A dos metros bajo tierra’ (‘Six Feet Under’, 2001-05) de Alan Ball), terminar por dar mucha consistencia al collage de rostros de la película, pero sus personajes son menos que nada, aire en manos de Carpenter que vuelve a contarnos otra historia de asedio, como en la inolvidable ‘Asalto en la comisaría del distrito 13’ (‘Assault on Precinct 13’, 1976), pero incapaz de convocar la tensión.

Y eso que el diseño de producción de William Elliot, con estupendos decorados de William Hiney, Mark W. Mansbridge y Ronald R. Reiss es realmente potente, y consigue capturar esa imaginería netamente de Serie B que al propio Carpenter, y a otros maestros de este tipo de cine, tan bien les ha venido. Ambientes claustrofóbicos, detalles escenográficos casi barrocos, que exigían una mejor construcción de la aventura, en lugar de esta casi parodia de acción en la que los diálogos y las situaciones intentan ser divertidos e irónicos sin conseguirlo en ningún momento, y en la que se busca desesperadamente un tono jocoso, a medio camino entre lo viril y lo lúdico, sin conseguirlo en ningún momento. Para terminar de rematarlo, las poquísimas secuencias de acción están resueltas con una escasez de gracia y de chispa preocupantes, y con una desgana técnica que termina por echar del visionado a los pocos que esperasen algo de intensidad. Para entendernos: su endeble armazón estructural no contiene nada dentro, ni narrativo ni formal.

Así las cosas, no deja uno de lamentarse durante el visionado de la película, y aún después, recordándola. La insulsa fotografía de Gary B. Kibbe no añade nada a la desidia de Carpenter a la hora de planificar, ordenar y montar sus secuencias. Se trata de la más impersonal de todas sus películas, de la que goza de un menor interés a todos los niveles. Se intuye de vez en cuando por dónde podría haber ido el mejor Carpenter, qué cosas podría haber logrado. Anda escondido en alguna parte, agazapado tras la secuencia. Pero nunca llega a rugir, a mostrarse tal cual es. Se queda en una caricatura de sí mismo. Una verdadera lástima. En otros fracasos que eran buenas películas, los espectadores o los especialistas no habían sabido apreciarle. En esta ocasión, sencillamente él no supo apreciar su propio talento.

Conclusión

Olvidable, paupérrima, aburrida película de Carpenter, que intentó una película de acción apasionante, y no le salió por ningún lado. Aplastante fracaso crítico y económico. Hoy día nadie se acuerda de ella, salvo los que hemos seguido su carrera. La mayoría, como yo, lamentándola, unos pocos, defendiéndola a sangre y fuego. Lo mejor es olvidarla y regresar a sus grandes triunfos narrativos.

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